Agua, pan y sal (2a y última parte)

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Cultura Angélica Vargas - Zoo politicou

Pareciera, que a nivel internacional existe una tendencia para retratar la fiesta del Día de Muertos como una extensa burla a la dualidad vida muerte cuando es mucho más profundo que eso

Angélica Vargas

No existe una forma única de colocar una ofrenda como no existe una sola cultura en México, pese a los intentos de homologar las tradiciones estas vienen a ser tan variadas como regiones en nuestro país, lo mismo que las concepciones de la muerte e intenciones en la festividad.

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Pareciera, que a nivel internacional existe una tendencia para retratar la fiesta del Día de Muertos como una extensa burla a la dualidad vida muerte cuando es mucho más profundo que eso.

Poco a poco, la celebración parecería qué más un pretexto para la fiesta que un ritual solemne.

Las “nuevas” ofrendas lo demuestran porque incluyen elementos que hace veinte años no hubieran utilizado.

Así como hay elementos que unen a cada una de estas expresiones culturales, las hay también las que son consideradas como parte de lo que no debería llevar una ofrenda.

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El agua, el pan y la sal, las velas y las flores son esenciales para el montaje de cualquiera de las representaciones culturales de una ofrenda mexicana pero también la ausencia de otros elementos se convierte a la tradición en algo importante de abordar.

Pese a la investigación que el equipo de una casa productora de films para niños realizó para realizar una animación con el tema del Día de Muertos que argumenta que al “Mundo de los Vivos” solo pueden regresar aquellas personas que son recordadas, lo cierto es que uno de los principios del ritual de Día de Muertos es precisamente recordar a todos los difuntos y recordarnos que, nuestra alma es lo único que no tiene un fin (aunque lo digan también en la película).

La “asistencia” de las almas a su ofrenda no está basada en el recuerdo de la gente viva, existe el concepto de “El ánima sola” una persona a la que por circunstancias variadas no se le ofrece ningún tipo de alimento ni se le extiende una ofrenda en particular, puede ser porque toda la familia ha fallecido porque no hay entre los vivos quién haya tenido contacto directo cuando vivía.

A esta alma solitaria se le ofrece la misma comida que a los difuntos familiares pero presentada en una vajilla diferente y con una plegaria especial

¿Qué objetos y símbolos evitar en una ofrenda? Objetos a los que se les atribuye una carga simbólica, espejos, las armas, las sustancias ilegales, la tierra que no debe ser colocada ni siquiera cerca del altar, los elementos de trabajo ni objetos que recuerden a la profesión de las personas fallecidas, tampoco se incluyen fotografías de personas vivas en las que aparezcan con algún ser querido, dicho sea de paso y volviendo a la antes citada película infantil, si bien se consideran las fotografías como un elemento importante en la cinta, en realidad es que esto es más una adaptación de la creencia del siglo XIX que señalaba que las fotografías se quedaban con un poco del alma de las personas.

Al igual que las ofrendas, la festividad del Día de Muertos tampoco se realiza de forma única en nuestro país. Algunas regiones permiten el adorno de las tumbas, otras que se vaya a velar durante toda la noche del día primero de noviembre, en estas últimas se ha buscado por parte de turistas y entusiastas la muestra del Mexican curiosity qué tanto ha influido la cultura norteamericana en la idea de lo que es lo hispano.

La idea de que hay hasta una catrina aesthethic perpetuamente coronada entre rayos dorados y flores pertenece precisamente a la concepción gringa de lo que “debemos” ser y hacer los mexicanos.

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El Día de Muertos, hoy por hoy, se permea de tendencias extranjeras como el desfile hollywoodense herencia de James Bond y de la incorporación en la gastronomía de comida novedosa y atractiva en dos corrientes, por un lado, de sabores cremosos y en extremo dulces como el chocolate suizo, la crema pastelera y las avellanas en crema y por otro la intención de “recuperar” sabores originarios como el camote morado, el dulce de calabaza y la cenizas de totomoxtle, las nuevas generaciones, parece, ya no se conformarán con el pan de muerto tradicional.

En la apreciación de nuestra de nuestra ofrenda al Día de Muertos ¿Qué tanto influye en otras culturas y qué tan intacta se puede dejar nuestra tradición cuando algunos de sus objetos más importantes como el alfeñique han quedado un poco en rezago ante las nuevas costumbres y los nuevos gustos? 

Solo el tiempo lo dirá.

Mientras, recuerde lo esencial.

Agua, pan y sal.

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