Altamirano legó una de las más importantes narraciones del romanticismo mexicano: La Navidad en las montañas. Novela publicada en 1871, sus montañas pueden ser cualesquiera de los Estados de México o Guerrero. Se trata de un relato abundante y profuso en descripciones, con dramatismo e incluso cierto barroquismo, como corresponde a las novelas románticas de la época
Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce
El Estado de Guerrero cuenta con grandes raíces y tradiciones históricas y culturales. Hasta 1849, su territorio formó parte del Estado de México, el cual había sido creado 25 años antes, en 1824. No obstante, a pesar de la segregación territorial, los lazos entre ambas entidades han perdurado en el tiempo, sin distinción de fronteras, a través de la Tierra Caliente del sur mexiquense y del norte guerrerense.
Las playas de Acapulco, Ixtapa y Zihuatanejo; sitios como Taxco, Chilpancingo, Ciudad Altamirano, Arcelia, Iguala, entre muchos otros, prácticamente se han convertido en extensiones de tierra mexiquense. ¿Qué toluqueño no considera Acapulco como su segunda casa? ¿Quién no está enamorado de Taxco y sus calles? ¿Qué diferencias existen entre la calidad de los sombreros calentanos de Tlatlaya, último rincón del sur del Estado de México, y Tlapehuala, Guerrero? Los mexiquenses aún recordamos como muy cercanos a nosotros, acontecimientos como la instalación del Congreso de Anáhuac, el “Abrazo de Acatempan” y la promulgación del Plan de Iguala.
Durante la insurgencia, el cura Morelos incendió el territorio de la antigua intendencia de México, especialmente el que denominó Tecpan; luego vino el caudillo Vicente Guerrero a hacer de ese su terruño rebelde; después, con la instalación del primer Congreso el 2 de marzo de 1824, se creó el Estado de México sobre la base de la antigua intendencia; más adelante, el último insurgente legendario, don Juan Álvarez, reclamó para sí el territorio de Tecpan y en 1849 se separó Guerrero, nombrado así en honor del último defensor de aquella región; en 1855, el propio Juan Álvarez y otros encabezaron la Revolución de Ayutla que desplazó a Santa Anna del poder.
Durante el resto del siglo XIX, el Estado de Guerrero fue bastión de patriotas liberales, republicanos y antiimperialistas. En el siglo XX, la entidad fue cuna de guerrillas rurales como los “Cívicos” de Genaro Vázquez, el Partido de los Pobres de Lucio Cabañas y el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI). Aquí termino el brevísimo recuento histórico pero, en suma, vale decir que Guerrero siempre ha sido un pueblo de lucha, que ha resistido la opresión y que ha sido protagonista de grandes gestas.
Me interesa también resaltar el hecho de que esta entidad es una de aquellas que se formó a partir —o a costa— del territorio original del Estado de México y que recibió apellido de insurgente, junto a Morelos e Hidalgo, creados en 1869. Entonces, el Estado de México es también cuna del territorio de Guerrero.
Un hijo distinguido del estado de Guerrero es Ignacio Manuel Altamirano, indígena de cepa, mente decimonónica brillante, de los iniciadores de la cultura mexicana, creador de la república de las letras de su época. Al igual que Vicente Guerrero, nació en el pueblo de Tixtla en 1834, cuando éste aún pertenecía al Estado de México. Apoyado por Juan Álvarez, incluso vino a estudiar al Instituto Literario de Toluca allá por 1849, tiempo en que el antiguo territorio de Tecpan se estaba separando de nuestra entidad.
Altamirano legó una de las más importantes narraciones del romanticismo mexicano: La Navidad en las montañas. Novela publicada en 1871, sus montañas pueden ser cualesquiera de los Estados de México o Guerrero. Se trata de un relato abundante y profuso en descripciones, con dramatismo e incluso cierto barroquismo, como corresponde a las novelas románticas de la época. Por supuesto, refleja las tradiciones navideñas de la época, aunque en el contexto de una guerra: la de Reforma, una de los mayores enfrentamientos que han tenido los mexicanos a lo largo de la historia.
En suma, Navidad en las montañas narra el encuentro de dos personajes en apariencia opuestos: un militar perteneciente a las filas liberales —probablemente, alter ego de Altamirano— y un sacerdote español. A pesar de que el militar, liberal furibundo, llega al pueblo prejuiciado por encontrarse con un cura que, sólo por su condición eclesiástica y extranjera, necesariamente tiene que ser conservador, entre ambos se entabla un diálogo honesto y constructivo pues resulta ser cura progresista, no imbuido de ideas retardatarias como las que reflejaban muchos en la época; con grandes esfuerzos y mucho trabajo, el cura logró que la gente del pueblo prosperara y el militar, al ver lo logrado, se despoja de sus prejuicios, baja la guardia y alaba su labor.
Se trata de una verdadera metáfora de la solución de un conflicto en la época de la Reforma y de la posibilidad del entendimiento entre liberales y conservadores.
Prominente liberal de la Reforma juarista, militar republicano y gran escritor romántico del siglo XIX, Altamirano siempre tuvo una idea en mente: la reconciliación. El esfuerzo por reconciliar a México lo hizo desde las palabras escritas y habladas, por ejemplo, en las veladas literarias que organizaba o desde la revista Renacimiento que cambió la historia de la cultura mexicana. En ambas, siempre tuvo el tino de invitar a dialogar y a escribir a los enfrentados, por ese entonces: liberales y conservadores, republicanos y monarquistas; y en general, gente de todas las filiaciones políticas. Finalmente, para Altamirano el ideal de concordia era más fuerte que las desavenencias entre ellos.
De esta forma, Altamirano contribuyó a crear un ambiente más armónico y de concordia para que nuevamente floreciera la cultura. Además, consideró que el género de la novela tuvo una importante función social que se podía aprovechar para mejorar las condiciones de las masas y generar conciencia patriótica. Mediante la novela el autor también evidenció los males del país como el militarismo, la mala educación, las desigualdades y la inseguridad, causas directas de conflictos internos.
Por todo ello es que siempre es importante sugerir la lectura de Navidad en las montañas, libro por demás acorde con esta temporada. ¡Feliz Navidad!






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