Con el agua al cuello

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Carlos Mota - Removiendo Escombros

Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro fundador del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, conductor principal de diversos noticieros y programas informativos en el mismo. Conduce «Estrategia Pública» los martes a las 20:00 en Mexiquense Radio 1600 AM. Colabora en el canal de YouTube Trascendi Humanitas.

«Cuando el viento sopla airado, no hay paz en ningún lado»

Las medidas adoptadas por el equipo de asesores del gobierno de Sheinbaum para controlar los daños tras el “descubrimiento” del rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, han sido tan deficientes que, con cada intento de encubrimiento, solo logran hundirse más en el fango, al grado de que las repercusiones ya han trascendido nuestras fronteras.

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Intentar caminar en arenas movedizas es lo más parecido a lo que están haciendo. Mientras más recurren a los “genios” de la comunicación oficialista, como Jesús Ramírez Cuevas, Manuel Pedrero, Hans Salazar y César Huerta, más se empantanan. Los testimonios vertidos por estos personajes en “La Mañanera” dejan en claro que los llamados “medios alternativos” no son más que voceros oficiales que actúan por consigna.

De poco o nada sirve que la propia presidenta defienda su trabajo adulándolos y comparándolos con verdaderos referentes de la prensa nacional, a quienes cuestiona por su papel crítico. Mientras aplaude que estos “matraqueros” no hagan preguntas ni investiguen, sino que solo ratifiquen el discurso oficial, les garantiza los primeros lugares en la conferencia matutina para que monopolicen el micrófono.

Su intención es incidir en la opinión pública, aunque, en la práctica, solo logran reforzar la narrativa entre los adeptos de la 4T, quienes están dispuestos a creer cualquier versión oficialista. Para quien tiene un poco de criterio, resulta evidente su falta de veracidad.

El asunto es tan grave que, a pesar del hallazgo de un mega laboratorio clandestino en la sierra de Zacatecas —40 hectáreas dedicadas a la fabricación de drogas sintéticas, con suficiente material para producir 28 toneladas de metanfetaminas, equivalentes a 700 millones de dosis con un valor en las calles de Estados Unidos de hasta 1,800 millones de dólares—, el escándalo de Jalisco no perdió fuerza.

Ni siquiera una noticia de semejante magnitud, que podría haber sido un punto clave en las negociaciones arancelarias con Trump, logró desviar la atención del rancho Izaguirre.

Este decomiso, casi con seguridad detectado por los drones de vigilancia estadounidenses y ejecutado por la Marina —mientras autoridades estatales y federales aseguraban desconocer su existencia—, habría sido una inmejorable oportunidad para renovar las relaciones con la administración trumpista.

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Sin embargo, la revelación del New York Times sobre “el descubrimiento de hornos crematorios en un rancho mexicano” eclipsó cualquier otro tema en la agenda.

La rapidez con la que se limpió el terreno del rancho Izaguirre, la insistencia en presentarlo como un campo de adiestramiento y no de exterminio, y la aceptación oficial de que hubo torturas y ejecuciones de jóvenes reclutados —ya fuera porque “no daban el ancho” o porque se negaban a participar en actividades criminales—, solo incrementan las dudas sobre lo que realmente sucedió ahí.

Paradójicamente, la administración actual no tiene responsabilidad directa en esos hechos, pero su cerrazón y la negativa a esclarecer el caso solo refuerzan las especulaciones.

Por ahora, la sombra de otro Ayotzinapa se cierne sobre la Cuarta Transformación. Solo que, en este caso, se teme que no hayan sido solo 43 las víctimas.

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