Cuando la justicia es lenta, ¿cuánto dolor y desesperación necesita una sociedad para encontrar respuestas y verdad? ¿Hasta cuándo la injusticia persistirá?
Cuando se camina entre historias de dolor e injusticia, es imposible permanecer inamovible. Las dudas comienzan a saltar entre las lágrimas y la desesperación de las voces que se traducen en textos de esta escribidora. ¿Cuánto tiempo es suficiente? ¿A qué se refieren con justicia pronta y expedita? ¿Eso existe?
La semana pasada se cumplió un año de la tragedia que marcó a la Central de Abasto de Toluca, cuando sujetos llegaron a “La Isla” (un pequeño espacio de negocios que parecen que flotan en medio de locales) y asesinaron a sangre fría a nueve personas, tres de ellas eran menores. No solo les dispararon, les prendieron fuego, incluso una pequeña fue rescata con vida del lugar, aunque su frágil ser no soportó y falleció.
Un crimen tan atroz, uno que marcó un antes y un después en la segunda Central de Abasto más grande del país, y la justicia aún no llega.
¿Cuánto tiempo es suficiente para que haya sentencias? ¿Cuánto más deben soportar las familias que enterraron a los que tanto amaron, a los que defendían con sacrificio su espacio de trabajo? Porque el asesinato múltiple, según la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, fue por una disputa de espacio.
La Constitución marca que “Toda persona tiene derecho a que se le administre justicia por tribunales que estarán expeditos para impartirla en los plazos y términos que fijen las leyes, emitiendo sus resoluciones de manera pronta, completa e imparcial. Su servicio será gratuito, quedando, en consecuencia, prohibidas las costas judiciales”, pero ¿eso sucede en este país donde los plazos constitucionales se doblan y se concede una mejor protección a los derechos humanos de los victimarios que a las víctimas?
Y de nuevo, la dudas.
¿Cuánto es suficiente? ¿Cuánta desgracia necesitamos como sociedad para adormecernos en ríos de sangre que no paran de desbordarse? ¿Cuánto dolor es suficiente para que las víctimas o sus familiares tengan acceso a la verdad y a la justicia? ¿Por qué permanecemos tan ajenos a la desgracia ajena? ¿Tan indiferentes nos ha hecho la violencia diaria?
No encuentro una respuesta que no duela.





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