La cultura popular mexicana es tan diversa como un «taco de chile con todo». Desde la música de Caballo Dorado hasta las peleas de lucha libre
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
A pregunta expresa sobre la definición y algunos ejemplos de lo que conforma la cultura popular mexicana, no hubo una respuesta homogénea. No describo las complicaciones para encontrar la definición, pero sí muchos ejemplos que surgieron como borbotón de coladera en temporada de lluvia, sin distinción de etiquetas o formalismos académicos.
En la cotidianidad, en las manifestaciones, dinámicas y prácticas sociales no importa si esos ejemplos pertenecen a la cultura popular, a la cultura de masas, cultura de consumo o a la cultura mediática, según se entienda en las diferentes áreas del conocimiento como la antropología, la sociología, la psicología social o la comunicación, lo cierto es que muchos de los ejemplos son parte de nuestra identidad, referentes del colectivo que son utilizados indistintamente del concepto.
¿Hay algo más popular en México que los tacos y la virgen de Guadalupe? Ni idea. Habría que hacer una investigación formal más allá del pequeñísimo sondeo aleatorio y lanzado a boca jarro en medio de una plática totalmente ajena a este tema y sin la menor contemplación, como lo hizo el que escribe, tan solo por mera curiosidad.
Los ejemplos son variados, todo depende de la edad, el género, la perspectiva, plano, contexto, situación, ocupación, experiencia, lugar y un largo etcétera de variables. Pertenecen a la cultura popular porque existe una referencia, recuerdo vigente o son de uso común gracias a la comunicación oral, la educación formal y sobre todo, en los últimos 50 años, a los múltiples canales de comunicación.
En el plano de la tradición mexicana existen varios días en el calendario que son ampliamente reconocidos, tres botones: 1 de noviembre, 6 de enero y 12 de diciembre (para que mencionar el motivo si son tan populares que todos, en algún momento, hemos sido partícipes de estas fechas incluso, “sin querer queriendo”).
“Popular entre la tropa era Adelita…”, reza la vieja canción al son del mariachi. Pieza musical que solo es recordada en otra fecha patria, pero más recordado y socorrido, amén de los calendarios es justamente el mariachi que ha dado identidad a esta patria milenaria, pulquera, tequilera y recientemente, mezcalera. Con un dejo de tristeza, los productores musicales dicen que la cantera de intérpretes de la música vernácula va escaseando, curioso porque en cada borrachera no puede faltar la sufrida lírica de José Alfredo Jiménez que hace de cada beodo un potencial cantante.
Como el compositor guanajuatense, también son reconocidos personajes del cine nacional de antaño como Pedro Infante y su “Pepe el Toro”; Mario Moreno “Cantinflas”, oiga usted; Germán Valdés “Tin Tan”; “La Doña”, María Félix y hasta Javier López “Chabelo”. Pocos creadores que sean iconos populares como Frida Kahlo y Diego Rivera.
Punto y aparte es el circo, maroma y teatro de las peleas de lucha libre, por supuesto esto no existiría sin los enmascarados y encuerados luchadores. Quién no ha visto e identificado al Santo, Blue Demon o el Místico, a través de sus simbólicas máscaras. Personajes inventados, creados para hacer la fiesta del pancracio más interesante.
Regreso a la música, esa que se escucha y baila en los hoy llamados antros, antes discotecas o en toda fiesta que se precie de ser mexicana no puede faltar la cumbia de los famosísimos Ángeles Azules o la pop de los Timbiriche, pero la más popular es sin duda esa que al parecer ya es parte del folclor nacional: las piezas del grupo Caballo Dorado, díganme ¿cuáles son?
Como anécdota sobre esta última agrupación, hace algunos meses miraba en la página de una bloguera mexicana que reside en Japón, la presentación de bailables folclóricos mexicanos en el Festival de Camino a Latinoamérica, que se celebra cada año en Tokio. Ahí junto con el son jarocho, la polka y los emblemáticos Son de la negra o el Jarabe tapatío, las coreografías de Caballo Dorado formaron parte de esa colección de nuestros bailables folclóricos y, como toda expresión popular, no hay discusión.
En fin, así podríamos dar más y más elementos que conforman parte de nuestra iconografía de la cultura popular, pero este espacio no sería suficiente, y para no dejarlo en el tintero y concluir, ahí van otros elementos como las catrinas y calaveras, la piñata, el juego de lotería, el trompo y balero, el transporte colectivo, llámese metro, metrobús, autobuses, peseros, taxis, colectivos y por asociación, sus cantantes y vendedores o esa triste celebre frase: ”ya se la saben”.
Qué decir de la amplia, variada y deliciosa gastronomía como las democráticas tortas, amén de los polifacéticos tacos, el mole, los tamales, las enchiladas y los chilaquiles, entre muchos otros. Los topers, clínex, chicles, el Gansito y claro, el Boing, rojo ¿por qué no?
Agregue a la lista todo aquello que está a su alrededor y que es conocido por una muy buena cantidad de nacionales, un ejemplo más: los duros y directos albures y su doble sentido con los cuales seguramente a muchos agarran por sorpresa. ¿A poco no?





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