Del compositor, organista y catedrático Víctor Urbán

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

Hace años tuve la oportunidad de entrevistar al Maestro Víctor Urbán, su legado en la música sacra y su pasión por formar profesionales son un ejemplo. Descanse en paz

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

Hace muchos años, no recuerdo cuántos, tuve la primera oportunidad de varias, de entrevistar al Maestro compositor, organista y catedrático, Víctor Urbán (Tultepec, Edoméx. 10 de enero de 1934 – Mérida, Yucatán 18 de mayo de 2024), hablábamos entonces de otro ilustre y prolífico organista y compositor de música sacra y profana, el moreliano José Ignacio Miguel Julián Bernal Jiménez.

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En esos momentos se llevaba a cabo el Festival de Música de Morelia “Miguel Bernal Jiménez” y, a propósito, hablamos de la obra del michoacano, de su carrera profesional, pero sobre todo del enorme esfuerzo que realizó por difundir la música sacra, primero en su natal Michoacán y luego en el país.

La entrevista se tornó en una amena plática donde los temas sobre la música religiosa se desbordaron desde Las Pasiones (según San Juan y según San Mateo) de Johann Sebastian Bach hasta la música de “guitarritas” y “panderitos” que hoy en día se interpretan en las liturgias católicas en México.

Don Víctor, como respetuosamente le llamaba al Maestro, era un erudito y dueño de una envidiable memoria que emanaba sabiduría, una enorme humildad y mucha pasión, aún más cuando hablábamos de esa otra parte que era su ser: el órgano y sus polifonías y hasta el canto gregoriano.

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Pero no solo eso, también era platicador y elocuente, hombre que conocía de la historia de algunos de los grandes órganos existentes a lo largo de México, de la época de oro de la música barroca y de sus compositores e interpretes.

Recuerdo que platicamos sobre la música religiosa interpretada en el órgano que, en sus inicios, curiosamente había sido escrita por protestantes y que más tarde fue retomada por la grey católica para el desarrollo de las liturgias. En ese punto, el organista pugnaba porque se utilizara o se profesionalizara a las personas que cantan o interpretan la música en los templos católicos.

En este sentido, el Maestro Urbán, colocó su granito de arena para difundir y formar profesionales de la música académica cuando participó, hace más de 30 años, en la fundación de la Escuela Superior Diocesana de Música Sacra de Toluca, como maestro de la Cátedra de Órgano.

De igual forma, y mucho antes de eso, fue Director del Conservatorio Nacional de Música, institución de la cual egresó como organista concertista para después ser maestro y formar parte del sindicato de maestros del mismo Conservatorio. En su gestión como director logró que la institución fuera una escuela autónoma manejada por especialistas. Una de las grandes satisfacciones de su vida, me dijo entonces.

De su paso por el conservatorio también platicaba con mucho orgullo que entre sus maestros se encontraban los compositores, precursores de la música nacionalista, Blas Galindo y José Pablo Moncayo, además de los músicos e intelectuales Rodolfo Halffter y Juan D. Tercero. 

El que escribe, ignorante en ese momento de la vida profesional del Maestro Víctor Manuel Urbán Velasco, me regaló una “breve” ficha curricular de muchas hojas, entonces ya impresionante y que, de tanto, penosamente apenas esbocé en mi texto unas cuantas líneas. 

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El pasado sábado por la mañana, a través de las redes sociales de su hija, Carol Victoria Urbán, me enteré que el Maestro había fallecido en la ciudad de Mérida, lejos de su querido Estado de México, lugar que, a pesar de ser ciudadano del mundo, nunca quiso dejar.

Nos vimos muchas veces más, a veces con breves pláticas sobre sus andanzas por el país y el mundo, otras tantas solo nos saludamos, así, con pesar pero con mucha admiración despedimos al gran maestro Víctor Urbán, quien durante 23 años fue titular del Órgano Monumental del Auditorio Nacional, Ciudadano Emblemático y Patrimonio Cultural de Toluca y Presea Estado de México. 

Descanse en paz uno de los mejores organistas del mundo y el mejor de los últimos tiempos en México, ese que cada 21 de marzo, durante más de 20 años, nos deleitó en el Cosmovitral, invariablemente con la famosa Tocata y fuga de Bach y que ahora mientras escribo, escucho su interpretación a Mester de Juglares del propio Miguel Bernal Jiménez. Todo un himno.

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