Dedicada a la memoria de Raúl Martínez Olvera “Rulo”
José Antonio “H” Martínez / @Marginaldo_Mtz
Morir es un acto involuntario (no siempre) e inevitable pero no por ello deja de ser doloroso y difícilmente aceptado, de ahí que a lo largo de nuestra historia se han creado frases que nos recuerdan que nadie es inmortal y que hasta cierto punto pretenden confortarnos ante el hecho.
Ejemplo claro de ello es “Memento Mori”, que en sentido estricto significa “recuerda que vas a morir” y que servía para recordarnos la fragilidad de la existencia y por ello, había que aprovechar al máximo cada momento de nuestra existencia. Posteriormente, durante la época Victoriana, Memento Mori fue el nombre que se le dio a las fotografías que se hacían de los seres queridos, una vez que estos fenecían y es quizás este el concepto a partir del cual Depeche Mode nombró su más reciente material discográfico, que cabe mencionar, se gestó a inicios de la pandemia de Covid-19 y que estuvo en riesgo de no aparecer ante la muerte de Andrew Fletcher en mayo de 2022.
Sin embargo y a pesar del trágico acontecimiento, Dave Gahan y Martin Gore, decidieron no solo terminar la obra y lanzarla sino también producir una gira que, dicho sea de paso, ha sido de las más exitosas en la carrera del grupo inglés.
El tour llegó a nuestro país los pasados 21, 23 y 25 de septiembre con fechas abarrotadas y una buena cantidad de fanáticos que no lograron ver a la banda en la que quizá (meras especulaciones mías) pueda ser la gira de una despedida no anunciada o, por lo menos, con esa idea nos dejaron a algunos de los asistentes a los conciertos de Depeche Mode en tierras mexicanas.
He de decir que tuve la oportunidad de estar en dos de las tres presentaciones y los sentimientos que el setlist compuesto por My Cosmos Is Mine, Wagging Tongue, Walking In My Shoes, It’s No Good, Sister Of Night, In Your Room, Everything Counts, Precious, Favourite Stranger, Home, Strangelove, Ghosts Again, I Feel You, A Pain That I’M Used To, Wrong, Stripped, John The Revelator, Enjoy The Silence y que contó con un encore que incluyó cuatro de los más conocidos éxitos en la historia de Depeche: Condemnation, Just Can’t Get Enough, Never Let Me Down, y Personal Jesus con una versión que pareciera estar inspirada por Johnny Cash, despertaron en mí, fueron los mismos en ambos conciertos: euforia, nostalgia y cierta tristeza.

Me atrevería a decir que la parte más emotiva del show sucedió cuando sonaron las notas de World in My Eyes y apareció en las pantallas y en las manos de una buena cantidad de fans que sostuvieron en alto —los cerca de 6 minutos que duró la pieza musical— la fotografía en blanco y negro de Andy.
Fue también este momento en el que los recuerdos de lo vivido con un amigo entrañable y lo doloroso que resulta saber que no estará más aparecieron, y que la idea de que el disco y la gira de Depeche Mode pudieran ser la forma de “cerrar un cliclo” y superar una pérdida.
Así, algo que en principio parecía ser la gira más esperada de una de las bandas de synth pop más importantes de los últimos tiempos, acabó siendo un acto memorable y entrañable, una oda y homenaje a las ausencias presentes e insisto, (desde mi lectura) lo que probablemente sea una despedida no anunciada.




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