Por el Día Internacional del Libro, se celebraron eventos destacando la importancia de la lectura pero también se recuerda la vida y obra de Roberto Fernández Iglesias «El Gordo», un referente de la cultura toluqueña y la pasión por la lectura y la escritura
Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce
Por estos días se han realizado muchos eventos por el Día Internacional del Libro. Lo celebro.
Todas las escuelas en todos los niveles, las instituciones culturales y especialmente las editoriales públicas y privadas, han celebrado la efeméride presentando novedades, realizando conversatorios, conferencias y actividades lúdicas. El libro es el gran festejado. Lo que no queda tan claro es que, al mismo tiempo, también sea el gran leído, pero esa es otra historia. Lo cierto es que cada 23 de abril hablamos de libros y nos fotografiamos con un libro en la mano para subir la imagen a redes sociales.
Sabemos que en dicha celebración subyace una extraordinaria coincidencia: el aniversario del fallecimiento de tres grandes autores de la literatura universal: Miguel de Cervantes Saavedra, el manco que escribió el Quijote; William Shakespeare, el del teatro isabelino que escribió obras como Romeo y Julieta, Otelo, Macbeth y Hamlet; y el Inca Garcilaso de la Vega, el de la Historia General del Perú. Los tres fallecieron el 23 de abril de 1616 —tal vez alguno murió unas horas antes, el día 22, pero eso es peccata minuta— y por ello se eligió la fecha como día del libro.
En el Estado de México tenemos un referente que poco se toma en cuenta: el 23 de abril del año 2019 falleció Roberto Fernández Iglesias, el famoso “Gordo” Iglesias, por lo que este año 2024 estamos celebrando el quinto aniversario de su partida.

Conocí al Gordo cuando yo era niño, al iniciar los 80. Me parecía una inmensa mole que siempre caminaba y se contoneaba con algún libro, morral o periódico bajo el brazo, con su imagen y atuendo particular: gesto adusto, vozarrón, gorra de beisbolista, barba tupida y cana, amplio pantalón de mezclilla, playera sin cuello, tenis Converse. Luego me enteré que la gente le decía “Gordo” Iglesias y que se trataba de un escritor sobresaliente, aunque con un acento raro, como que no era de por estos lugares.
También conocí al Gordo por mi padre, el Profesor Mosquito. Aquel señor grandote fue fundador y líder de la tribu tunAstral, uno de los grupos culturales más importantes de Toluca, al que hacía mucho tiempo, cuando todos sus integrantes eran jóvenes, mi padre les había dado una conferencia: Uso y abuso del vocabulario prohibido (1967). Además, mi hermano Alfonso Sánchez Arteche era muy amigo de los tunastralopitecus y seguido se juntaba con ellos: Paco Paniagua, Carlos Olvera, etcétera.
tunAstral es aquél grupo que los lunes por la noche realizaba tertulias culturales en el restaurante Biarritz, ubicado en el portal de la calle 5 de febrero esquina con Nigromante. Por cierto, actualmente las tertulias se siguen realizando, aunque en otros sitios, y a decir de la nueva jefa de la tribu, Margarita Monroy, pronto alcanzarán las mil tertulias. Además, en mayo de este año, tunAstral cumple 60 años de existencia.
En los 90, siendo estudiante, me topaba con el Gordo Iglesias cuando él era profesor de la Facultad de Humanidades. Más adelante, al iniciar el siglo XXI, tuve oportunidad de conocer más de cerca el trabajo de la contraparte del Gordo: la ya mencionada Margarita Monroy, incansable promotora de la lectura. Cuando me desempeñé como director del Plantel Toluca Sur del Colegio de Bachilleres, en el año 2002, mis estudiantes pudieron escuchar de la propia Margarita su método de lectura.
Hablar de los libros del Gordo Iglesias llevaría mucho espacio, pero, para conocerlo en su propia voz, sugiero leer su “Autobiografía” publicada en Recits (GEM, Toluca, 1973); sus Canciones retorcidas (INCUDE, Panamá, 1973) —por la fotografía de la contraportada de este último supe que no siempre tuvo su gran barba—; y En tiempo de recuerdo (CONACULTA-FONCA, 2000, Toluca), excelente título para un poemario.
En los últimos años, cuando lo encontraba en las calles, en ferias del libro o en algún evento, casi siempre al lado de Margarita, me saludaba y me daba un ejemplar de Cambiavía. Tengo varios ejemplares de este suplemento cultural, así que no fueron pocas las veces que me lo topé. Por ese tiempo también coincidí con uno de sus hijos, el famoso Daniel Monroy, a quien afortunadamente sigo saludando de vez en cuando.
En sus últimos tiempos siempre saludé al Gordo sentado en su silla. La edad comenzó a hacer estragos en su salud, aunque no en su ánimo pues siempre mantuvo ese espíritu fuerte y combativo que lo hizo ser ave de tempestades. El título de uno de sus libros, Furiosa sustancia (GEM, Toluca, 2010), resume ese espíritu. La última vez que lo vi fue en el homenaje que le rindió la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM), en octubre de 2018, un homenaje muy emotivo con la presencia de muchos de sus amigos que tuvieron la fortuna de reconocer su trayectoria.
Días después de su fallecimiento se le rindió un homenaje post mortem en la Sala de Lectura de las viejas oficinas del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (CEAPE), ubicadas en las calles de Independencia y Josefa Ortiz. El homenaje fue encabezado, por supuesto, por Margarita. Tres años después, el 19 de abril de 2022, Vicente Quirarte impartió la conferencia “El libro y sus aliados”, en las nuevas oficinas del CEAPE, en la calle de Pedro Ascencio. Cuando comenté a Vicente que el Gordo cumpliría tres años de haber fallecido, el mero Día Internacional del Libro de ese año, Quirarte se consternó sobremanera, como quien cae en la cuenta de que ha perdido a un gran amigo escritor y lamenta enterarse en ese preciso momento.
Podías admirar al Gordo o no estar de acuerdo con sus opiniones, pero nunca te dejaba indiferente. Esto que digo es muy poco y existen voces más autorizadas para hablar sobre él. Aún le debemos al Gordo un estudio crítico de su obra y una buena biografía. Lo cierto es que el Gordo, uno de los más importantes escritores toluqueños (sé bien que nació en Panamá pero siempre vivió acá), hace mucho tiempo vino a convulsionar la anquilosada escena cultural de nuestra capital y ya nadie le puede regatear el ser uno de los más grandes personajes de la cultura que ha visto pasar Toluca.






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