Con boletas complicadas y participación de 13%, la elección judicial del Edomex muestra más desgaste institucional que fortalecimiento ciudadano, cuestionan observadores internacionales
Este lunes se vivió un momento histórico en el Estado de México, con la celebración de la Jornada Electoral Judicial Extraordinaria 2025, que permitió a la ciudadanía expresar su voz en la elección de cargos judiciales. Fue, en efecto, una apuesta audaz por profundizar la democracia y abrir un capítulo inédito en la construcción de un poder judicial más representativo.
Durante la Sesión Permanente de Seguimiento realizada por el Consejo General del IEEM, encabezada por la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y la consejera presidenta Amalia Pulido Gómez, se detalló que las autoridades electorales instalaron 9 mil 209 casillas en las 6 mil 830 secciones previstas, logrando un impresionante despliegue logístico. Pulido Gómez además anunció que se habían distribuido 150 toneladas de documentación electoral y que los materiales fueron optimizados al reducir las boletas a formato media carta, buscando mayor claridad.
Transparencia, paridad y vigilancia internacional
El proceso destacó por su esfuerzo en consolidar la paridad de género y fortalecer mecanismos de equidad. En las boletas se habilitó la opción de elegir entre mujeres y hombres, gracias a lineamientos aprobados por el IEEM. Además, para garantizar transparencia, el voto se desarrolló bajo escrutinio técnico con presencia de observadores nacionales e internacionales de 10 países, incluyendo Argentina, Bolivia, Brasil y más, cuyo acompañamiento, según Pulido Gómez, «refuerza la legitimidad democrática».
La consejera Flor Angeli Vieyra Vázquez puso énfasis en la inclusión de mujeres juezas y magistradas y agradeció la colaboración con la Asociación Mexicana de Consejeras Estatales Electorales (AMCEE). Reconoció que evaluar el impacto de la paridad será crucial rumbo a 2027. Por su parte, Sayonara Flores Palacios resaltó que, por primera vez, la elección de las personas juzgadoras fue a través de voto directo y secreto, lo que significa un avance en la participación ciudadana y en la construcción de un sistema judicial con respaldo popular .
Complejidad y retos técnicos
Pese al entusiasmo, el proceso no estuvo exento de críticas. La Misión de Observación de la OEA, en un informe presentado tras el ejercicio, señaló que la participación fue baja: solo 13 % del padrón electoral, uno de los niveles más bajos en la región. Además, identificó fallos en la difusión de la información, el uso de “acordeones” informativos en casillas, y una presencia activa del Ejecutivo en la selección de candidatos que habría afectado la independencia judicial. Analogó que la complejidad del proceso, comparada con un rompecabezas, pudo confundir a electores debido a múltiples boletas y formatos confusos.
Este contraste entre intención y realidad era uno de los desafíos mencionados por Karina Ivonne Vaquera Montoya, quien destacó el reto institucional y la necesidad de que la ciudadanía participe activamente . Aunque la logística funcionó, queda el reto de evitar que la complejidad se convierta en un freno ciudadano.
Enseñanzas para futuras elecciones
Este proceso representa un ejercicio pedagógico electoral, como lo describió July Erika Armenta Paulino, donde la ciudadanía, los actores políticos y las autoridades construyen juntos una nueva forma de ejercer la democracia. Es una experiencia que permite revisar y ajustar los mecanismos para 2027, cuando se prevé una jornada electoral aún más compleja, con cargos federales, estatales y locales.
Participación, información y legitimidad
El tema de la baja participación y la deficiente difusión informativa son placas tectónicas pendientes. Según la OEA, la ausencia de campañas, criterios claros para electores y un formato con varias boletas conjuntas “no permite conocer la dimensión del voto”. También se mencionó que los candidatos tenían apenas 60 días para campaña, con topes presupuestales restrictivos.
Aunque se reconocen avances en la paridad de género y la inclusión de medidas como “ocho de ocho” para excluir a candidatas con antecedentes de violencia, dichos mecanismos no compensan los vacíos en comunicación y participación.
Un paso firme, pero no el último
El Proceso Electoral Judicial Extraordinario 2025 en el Estado de México consolida el ejercicio fundacional de una jurisprudencia elegida. Pero no basta con instalar casillas y distribuir documentación. Para que este tipo de procesos sean verdaderamente democráticos, deben ir acompañados de:
- Mayor difusión ciudadana, que informe, eduque y motive al voto.
- Simplificación de formatos, facilitando la comprensión de boletas.
- Refuerzo de observación y vigilancia, para garantizar imparcialidad.
- Campañas inclusivas, que fortalezcan la legitimidad y la participación.
Este proceso ya no es un experimento: es un paso firme hacia un poder judicial con rostro ciudadano. No obstante, el gran desafío será ampliar la confianza pública para que en 2027 no solo estemos eligiendo por primera vez, sino que también lo hagamos con convicción, claridad y participación efectiva.
Al final, en palabras de Patricia Lozano Sanabria, el proceso se construye «colectivamente», y para que sea eficaz, perfecta o no, depende de que más ciudadanos decidan involucrarse y ejercer su derecho al voto






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