Una educación pauperizante será el resultado y la principal herencia del presidente Andrés Manuel López Obrador gracias a los muy lamentables libros de texto gratuitos que está presentando la SEP para su distribución y uso en las aulas de educación básica; de llegar a las manos infantiles, ese será el verdadero legado presidencial
Durante la última semana se recrudeció el debate por la mala calidad de los libros de texto que se entregarán en todas las escuelas de educación básica del país, a lo largo de este tiempo la revisión de los materiales (que se intentaron mantener escondidos lo más posible) ha dejado en evidencia la manipulación de la historia, el desprecio por las matemáticas, la ignorancia del español, el desdén por las ciencias naturales y el funcionamiento del universo y el descaro de quienes esperan obligar a todos los demás a ver el mundo torcido, como ellos.
Lo triste de la situación es que: pese a todas las denuncias, la evidencia, los hechos, las pruebas científicas y todos los reclamos de los padres de familia, especialistas, científicos e incluso docentes que anteponen el bienestar y el correcto aprendizaje de los menores por encima de los intereses políticos e ideológicos de sus jefes; los libros de texto se quedarán como están y nada se podrá hacer para evitarlo pese a todo el circo vespertino que se ha montado en Palacio Nacional.
La razón es muy sencilla: todos los maestros del país deberán utilizar por instrucción de la SEP los libros de texto mientras que los padres de familia apenas podrán quejarse sobre estos materiales y sus contenidos pero nada más. La Ley General de Educación no considera sanción alguna por una mala elaboración de los libros o por un intento de politizar, manipular o desvirtuar sus contenidos como están haciendo en este momento desde la Secretaría de Educación Pública por una misma razón: no se pensaba que nadie fuera tan vil y bajo como para querer adoctrinar a los niños mexicanos, como sí ocurre en Venezuela y Cuba.
Y es que hablando de Venezuela, no extraña que el director de Desarrollo e Innovación de Materiales Educativos de la SEP sea, como lo denunció Latinus desde enero de este año, el venezolano excolaborador de las dictaduras de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, Sady Arturo Loaiza Escalona, su especialidad en el gobierno sudamericano ha sido precisamente la ideologización chavista y la propaganda.
A través de su paso por el Ministerio del Poder Popular para las Comunas y los Movimientos Sociales como director de proyectos (involucrado en la formación y capacitación de movimientos sociales) y posteriormente como director de la Biblioteca Nacional de Venezuela, dependiente directamente del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, desde donde emanan las principales carteras de difusión de los ideales chavistas y de propaganda del gobierno de Nicolás Maduro, ha podido aprender y ejecutar estos esquemas de ideologización y manipulación.
El venezolano detrás de los aberrantes libros de texto no es un desconocido para el presidente Andrés Manuel López Obrador quien, cuando fue cuestionado por la participación de Sady Arturo Loaiza en este trabajo tan importante para la educación de los niños mexicanos, ironizó como acostumbra diciendo que “ya nos estamos venezolanizando” y, a toro pasado, quizás no era una ironía sino una advertencia de lo que se pretendía con estos materiales.
Porque dentro de todos los argumentos y excusas que ha dado el gobierno federal para justificar los errores, fallas y discursos ideologizantes y tergiversados de los libros de texto, el único al que no pueden recurrir es que se trató de un hecho involuntario, de situaciones que escaparon de su control o dominio.
Sus propias respuestas, las formas en que se hace una defensa tan vehemente y a ultranza por parte de personajes como el muy lamentable caso de Etienne Daniel Fass Alonso quien ha saltado la fama por asegurar que participó en la elaboración de estos libros al tiempo que demuestra un alto nivel de ignorancia, casi tan alto como la seguridad con la que afirma que hechos históricos falsos o imprecisos fueron reales, dejan ver que existe el trasfondo de la intención en estas acciones.
Lo más lamentable de toda esta situación es que, fiel a la costumbre presidencial y contrario al discurso de la 4T, los más afectados de la pésima calidad en la elaboración de los libros de texto son los más pobres del país, los que no tienen los recursos, ya no digamos para mandar a sus hijos a estudiar a Londres donde seguramente sí se les enseñarían los hechos reales de la historia, las ciencias naturales y las matemáticas, en donde sí se les brinda una “educación neoliberal” que hoy se les niega a los niños mexicanos; son quienes dependen única y exclusivamente de la escuela pública y sus libros de texto quienes serán los más perjudicados por las acciones de la actual administración.
Son los pobres quienes no tendrán para comprar otros libros que sí contengan la información real, que sí enseñen las matemáticas de Pitágoras, la física de Newton y la de Einstein, la historia sin sesgos políticos o ideológicos, o el español de Cervantes y más aún el de Paz, Rulfo y Sabines. Son ellos quienes estarán limitados a seguir siendo la carne de cañón de un partido al que solo le importa que la semilla de odio se plante temprano y se riegue con el tiempo para evitar que los futuros ciudadanos sean verdaderos librepensadores, porque no hay nada más temible para los regímenes y las dictaduras que el librepensamiento.
Si prospera, como parece que prosperará; si se distribuyen los libros de texto gratuitos, como parece que serán distribuidos; si se utilizan en las aulas sin que los docentes le expliquen a los menores que lo que tienen en sus manos es solo una visión sesgada del mundo, un instrumento de propaganda de un partido que ansía con todas sus ganas regresar a los tiempos de la “dictadura perfecta” bautizada por la ocurrencia del peruano Mario Vargas Llosa; si llegan a los niños, Andrés Manuel López Obrador habrá dejado su herencia más importante: la garantía de que los pobres seguirán siendo pobres y los ricos seguirán teniendo la ventaja educativa sobre ellos.
No será el Tren Maya ni la refinería de Dos Bocas ni el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles ni ninguna otra cosa lo que quede como legado de la administración lopezobradorista; será una educación pauperizante que garantiza la pobreza y sumisión de los más pobres entre los pobres para seguir teniéndolos esclavizados a las dádivas sociales disfrazadas de programas gubernamentales para ser moneda de cambio por más votos que los mantengan ahí, en el fondo de la lucha de clases.






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