Elección 2024: una vista al escenario antes de que comience la función

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J. Israel Martínez Macedo - Demonios en directo

La elección 2024 en el Estado de México se anticipa compleja para todos los partidos y actores algunos esperan fortalecerse aunque sea de manera temporal, otros aspiran a un ascenso mientras varios más ya mejor apuntan a un horizonte futuro

J. Israel Martínez Macedo / israelmartinez.com.mx

La elección 2024 del Estado de México comienza a tomar velocidad con el arranque de las elecciones locales para las 125 presidencias municipales y 45 diputaciones el próximo 26 de abril y aunque los registros de candidatos deberán hacerse entre el 10 y el 19 de este mismo mes, siguen los jaloneos entre los partidos para resolver cuáles serán sus cartas a presentar este 2 de junio.

La definición de candidatos se vuelve cada vez más importante para la definición del resultado o al menos así lo revelan las encuestas que señalan que alrededor de 60 por ciento del electorado definen su voto a partir de quién es la persona que aparece en la boleta, mientras que solo 10 por ciento lo hacen en función del partido y el 30 por ciento restante considera la combinación de estos factores al momento de tomar su decision.

Esto significa que en, muchos municipios y distritos locales, la victoria o derrota en la jornada electoral podría depender de quién es el representante que cada coalición o partido (según sea el caso) determine nombrar como su abanderado y sumado a que el tiempo para realizar campaña se reduce drásticamente y se limita, prácticamente, a solo un mes; el momento de la determinación resulta vital en muchos casos.

Existen algunos municipios en los que los propios partidos parecieran ya haber reconocido su derrota ante la presencia de un candidato mejor posicionado por parte de los otros contendientes y, aunque esta podría ser considerada una medida cuestionable, termina siendo estratégica para enfocar su atención, pero sobre todo sus recursos, a los municipios que estarán más reñidos.

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El problema que enfrentan algunos partidos políticos, y las coaliciones en las que participan, es que la toma de decisiones para las candidaturas no está siendo tomada exclusivamente en función de las posibilidades reales de los aspirantes a cada candidatura sino que se están viendo contaminadas por las peleas internas por el poder o al menos el control de los institutos políticos pensando en los escenarios más allá del día de la jornada electoral.

En Morena, por ejemplo, el grupo lopezobradorista trata de imponer sus candidatos a través de la centralización de las decisiones desde la dirigencia nacional, algo que no solo ha generado la molestia del Grupo Texcoco que encabeza el senador Higinio Martínez sino que acumula antipatías de otras agrupaciones que no están de acuerdo en que se pase por encima de los liderazgos locales para la imposición de las candidaturas.

Los morenistas locales amenazan con abandonar a su suerte a los candidatos que lleguen por imposición de la dirigencia nacional y enfocarse única y exclusivamente en apoyar a la candidata a la Presidencia de la República, Claudia Sheinbaum, si es que la molestia no es tan grande que se llegue a considerar simplemente no participar absolutamente en la jornada del 2 de junio y esperar a ver cómo se asienta la polvareda una vez que haya pasado la elección para tomar decisiones sobre el futuro.

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En algunos otros casos, los aspirantes a quienes se les habían prometido candidaturas y apoyo para los procesos federales de la entidad (senadurías y diputaciones) y a quienes no se les cumplió con ninguna de esas opciones, analizan la posibilidad de tomar candidaturas locales a modo de premio de consolación e, incluso, hay quienes consideran que el partido ha llegado muy rápido a su tope de rendimiento y estiman (quizás acertadamente) que un futuro naranja podría ser más prometedor en seis años.

Si se concreta la imposición de los lopezobradoristas para el proceso electoral local con candidatos nombrados desde la dirigencia nacional por encima de los liderazgos locales, podría presentarse un escenario muy complejo para Morena en la entidad no solo para la elección (aún existe la posibilidad de que la ciudadanía, menos politizada, no tenga distingos entre uno y otro grupo) sino que más adelante cuando llegue el momento de recambio de poderes y estructuras en la Presidencia.

Ya desde estas fechas, se vislumbra que los morenistas no conseguirán el objetivo de tener la mayoría calificada en las cámaras federales, lo cual significaría una verdadera derrota para este grupo dado que ese era el verdadero objetivo planteado para esta elección, más allá de si consiguen o no mantener en su poder la Presidencia de la República, el no contar con el control absoluto del Poder Legislativo representará para ellos un fracaso en toda la extensión de la palabra.

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Si a esta situación se le suma que en el recambio de poderes el grupo interno antagonista al que se le ha maltratado una tras otra, tras otra vez podría no solo fortalecerse sino ser uno de los principales protagonistas de la toma de decisiones los próximos seis años, la situación se observaría extremadamente complicada para ellos por mucho que pudieran tener mayor presencia en alcaldías y diputaciones locales, su fuerza sería efímera y seguramente no pasaría de tres años como máximo.

En el Partido Verde las cosas no pintan mejor; a pesar de que la dirigencia estatal continúa en su estrategia de sumar a quien se deje vestir de verde a sus filas, lo cierto es que será cuestión de tiempo para que el grupo de los eruvielistas asuma el control del instituto y, desde ahí, comiencen a construir una plataforma que les permita buscar otros horizontes políticos.

Lo reconozcan o no, en el Verde el pataleo interno está a todo lo que da y se ha llegado al punto en el que los propios dirigentes locales comienzan a ponerle el pie a sus aspirantes para desacreditarlos frente a los liderazgos de los partidos con los que van en alianza, principalmente con los morenistas que, todos sabemos, tienen el peso específico en cuanto a apoyos de las bases y estructuras en esa coalición.

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Los Verdes saben que tienen en la candidata presidencial una importante aliada para llevar a buen puerto sus propuestas ambientalistas y que, a cambio, pueden entregar votos que podrían ser definitivos en las legislaturas local y federales; es ahí donde la participación de la dirigencia estatal podría encontrar su punto de anclaje porque la propia Claudia Sheinbaum no ve con buenos ojos al exgobernador Eruviel Ávila (recordemos que el día que anunció su salida del PRI la exjefa de gobierno fue tajante al afirmar que n habría cabida para él en Morena) y eso podría ser un problema para que este asuma el control del partido.

Si a todo esto se le suma la posibilidad de que, conocida la cercanía que existe con el exgobernador ahora verde, el exalcalde de Toluca se sume a la filas de este partido una vez haya resuelto el tema del proceso penal en su contra; esto generaría un equilibrio de fuerzas de suma cero al interior del instituto político entre los eruvielistas y una posible unidad de los microgrupos que ha sumado Coutollenc, que los colocaría en una posición más inoperante que fortalecida, misma que deberían resolver en menos de tres años.

En el PT nada cambia, se mantienen en la misma dinámica de conformismo y sometimiento a los designios mesiánicos que provienen del morenismo presidencial; no hay interés por hacer que el partido en la entidad crezca o, si quiera, que sea visible; mientras siga siendo un negocio rentable para su actuales dueños a partir de mantener el registro y las prerrogativas, que pase lo que tenga que pasar. Es la cultura del minúsculo esfuerzo en su máxima expresión.

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Del otro lado los priístas siguen sin resolver su crisis interna. Los tricolores mexiquenses siguen sin aceptar ni reconocer el liderazgo de Alejandro «Alito» Moreno a quien cada vez más ven no solo como el responsable sino como el artífice de las derrotas tricolores a lo largo y ancho del país sin que el Estado de México haya podido ser la excepción.

Los priístas se enfrentan a su primera elección sin el respaldo de la gubernatura lo que, de inicio, ya significa contar con menor número de recursos para los procesos locales y les obligará a enfocar sus baterías solo en aquellos en los que se tengan posibilidades reales para ganar y, principalmente, en aquellos donde tengan amplias posibilidades de mantenerse en los gobiernos municipales por la vía de la reelección.

Esta elección representa una prueba de fuego para los priístas porque permitirá conocer su estatura política como partido sin el respaldo gubernamental; ante este panorama, es evidente que el tricolor perderá fuerza, la pregunta es ¿cuánta? Si logran mantener las dos terceras partes de la votación obtenida en 2023 ( o sea, alrededor de un millón de votos) podrán considerar que tuvieron un buen resultado pero si no, corren el riesgo de perder incluso la mitad del apoyo del año pasado (lo que representaría alcanzar alrededor de 700 a 800 mil votos en este año) y los pondría a tiro de piedra de los panistas e incluso del PVEM.

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Hablando de los panistas, los blanquizaules navegan tranquilamente las turbias aguas electorales; con una estructura mucho más trabajada y sólida que la que han tenido en años anteriores además de acuerdos concretos para todos los niveles de participación y el control de la coalición en conjunto con los priístas, tienen bien claros sus objetivos y cómo conseguirlos, incluso no tienen problema en aprovecharse de ello para reclamar más espacios a los partidos menores de la alianza.

Los panistas encontraron ya su «punto de equilibrio» y no ven en el panorama electoral la posibilidad de ver menguadas sus fuerzas, al contrario, con la suma de algunos expriístas, ya sea de manera abierta como fue el caso de Alejandro Fernández Campillo o de manera velada como ha ocurrido con algunos tricolores que se mantendrán en su partido pero apoyarán al blanquizaul, tienen cubierta su cuota y podrían superar sus números del año pasado y, aunque no es probable que lleguen al millón de votos que esperaban en 2023, sí es probable que se acerquen un poco más esa cifra.

En el perredismo mexiquense pareciera que el clima sigue y seguirá siendo muy nublado con posibilidades de lluvia, si bien es cierto que el acuerdo de coalición de este año les garantizará mantener el registro y alargar su agonía, lo cierto es que no tienen nada más con que presentarse a la pelea; están reducidos a un recuerdo de lo que alguna vez fue el partido y en sus filas no se mira un liderazgo que pueda hacerlos resurgir de sus cenizas, muy por el contrario, cada vez más parecieran resquebrajarse y reducirse.

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Para fortuna de los del sol azteca todavía queda más abajo Nueva Alianza, que pese a que han demostrado ánimo y ganas no tienen más que eso para aportarle a la campaña a grado tal que ni siquiera siglarán una sola de las posiciones de la coalición, su posibilidad de obtener una presidencia municipal o una diputación se restringe a poder ganar en aquellos sitios donde van por separado, algo que se antoja más imposible para un instituto sin estructuras. Sobrevivir, para ellos, es ya un triunfo en sí mismo.

Por último, pero no menos importante, está Movimiento Ciudadano, un partido del que se esperaba mucho en 2023 y que con su retiro de la elección dejó muchas caras largas y decepciones que se notan en los números de la gran mayoría de sus candidatos a posiciones federales y de sus ubicaciones de arranque como partido en prácticamente todos los municipios.

Los del movimiento naranja siguen dilapidando sus opciones, el que se autonombra partido de los jóvenes presentó una fórmula al Senado encabezada por uno de los más vetustos políticos de la entidad que, no obstante podría lograr colarse a un escaño en función de su posicipón en la lista de plurinominales, situación por la cual no hay necesidad de preocuparse por hacer una gran campaña, la experiencia de Fernando Alberto García Cuevas le permite tener presente aquella vieja máxima del priísmo sindicalista de que «el que se mueve no sale en la foto».

El anuncio de la mayoría de sus candidatos a presidencias municipales y diputaciones locales anticipan un papel de acompañamiento en gran cantidad del territorio estatal pero no por eso se les debe subestimar, bajo el cobijo de la figura de Luis Donaldo Colosio Riojas como su más visible presidenciable para 2030, es un partido con un futuro prometedor que, bien trabajado, podría dar varias sorpresas en la entidad quizás no desde esta elección pero sí con la mira puesta en 2027.

El que su dirigente estatal, Juan Zepeda, no forme parte de ninguna lista en este proceso electoral podría ser el anticipo de un trabajo serio enfocado en la consolidación del partido y centrado en la construcción de estructuras que le permitan hacer frente a dos escenarios muy probables: la necesidad de más y mejores cuadros para el siguiente proceso electoral local y la posibilidad de una posible oleada de transfugas de otros partidos que busquen aprovechar la ola naranja que se percibe a lo lejos pero acercándose.

A todo este conjunto de variables, hay que sumarle el desgaste de la ciudadanía respecto a los temas políticos, ya no se digan los electorales, que denotan un muy bajo interés en la participación producto de una constante y cada vez más creciente decepción de los gobiernos resultantes de estos procesos y que siguen sin resolver los problemas principales para los que fueron electos.

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Motivar a la participación ciudadana será el principal reto del INE y del IEEM que vieron afectados sus presupuestos para la realización de este proceso y que, de una manera u otra, podrán sacar adelante la jornada del 2 de junio próximo y, quizás, sin mayores contratiempos; aun así, encuentran dificultad en poder motivar a la gente a sumarse a la organización del proceso lo que deberá ser su principal objetivo de análisis y trabajo una vez pasada la elección.

Así las cosas, mientras algunos se preparan para enfrentamientos políticos épicos en el ámbito de lo local, otros ya bajan sus banderas de guerra y resguardan sus municiones para un mejor momento en lo que visualizan los escenarios futuros que les provean de mayores oportunidades de alcanzar sus objetivos ya que, a final de cuentas, tres años se pasan volando.

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