Periodista de oficio, pero sociólogo de formación profesional, su hermana Consuelo, lo recuerda como un niño peculiar porque desde pequeño su gusto se encaminó por los libros y la lectura
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
Ayer culminó la novena edición de la Feria Internacional del Libro del Estado de México (FILEM), se desarrollaron, como cada año, decenas de actividades, sobre todo las dedicadas a los libros con participaciones de grandes y reconocidos personajes relacionados en este menester.
Como siempre, se agradece este tipo de actividades que visibilizan el trabajo de escritores, editores, bibliotecarios, cuentacuentos y promotores de la lectura, entre muchos otros profesionales de la industria editorial que se dieron cita en el Centro de Convenciones Edoméx, de la capital mexiquense durante más de una semana.
En el cúmulo de actividades, la Universidad Autónoma del Estado de México rindió un sentido y merecido homenaje a José Luis Cardona Estrada, hombre dedicado a las letras en todos los sentidos, ingente universitario dedicado a la promoción y la difusión cultural, hasta el trabajo editorial y los estudios críticos.
Me refiero también al periodista, al comunicador, al crítico, al docente, al servidor público que conocí justo en mi incipiente vida profesional mientras que él ya estaba en las ligas mayores del servicio público después de haber pasado por varios cargos y varios años como periodista cultural.
Como muchas de mis coincidencias laborales, lo conocí en la Radio Mexiquense cuando yo era un imberbe continuista-operador, aprendiz de reportero cultural. Sin embargo, tuvimos un contacto más cercano durante las transmisiones nocturnas que entonces eran las más esperadas del día.
Fue con el programa «Nostalgia de lo vivido» -una producción que recorría los diversos géneros musicales, acompañado de poesía y textos literarios- que trabajamos juntos por primera ocasión al lado de la querida Virginia Aguirre Escamilla, dueña de una excepcional voz y capacidad histriónica. Ellos dos conducían el programa semanal y en el cual José Luis mostraba sus grandes dotes de “melómano profesional”.
Conozco al profesional de la comunicación, el que entiende los entretejes de la política, no solo desde la perspectiva local, sino nacional. Que conoce a los escritores, poetas, dramaturgos, artistas plásticos, corrientes y tendencias artísticas y buena parte, si no es que a la mayoría de los actores culturales de este valle Matlazinca y, todavía más, a los que han trazado parte de la vida cultural del país y a aquellos allende las fronteras de México.
Su maravillosa capacidad de retención le permite recordar los nombres, fechas y hechos para hacer un análisis de determinada situación ya sea política, cultural o de cualquier otro tema, situación que le he admirado desde siempre, porque resulta que el hombre tiene presente, también, aquellos días de exhausto trabajo y de dificultades laborales.
En cada plática, uno puede recorrer sinuosamente diversos temas, uno entretejido del otro, aglutinados, girando en torno a un tema central, y entonces imagino esas “clases”, reuniones entre los antiguos griegos donde el aprendizaje no era algo que se realizaba en un aula, sino en esas ágoras donde el más sabio era quien compartía el conocimiento y reflexionaban sobre ello.
Con el conocimiento, Cardona es un tipo desprendido, generoso porque como comentó su tocayo y amigo de varias décadas, José Luis Herrera, en el ámbito de la academia y de su rol como docente, nadie puede sentir indiferencia frente a su erudición y estilo directo de enseñar, todo ello, afirma el también escritor, alimentado por las múltiples lecturas y experiencias de vida.
Periodista de oficio, pero sociólogo de formación profesional, su hermana Consuelo, lo recuerda como un niño peculiar porque desde pequeño su gusto se encaminó por los libros y la lectura, era, es “un voraz lector” y, más tarde afirma, también es amante de la música y los discos. Es, hasta hoy, un feliz melómano.
Coincidimos nuevamente en El Colegio Mexiquense, A.C., en ese lugar de prominencia académica donde pude conocer al José Luis que describió su hermana Consuelo, un hombre con “inteligencia, memoria, cortesía, facilidad de palabra, ímpetu por aprender y conocer, amable y generoso” pero, además, un maestro, un guía y una persona que de manera particular, me ayudo a crecer profesionalmente.
En fin, podría escribir y quizá repetirme, pero, sin duda, este es un merecido homenaje a la persona que durante más de 40 años ha sido partícipe de la actividad periodista y cultural y, además me uno, con mucho gusto, a este reconocimiento colectivo por el maestro, tutor y jefe, pero sobre todo, amigo que es.






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