Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro fundador del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, conductor principal de diversos noticieros y programas informativos en el mismo. Conduce «Estrategia Pública» los martes a las 20:00 en Mexiquense Radio 1600 AM. Colabora en el canal de YouTube Trascendi Humanitas.

“El burro puede fingir ser caballo, pero tarde o temprano rebuzna”

Todos en México estamos conscientes de la imposibilidad existente para que la oposición por sí misma pueda ganarle a Morena el grueso de las posiciones disputadas en una elección, sobre todo aquellas que representan el primer nivel de los cargos públicos.

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Los casos aislados que se presentan no son suficientes para mermar el poder a la máquina guinda puesta en marcha por Andrés Manuel López Obrador, por lo que estos hacen, o más bien deshacen, la política nacional conforme a sus muy particulares intereses.

Si de por sí esto ya es caótico, lo anunciado recientemente de llevar a cabo una nueva reforma electoral genera aún más desconfianza por los riesgos de control político y pérdida de equilibrios democráticos que con ello pretenden alcanzar.

Desaparecer lo que queda del INE y sustituirlo por el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas con 7 consejeros por “elección popular”, sí, elegidos igualito que con la reforma judicial; eliminar los plurinominales, desaparecer los organismos públicos locales electorales (OPLE) y los tribunales locales, y recortar el número de regidores en los municipios son algunas de las linduras propuestas con esta reforma.

Esta operación quirúrgica para controlar el sistema electoral desde el poder busca en realidad no un avance democrático, sino acaparar el control y perpetuarles en el trono de manera indefinida; la reforma electoral que en 1977 hizo Jesús Reyes Heroles, y de la cual sus principales beneficiarios son ahora sus verdugos, pretende conformar otra vez un partido de Estado, mucho peor que el que nos impuso el priato, aquel que Vargas Llosa catalogó como “la dictadura perfecta” y que ahora palidece ante lo que pretenden crear.

Es claro, por lo que dijo Sheinbaum, que en el debate para la reforma electoral se escuchará a todos, pero, al no poder formar parte de la comisión resolutoria, los argumentos de aquellos ajenos a su equipo de trabajo solo quedarán en el aire; la ley del avasallamiento volverá por sus fueros y se aprobará lo que ellos quieren que se apruebe, una cúpula política sin ideología definida y sin identidad, por más que aseguren lo contrario, a la cual solo le preocupa preservar el poder al costo que sea necesario.

Por ello es que el propósito de salvaguardar únicamente sus intereses como motor político de poder bien podría terminar por ser su némesis, y que Morena, en su interior, coseche las resquebrajaduras que mermen su dominio sin que este necesariamente surja de sus enemigos políticos directos.

Ya su coordinador de la bancada en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, por más que no sea de las preferencias de la presidenta, consideró que resulta inevitable que su partido presente próximamente una fractura importante en la lucha de sus candidatos a ocupar una gubernatura o en la reelección de diputados federales o a las presidencias municipales y regidurías que estarán en juego.

La lucha anticipada dificulta la cohesión y la unidad, y es ajena a la división interna que ya se aprecia entre sus militantes, dijo; la descalificación y las diatribas internas no tienen cabida en un proceso electoral. Fomentarlas, agregó, sería un suicidio.

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Otros personajes morenistas han hablado también de los graves problemas que ya se presentan al interior del partido dominante; la formación de dos equipos a quién servir por parte de sus integrantes se presenta diariamente con ejemplos constantes.

La misma presidenta Sheinbaum se vio obligada a enviar un mensaje a algunos de sus militantes por las muestras de excentricidad y opulencia mostradas, contrario a sus estatutos de conducirse siempre con honestidad, humildad y sencillez, y aunque para algunos es letra muerta, despertó en otros la necesidad de apagar los focos rojos decorados con intermitentes que ya se aprecian.

Estos no son los únicos llamados que aseguran están fracturando a la 4T. Convendría recordar a Iván Escalante, titular de la Profeco, quien se quejó de haber recibido presiones de sus “compañeros” para no imponer sanciones a varios comercios por violación en su operatividad; diputados morenistas denunciaron recientemente corrupción por parte de la titular de la Secretaría de Bienestar y pidieron su renuncia; se acaba de anunciar que el pitazo para evitar la captura de Nemesio Oseguera, El Mencho, líder del CJNG, partió de un alto funcionario de la Guardia Nacional.

Como se ve, el daño más severo para el partido que nos gobierna no proviene necesariamente de fuera, sino de dentro; en sus propias entrañas se cocina lo que pudiera llegar a ser su desmoronamiento. ¿Será verdad aquella frase de quien “crece rápido, muere pronto”? Solo el tiempo lo dirá.

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