Incertidumbre previo al arranque de campañas

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J. Israel Martínez Macedo - Demonios en directo

Las elecciones en el Estado de México generan desconfianza. Los problemas en los partidos políticos, conflictos internos, y tensiones sociales aumentan la incertidumbre

J. Israel Martínez Macedo / israelmartinez.com.mx

A un par de días de que arranque el proceso electoral más complejo de la historia del Estado de México desde hace décadas, la gobernabilidad y la incertidumbre en la entidad se han vuelto temas de conversación en más de un círculo en donde se vuelve más constante la observación de que hoy vivimos un momento inédito en la entidad.

Es claro que parte de esta sensación está relacionada con el malestar que existe al interior de todos los partidos respecto a las candidaturas y nombramientos que en este proceso electoral se han realizado, prácticamente en todos los casos, desde las dirigencias nacionales de los institutos políticos.

En el PRI mexiquense está ocurriendo lo que ya ha pasado en el priísmo de otras entidades en las que se perdió la gubernatura y desde el CEN se debilitaron las posiciones de los tricolores locales: las imposiciones de Alejandro Moreno «Alito» en las decisiones subsecuentes apuntan a una derrota estrepitosa de la que tendrá cargar a cuestas la actual dirigencia estatal.

Determinaciones absurdas como el negarse a apoyar al candidato de la primera fórmula en coalición por el Senado, Enrique Vargas, bajó el argumento que haya sido, no solo fue una decisión insensata que abrió la puerta a igual respuesta por parte de los blanquiazules con sus aliados priístas; también ha hecho que varios candidatos tricolores se revelen a la instrucción y sigan apoyando a los panistas, en general, y al futuro senador en lo particular; lo que debilita aún más la frágil posición de la dirigencia estatal tricolor.

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Por si esto fuera poco, los candidatos tricolores no se ven ni preparados ni listos para hacer frente al proceso electoral que se avecina; salvo muy honrosas excepciones, la mayoría de los municipios está extraviado respecto a estrategias de campaña, coordinación de estructuras y, más grave aún, actualización de las reglas electorales que hace pensar que el prísmo mexiquense aún no toca fondo.

A esta situación se le suma la imposición de candidaturas en las posiciones más preciadas que los han orillado a tomar decisiones drásticas que les podrían costar muy caro durante el proceso electoral; es el caso de lo ocurrido en las posiciones de los plurinominales, en donde sacaron de la lista a su actual coordinador parlamentario local y presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), Elias Rescala a quien no le quedó más remedio que lanzarse a la campaña por el distrito 32 arrebatándole, de paso, la posición a David Parra Sánchez quien no moverá un dedo para apoyar a Rescala. No será una sino dos curules menos para el tricolor.

Como lo comentó Francisco Ángeles, con conocimiento de causa, ese solo movimiento le asegura la derrota al priísmo en un distrito altamente competido. No es la primera vez que algo así pasa; curiosamente, cuando Enrique Vargas se postuló por primera vez a la presidencia de Huixquilucan, los priístas estaban listos en torno a un joven cuadro local que había logrado sumar a todas las causas tricolores pero llegó la imposición de Fernando Maldonado como su candidato y entre la falta de oficio político aunado a la soberbia del entonces candidato, la posición se perdió y se abrió la puerta para el crecimiento del panista que, dadas las condiciones electorales; tiene ganada la senaduría desde la sola nominación.

Situaciones similares se viven en los demás partidos. Morena vive una guerra de «baja intensidad» pero de mucho bombardeo; los morenistas mexiquenses no están combatiendo por la mayoría en los congresos federal y estatal o el dominio territorial de las presidencias municipales; se encuentran en pleno choque por el control y dominio del partido por los próximos, al menos, tres años; una batalla en donde el grupo apoyado por la dirigencia nacional busca posicionar a su huestes mientras que los locales aprietan fuerte para no soltar espacios ganados.

Las candidaturas locales quedaron en medio de este fuego cruzado y, en consecuencia, muchos liderazgos locales fueron ignorados para la decisión final, no solo para ser postulados o nombrados con la candidatura; también para simplemente ser escuchados respecto a por qué los designados desde la Ciudad de México no debían ser sus representantes. Se recrudecieron las diferencias entre «los puros» y «los espurios» y el fantasma del abandono el día de la votación se asoma peligrosamente entre sus filas.

En Morena se acabaron las simulaciones de falsa democracia directa y se olvidaron de las supuestas encuestas que solo servían para evitar lo que está pasando en este momento: el descontento entre sus bases por las designaciones partidistas realizadas sin mayor criterio que el amiguismo o el conteo de posibles votantes en función de cuántos militantes se hayan logrado llevar consigo los cuadros de reciente adquisición.

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En el Partido Verde las cosas no son para menos. La llegada del grupo Eruverde ha significado un problema porque ahora se observan dos partidos, uno con al mira puesta en el crecimiento hacia lo nacional, el otro con los ojos fijos en la supervivencia política en lo local; no se observa una coordinación de acciones sino dos partidos de distintos tonos de verde, cada cual caminando por su propio camino y con sus propios objetivos y casi con la consigna de no entrometerse uno con el otro por el bien de ambos.

Es cuestión de tiempo para que un grupo termine devorándose al otro y, entonces, se de el inicio una nueva era dentro del partido en donde la abultada estructura priísta, de la que se están conformando, transforme todo a su modo y estilo para actuar en consecuencia y volverse a sentir cómodos en este instituto político, ya sin las molestas formas y formalismos del Grupo Atlacomulco.

Si hay que hablar de intromisiones de la dirigencia nacional en el Edoméx, el papel del Partido del Trabajo en este sentido es, de verdad, escalofriante. No solo se dan el lujo de presentar y desconocer candidatos a diestra y siniestra; como en los tiempos posrevolucionarios de los años 20 del siglo pasado, la sede estatal del partido se ve rodeada de hombres armados que no se entiende si la vigilaban o asediaban pero que en definitiva dan muestra de que el charrismo no ha muerto, solo ha mutado un poco.

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Por si no fuera suficiente con los problemas internos que los partidos exteriorizan con manifestaciones y marchas, los taxistas ahorcan a la capital mexiquense cerrando una de sus principales vías y ocasionan una parálisis vial que dura horas sin que nadie pareciera tener interés en acercarse para dialogar con ellos o para intentar, al menos, lograr que se reabriera la circulación.

Situación muy similar a lo que ocurre en otros puntos de la entidad con transportistas que exigen garantías de seguridad en las carreteras mexiquenses, consideradas dentro de las más peligrosas del país por los robos y la violencia con la que los delincuentes los perpetran; un día sí y al otro también, los conductores de camiones cierran vialidades cruciales para la movilidad entre municipios o para conectar a la Ciudad de México sin que un solo negociador se acerque para intentar resolver el problema sin que se bloqueen los caminos.

A todo este escenario ya no tardan en sumarse los campesinos mexiquenses que ante la falta de lluvias y los altos calores requieren apoyos al sector; mismos que siempre son insuficientes y que ahora, con la situación que se vive, amenaza con ser un verdadero problema para las siembras de temporal que dependen totalmente de la lluvia; los lagos y ríos se secan y eso significa que tampoco es posible llevar el agua para el riego; la situación es cada vez más crítica.

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¿Hacía dónde se dirige el Edoméx? Es una absoluta incógnita pero, sin duda, el proceso electoral abonará a este ambiente de tensión social y podría detonar en violencia si es que no se atienden los problemas con total responsabilidad y gran rapidez. Se requiere mucha coordinación pero, sobre todo, urge que el estado vuelva a verse y sentirse en paz antes de que la situación escale y se vuelva incontrolable, aún hay tiempo, no mucho pero lo hay, para atender las demandas sociales.

La expectativa creada con la gente durante la campaña fue alta y eso significa que la impaciencia para resolver los problemas será cada vez menor; la gente quiere soluciones a sus problemáticas rápido porque eso se le ofreció y si no lo consiguen se volcarán a las calles para reclamar y exigir el cumplimiento de las esperanzas creadas.

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