De Juan García Esquivel y la música lounge

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

Seguramente, a muchos de ustedes, el nombre de Juan García Esquivel, este músico del siglo pasado, no les dice nada y así es, este compositor no fue conocido de manera masiva en estas tierras

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

En uno de esos gloriosos domingos sin chamba, dónde lo único que uno desea es disfrutar de los placeres de la vida, me dispuse a buscar entre los discos compactos alguno que me incitara a gozar aún más de los alimentos, hecho que causó la mofa de los jóvenes melómanos que viven en mi casa pues, como bien dicen, ahora es más fácil tomar el teléfono o la tableta y buscar en la red las piezas musicales que uno desea. 

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Sin embargo, las viejas costumbres no se pierden tan fácil porque, si me dan tiempo, en una de esas saco el viejo tornamesa que aún funciona y toco uno de los famosos long plays estereofónicos que también están guardados, aunque ahí la variedad es más limitada. 

En eso andaba, hurgando entre los revueltos «cidis» donde igual encontré discos de los Rollings como de Café Tacuba, Nirvana, George Benson, John Coltrane, Manu Chau, la Sonora Matancera, Beny Moré, ¿Mana?, y hasta de Chico Che, pero mi misión se detuvo cuando descubrí ese disco compilatorio del maestro y, dicen, padre de la música lounge, Juan García Esquivel (1918-2002).

Seguramente, a muchos de ustedes, el nombre de este músico del siglo pasado no les dice nada y así es, este compositor no fue conocido de manera masiva en estas tierras. Su carrera la realizó en el vecino país del norte donde fue ampliamente requerido con su orquesta para realizar presentaciones en Las Vegas o para componer la música de varios programas de televisión que, a la larga, fueron representativos de una época.

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Después de reencontrarme con esta joya y escucharla durante el almuerzo, claro, con uno que otro comentario adverso y venenoso, me anduve presuroso a buscar entre los recuerdos impresos, una entrevista que el músico y escritor Fernando Rivera Calderón realizó a Esquivel (como era conocido en el vecino país) unos días antes de su deceso y que se publicó de manera sintética en la desaparecida revista Milenio y después, publicada íntegramente en marzo de 2002, en el número 56 de la famosísima revista de rock, La mosca en la pared, de donde yo la recordaba. 

Desde entonces, he pensado que esta entrevista es un magnífico trabajo periodístico por la información que el compositor externó sobre su trabajo –casi desconocido– en México y ahora, a un par de décadas, la entrevista sigue teniendo vigencia para revalorar la música Space-age pop o lounge, como quieran llamarle. 

Para darnos una idea de quién se habla: el arreglista tamaulipeco fue el iniciador de la música estereofónica. Hoy con tantos avances tecnológicos y con sistemas de sonido como el Dolby Atmos, THX, 7.1 y demás exquisiteces, quizá no sea impresionante pero, para la gente que vivía en los inicios de los años sesenta, escuchar música estereofónica era pues, una aventura auditiva y más si esos sonidos envolventes surgían de los discos de acetato o vinilo, de 33 y 45 revoluciones por minuto y que se distribuían gratuitamente en las modernísimas consolas de tocadiscos con dos bocinas, justo para apreciar los sonidos por separado, es decir, estereofónicamente.

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Esta forma de hacer música, que más tarde se le llamó “Sonorama”, le llevó a grabar varios discos que ahora son considerados de culto, a musicalizar más de 200 series de televisión entre los que destacan Los Munster, Mi bella genio, Kojac, Los Picapiedra, Miami Vice, El hombre nuclear, Dinastía, entre muchos otros y “a ganarse la admiración y la amistad de personajes de la talla de Henry Mancini, Frank Sinatra (que le visitaba durante sus presentaciones en Las Vegas), Walt Disney y, recientemente, Matt Groenning, creador de Los Simpson”.

Seguramente, para los nacidos en los años 2000, estos nombres pueden ser poco significativos o totalmente desconocidos, pero ya entrados en cuestiones más contemporáneas y si les brinca la curiosidad, échense un clavado a guglear los programas mencionados para comprender mejor de qué hablamos.

Regresando a Esquivel, el arreglista, también fue pionero en la producción de espectáculos como The sights and sounds of Esquivel, en los cuales sincronizaba su música en vivo con las luces multicolores que hipnotizaba a la audiencia de cada noche. Ello muchos años antes de la explosión de los grupos de rock psicodélico, escribió Fernando Rivera Calderón.

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Quizás, y es mucho decir, a Esquivel se le recuerda como el compositor de una de las series mexicanas más famosas de principios de los años ochenta: Odisea Burbujas (los que habitan el quinto piso y algunos del cuarto deben recordarlo perfectamente). De ese programa surgió el disco Burbujas, su última grabación y en la cual todavía se pueden escuchar las reminiscencias de la música espacial y sonorámica que le dio fama en Estados Unidos.

Entre sus piezas más famosas que creó y arregló este músico, se encuentran Mucha muchacha, Latin-Esque y Mini skirt y sus versiones a piezas reconocidas como Estrellita de Manuel M. Ponce, Jesusita en Chihuahua y La Bikina, sin olvidar Bésame mucho de Consuelo Velázquez. Una forma diferente de hacer música estereofónica, que sirve, si ustedes gustan, como música de fondo para disfrutar de la compañía familiar y un buen almuerzo.

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