Los Juegos Olímpicos, aunque cultural y económicamente significativos, frecuentemente resultan en enormes sobrecostos y endeudamientos para las ciudades sede, sin beneficios duraderos

José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

Los juegos olímpicos constituyen uno de los hitos culturales y económicos más importantes del mundo moderno. A su alrededor se conjugan tanto el esfuerzo de los atletas y sus récords como una danza de marcas publicitarias que capitalizan la popularidad de los competidores. Mención aparte merece la politización del olimpismo en manos de los líderes de los países sedes, lo cual se ha prestado muchas veces para propagada gubernamental.

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De igual manera, la organización de estos eventos genera efectos perniciosos para las sedes, un par de ejemplos nos permiten mostrar las consecuencias negativas de los mismos.

En 2014 la edición número 28 de los JJOO se asignó a la ciudad de Atenas, Grecia. Esta asignación fue una especie de compensación a país helénico debido a que el centenario de los mismos se otorgó en 1996 a la ciudad de Atlanta, Estados Unidos en detrimento de la cuna del olimpismo. Sin embargo, esta compensación histórica se tradujo en la serie de consecuencias no deseadas que se muestran a continuación:

• En primer lugar el déficit fiscal se duplicó como consecuencia de la organización de los JJOO, pasando de 3.5% a 7%. Esto se tradujo en un aumento de 182 mil a 201 mil millones de euros de deuda pública.

• En segundo lugar, distintas fuentes periodísticas reconocen el alto costo de los Juegos, estimado entre los 5 mil y los 27 mil millones de euros. En algunos casos se establece que el costo corresponde al doble del presupuesto original que inicialmente era menor a los 5 mil millones de euros. Un ejemplo del sobrecosto de la infraestructura olímpica es la construcción de la cúpula del Estadio Olímpico de Atenas, mismo que fue diseñado por el reconocido Arquitecto Santiago Calatrava, esta obra tuvo un costo de 130 millones de euros y en la actualidad el costo del mantenimiento alcanza los 9.3 millones.

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• Un tercer problema radica en que la mayoría de los centros deportivos se encuentran casi todos en el olvido y ni representaron un impulso para el desarrollo de las sedes. De hecho se atribuye al derroche de recursos públicos como la principal causa de la crisis económica de Grecia, lo cual obligó a un programa de rescate financiero de la Unión Europea en 2010.

Otro caso escandaloso es el de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, Brasil. Estos juegos representaron la presentación de Brasil como un país capaz de albergar importantes eventos deportivos ya que se sumó a la organización de la Copa del Mundo de Fútbol de 2014.

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Sin embargo, al igual que en el evento de Atenas se presentaron casos de sobrecosto en la construcción de edificios deportivos, llegando a 14 mil millones de dólares, lo que supuso un exceso presupuestario de 352%. También se realizaron obras faraónicas que en la actualidad no son usadas y gran parte de la infraestructura no se aprovecha adecuadamente para el desarrollo de la sociedad brasileña.

En pocas palabras, al igual que en Grecia, se generó un gran endeudamiento que no se ha traducido en beneficio para el país sede. Esperemos a ver cual es el destino de las obras de infraestructura y su efecto social en Paris.

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