José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

Resulta común en esta temporada de inicio de año escuchar, entre todos los buenos deseos dedicados a familiares y amigos, el relativo a la buena salud; factor importante para el bienestar de las sociedades. La buena salud de una población no solo es un indicador de prosperidad económica, también es reflejo del potencial cultural y educativo de las generaciones a futuro, representa el incremento de las capacidades de transformación de entornos y repercute positivamente en la productividad económica de una región o nación.

Lo anterior explica por qué resulta fundamental que los gobiernos nacionales y los organismos internacionales pongan atención al estado de las instituciones de salud y a las condiciones que pudieran representar un riesgo para la población.

Por otro lado, el hecho de haber enfrentado recientemente la pandemia global de COVID-19 ha puesto a prueba a los sistemas de salud del mundo entero, tanto países desarrollados como poco desarrollados tuvieron que enfrentar una situación de emergencia que puso en riesgo a la población en general en un entorno inédito.

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Obviamente los resultados han sido muy diferentes en función de condiciones estructurales previas y la capacidad de reacción de las autoridades; por ejemplo, el nivel de obesidad entre la población y las medidas de prevención implementadas por los gobiernos fueron variables que condicionaron el número de muertes asociadas directa o indirectamente a la pandemia de COVID-19 (exceso de mortalidad) que fue estimado por la Organización Mundial de la Salud en aproximadamente 14.9 millones de decesos a nivel mundial entre enero de 2020 y diciembre de 2021.

Esta estimación se realiza a partir de la diferencia entre el número de fallecimientos registrados y el número de fallecimientos esperados, tomando como referencia los datos de los años previos. También hay que señalar que el exceso de mortalidad no solo incluye a las muertes asociadas directamente al padecimiento de la enfermedad, sino también a las que se registraron como consecuencia indirecta en los sistemas de salud, por ejemplo las personas que no tuvieron acceso al sistema hospitalario que se encontraba rebasado por la atención a personas diagnosticadas con COVID-19 (https://www.paho.org/es/noticias/5-5-2022-exceso-mortalidad-asociada-pandemia-covid-19-fue-149-millones-muertes-2020-2021).

Las condiciones posteriores a esta etapa de crisis global nos mostraron que el reto es enorme para garantizar la salud de la población, por lo que se deben atender los siguientes factores decisivos a futuro:

  • Construcción de sistemas de salud flexibles, adaptables a circunstancias de emergencia que permitan una rápida atención tanto especializada como a grandes grupos poblacionales.
  • Robustecimiento de la investigación en ciencia y tecnología médica, lo cual implica la vinculación entre sector público y privado, teniendo como escenario de trabajo las instituciones universitarias y de investigación.

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  • Coordinación internacional para la detección de amenazas a la salud y seguridad de las poblaciones, sobre todo aquellas en condición de vulnerabilidad.
  • Fortalecimiento de los sistemas de reporte de defunciones y padecimientos que permitan disponer de insumos para un diagnóstico claro sobre las condiciones de salud de la población.

El escenario no es sencillo; sin embargo, es indispensable construir mecanismos que permitan que el acceso a la salud no se quede solamente en buenos deseos de temporada.

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