La sociedad y sus miedos 

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José Javier Niño Martínez - Horizonte social

Aún tomando en cuenta los cambios profundos de los hitos históricos, la sociedad por lo general tenía las herramientas necesarias para adaptarse a los mismos, ya sea generando nuevas instituciones o desarrollando fuentes alternativas de organización

José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1

La incertidumbre se ha convertido en el sello de los tiempos actuales. En algún momento de la historia la religión representó el sentido de los cambios sociales y el humanismo renacentista revolucionó la trayectoria de los saberes medievales. En otro momento el advenimiento de la democracia representativa derrumbó los cimientos del absolutismo y convirtió en trascendental el sentido de la voz del pueblo y aún en otro tiempo la aplicación de la ciencia en el incremento de la productividad de bienes y la eficiencia de servicios coadyuvaron en la modernización de la sociedad por medio de procesos revolucionarios en el espacio político y en la industrialización.

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Aún tomando en cuenta los cambios profundos de estos hitos históricos, la sociedad por lo general tenía las herramientas necesarias para adaptarse a los mismos, ya sea generando nuevas instituciones o desarrollando fuentes alternativas de organización. Como sea, prevalecían referentes básicos (Iglesia, Estado, conocimiento científico, sociedad civil, etc.) que permitían establecer pautas de orientación de los cambios hacia un futuro más o menos claro.

El día de hoy podemos decir que los tiempos señalan una incertidumbre diferente, según Zygmunt Bauman, sociólogo de origen judío, hay distintos escenarios de crisis que reflejan a las incertidumbres modernas:

En primer lugar, señala que las estructuras sociales cambian vertiginosamente y de forma constante, por lo que las instituciones que parecían sólidas ahora son discontinuas e inestables. La familia, el trabajo, el espacio escolar, la vida cotidiana y otras tantos espacios de socialización se interpretan de distintas maneras y son más diversas que nunca.

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En segundo lugar la política se separa del poder, lo que significa un vaciamiento de poder por parte del Estado que se suplanta por acciones de mercado, mientras que la política disminuye su capacidad de incidencia y transformación, ocasionando incapacidad de generar acuerdos entre los actores y vuelva a los interlocutores en ciegos y sordos pero sobre todo indiferentes más allá de las relaciones de poder.

En tercer lugar se observa un vaciamiento de la capacidad comunitaria de transformar el entorno inmediato, en otras palabras un desdibujamiento de los vínculos humanos. Esto se traduce en el debilitamiento de las capacidades de defensa de los derechos colectivos y de las organizaciones como los sindicatos o las asociaciones civiles.

En cuarto lugar el colapso del pensamiento se expresa en la falta de planes sociales a largo plazo, prevaleciendo la inmediatez como resultado de expectativas que buscan soluciones en poco tiempo, en detrimento de la evaluación de las consecuencias en periodos de tiempo más extensos.

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En quinto lugar el cuestionamiento sobre la idea de libertad en función de la intervención de distintas fuerzas sociales que condicionan la capacidad de elección de los individuos. Esto derrumba el mito de la libertad disponible en un mundo en el que las opciones suelen estar bajo control de estructuras que trascienden nuestra capacidad de observación.

Las incertidumbres se traducen en múltiples miedos subyacentes a nuestra condición humana: miedo a la soledad, miedo al fracaso, miedo a la pérdida, etcétera. Por lo tanto es posible pensar que una sociedad desarrollada no es la que dispone de mayor riqueza, sino aquella que puede lidiar de mejor manera con sus miedos.

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