“Debo estar haciendo algo bien”

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Cultura Angélica Vargas - Zoo Politismou

Recientemente, en el estado de Florida, se ha dictaminado que en las escuelas públicas de la entidad no se pueden distribuir, solicitar o pedir que los alumnos de manera obligatoria lleven a cabo la lectura de 300 libros al considerarlos perniciosos

Angélica Vargas

Cuando, en los sesentas a Kurt Vonnegut, uno de los autores de la posmodernidad más famosos de Estados Unidos, le llegó la noticia de que su libro “Matadero 5” había sido utilizado como ejemplo de “literatura nociva” en una mega hoguera —hecha por el director de preparatoria pública de Drake— para destruir “material indecente” que exponía a los jóvenes a situaciones inmorales escribió a este docente las siguientes palabras: “usted me ha ofendido profundamente y yo soy muy real”.

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Esto, en referencia al hecho de que se piensa que los autores de novelas, cuentos y otros materiales literarios desarrollan su trabajo con una visión monetaria únicamente.

Vonnegut despreciaba la idea de que él, o cualquier escritor, pudieran escribir sobre contextos sociales atroces, con la única intención de ganar dinero, y así lo exponía en la carta que hoy es parte de la colección “Letters of note” una serie de epístolas que se ha leído en varias ocasiones en el festival Hayes.

Más de 50 años han pasado desde que la obra de Vonnegut fue sacada para convertirse en combustible, cuando de nueva cuenta sus textos son considerados como prohibidos pero ahora en el estado de Florida.

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Recientemente, en dicho estado, se ha dictaminado que en las escuelas públicas de la entidad no se pueden distribuir, solicitar o pedir que los alumnos de manera obligatoria lleven a cabo la lectura de 300 libros al considerarlos perniciosos ya que tienen alguna de las siguientes características:

1- Lenguaje soez

2- Escenas explícitas de sexo

3- Ataque racial o discriminación de cualquier tipo.

El argumento de la junta escolar de Florida, en la que intervienen padres de familia maestros y políticos de esa entidad sureña, es que si una película está rankeada como “C” entonces los niños deberían ser acompañados por adultos, según lo ha manifestado la vocera de la misma de nombre Yvette Benarroch.

Una de las críticas más fuertes que se ha hecho a esta medida, es el hecho de que la gran mayoría de estos libros además de tratar de los temas mencionados tienen cierta vaguedad, confusión o ataque al uso de formas diferentes a las binarias en cuestión de identidad de género.

Llama la atención que la lista, además de contar con 16 libros de uno de los autores más conocidos en Estados Unidos como Stephen King tenga censurados verdaderos clásicos de la literatura universal, como Ana Karenina de León Tolstói, Un mundo feliz, de Aldous Huxley, Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway ( considerada una de las grandes obras maestras de la literatura universal) y otros títulos contemporáneos que han ganado un lugar no sólo dentro del gusto del público sino también de la crítica, como El color púrpura y El hombre invisible ambos provenientes de la literatura afroamericana que exponen la violencia que los grupos aracializados han vivido al interior de sus comunidades.

Del llamado “maestro del terror” se han prohibido la distribución o solicitud de los profesores para que lean las siguientes novelas: Carrie, Eso, El fugitivo, Las cuatro después de medianoche, Un saco de huesos, El Domo y la saga de La torre oscura y Las cuatro estaciones, entre otras, la mayoría de las cuales ya han sido adaptadas a otros formatos.

En un mundo en el que se pide que los alumnos lleven a cabo una lectura más profunda de los materiales literarios que tienen a la mano, resulta ser que las asociaciones de padres de familia y de políticos de aquel estado se dan el lujo de prohibir a los docentes y a los alumnos que dentro de las instalaciones se lea bajo un argumento puramente moral.

Ahora bien, así como la vocera Benarroch, comentaba en entrevistas, es cierto que cada padre tiene derecho a criar a su hijo como mejor le convenga, plazca, o necesite ya que ningún código legal impide la libre enseñanza de ideas ni la expresión a menos que esta constituya un auténtico delito.

La censura a los libros no es nueva pero no por eso deja de ser indignante.

Kurt Vonnegut, con su característico humor ácido señalaba que aquel que piensa que puede controlar y censurar lo que sus hijos aprenden entonces debe estar preparado para, en un futuro, ser juzgado de la forma más dura posible tomando en cuenta que nadie es perfecto y la perfección y moralidad que dichos padres de familia buscan en sus hijos no la tienen ni ellos mismos.

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Negar a los jóvenes la posibilidad de una lectura guiada por sus profesores de muchas formas es controversial pero, sobre todo, es una paradoja de tratar de proteger la moralidad contraviniendo los derechos que moralmente nos asiste como es la de la elección libre y plena de escoger que leer y que no.

Stephen King con el mismo humor que Vonnegut ha tuiteado la siguiente frase: ¿16 de mis libros? Debo estar haciendo algo bien.

Sí, a la literatura se le censura, persigue y destruye porque nos hace pensar y cuestionarnos; le saca ronchas a los gobiernos totalitarios pero sobre todo nos da la facultad de ser por instantes alguien más.

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