Mucha gente suele decir que Toluca es una ciudad fea y sin chiste, pero no Mario Vázquez quien ha presentado en esta exposición la hermosura de una ciudad que a la altura de los humanos puede tener otra percepción muy distinta a la de los gorriones.
Angélica Vargas
Hace años, mi mamá, me contó que los gorriones son los pájaros que se encargan de despedir al día.
Desde que el sol va desapareciendo en el horizonte, hasta que oscurece por completo el canto agudo de las parvadas de estas pobres aves desplazadas por los seres humanos se escucha en las copas de los árboles que aún quedan en las zonas habitacionales y en lo que queda del campo en esta ciudad.
La de mi mamá, no es la única historia al respecto de la función de los gorriones de despedir al sol en el cielo, hay leyendas japonesas, coreanas, prehispánicas, chinas y nativo-americanas que dan a estas avecitas parduzcas y pequeñas el atributo de hacer que el astro rey se vaya a descansar después de iluminar el cielo.
Recientemente, la exposición “Toluca, del Cielo a la Tierra” con fotografías Mario Vázquez de la Torre, cerró sus actividades en el centro Tolzú mostrando las impresiones en gran formato de mi ciudad al atardecer.
Las tomas son hermosas, impactantes, llenas de color y con una composición impecable.
No es casualidad que el trabajo de Vázquez de la Torre, tanto de fotografía artística como de fotoperiodismo haya sido, por un lado, expuesto por medios internacionales en publicaciones traducidas a varios idiomas y por otro, cínicamente plagiado por medios nacionales y locales que, sabiendo de su calidad le han echado mano con o sin la más mínima modificación.
Así de bueno es su currículo, amén de ser inspiración y apoyo de varias generaciones de fotoperiodistas y reporteros gráficos locales (y seguramente internacionales, quienes han visto sus placas en otras naciones) y eso ya era de entrada una buena razón para visitar la galería.
Así que paraguas en mano y con todas las expectativas posibles al conocer desde hace un tiempo el trabajo de Mario fui a la exposición.
Salí (salimos porque iba acompañada) con todas nuestras esperanzas de ver un excelente material cubiertas.
Imágenes increíbles que son resultado de un ojo entrenado y de un trabajo constante, de esas que el común de las personas pasamos por alto ante nuestro jaleo constante, de nuestra premura consumista, de nuestro ostracismo casi inexorable…
Mucha gente suele decir que Toluca es una ciudad fea y sin chiste, pero no Mario Vázquez quien ha presentado en esta exposición la hermosura de una ciudad que a la altura de los humanos puede tener otra percepción.
Son imágenes que solo puede ver un “Cazador de Atardeceres” como él mismo se nombra en una fotografía de su silueta recortada contra la luz roja de un crepúsculo.
Al verlas, me ha recordado la hermosa historia de mi mamá, que aseguraba que los gorriones cantan para despedir el día y me imaginé que las hermosas tomas aéreas (técnica en la que por cierto es pionero y maestro) que se presentaron son precisamente lo que ven los gorriones antes de refugiarse en sus pequeños nidos.
Suelo comentarles a mis alumnos de Expresión Artística que, varios teóricos y críticos del Arte no consideran al fotoperiodismo como tal al excluir el elemento del tema en su creación.
Pues si en algún momento podríamos contradecirlos sería éste.
Porque las imágenes de los rostros y momentos que se vivieron durante la pandemia de COVID –19 no podrían tener mejor tema. El heroico trabajo del personal médico y de la Cruz Roja (a la que Mario pertenece) que atendió los miles de casos del brote de ese virus (que no fue un sueño) asesino microscópico que nos hizo temblar por dos años.
Ante esto solo nos queda darle, una vez más un “Enhorabuena”.
Enhorabuena por esta exposición llena de belleza y nostalgia…
Está cayendo la tarde mientras escribo esto y el canto de los gorriones se oye en los árboles que hay detrás de mi ventana.






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