Mario Colín Sánchez, gestor cultural del Estado de México, creó el gentilicio «mexiquense» para identificar a sus habitantes, resolviendo una necesidad lingüística crucial
Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce
El mayor gestor cultural del Estado de México, Mario Colín Sánchez, nació hace 102 años en Atlacomulco, el 22 de junio de 1922. Se pueden decir muchas cosas de él, como que a mediados del siglo XX fue el iniciador de las publicaciones oficiales del Gobierno del Estado de México o que durante su paso por la antigua Dirección del Patrimonio Cultural y Artístico (1976-1981), su labor dejó huella aún visible en todos los municipios de la entidad (121 en aquel entonces).
No obstante, hoy quiero platicar de un aspecto menos conocido de este personaje: el haber acuñado el gentilicio que identifica a los habitantes del Estado de México: “mexiquense”.
Antes de que se usara oficialmente dicho gentilicio, en la prensa se hablaba de “habitantes del Estado de México”, con todas sus letras, y como en la prensa el espacio vital, se echaba mano del malsonante apocope “Edoméx”. No pocos académicos se decantaban, a falta de mejor alternativa, por nombrar a los habitantes simplemente como “mexicanos”, lo cual no solucionaba nada.
Una propuesta parcial se originó en 1941, en las musas del poeta Heriberto Enríquez, autor del Himno al Estado de México, al decir en un verso que somos “Mexicanos por patria y provincia”, de lo cual se derivaron también aberraciones como que somos “doblemente mexicanos” o “mexicanos al cuadrado”. Encima, el crecimiento de la zona conurbada del Valle de México generaba que habitantes de municipios como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Cuautitlán, Chalco, Naucalpan, sintieran mayor cercanía al Distrito Federal o de plano reivindicaran su identidad local. No contribuyó mucho a definir un gentilicio el gobernador Carlos Hank (1969-1975) llamando a sus gobernados “mexicanos del Estado de México”; ni un noticiario que anunciaba “el estado que lleva por nombre el de la patria misma”.
Allá por 1967, en círculos intelectuales de Toluca comenzó un debate más serio sobre la necesidad de una identidad. La discusión la inicio el periodista Alfonso Sánchez García, mejor conocido como Profesor Mosquito, quien reclamó que “El privilegio de llevar por nombre el de la patria toda” tiene efectos psicológicos puesto que “como provincianos no tenemos un nombre que nos distinga del resto de los compatriotas”. Pero la solución que dio el Mosquito no era fácil: crear en la zona oriente el Estado del Valle de México previsto por la Constitución de 1857, y el Estado de Toluca con el territorio de este Valle para llamarnos “toluqueños”.

Quien tomó en sus manos el tema (el del gentilicio, no el de la creación de un nuevo Estado) fue Mario Colín. Durante años envió misivas a la Academia Mexicana de la Lengua (AML), dirigida entonces por Francisco Monterde (1960-1985), solicitando su opinión a fin de saber cuál sería el término más adecuado para denominar a los habitantes de la entidad. Monterde turnó el caso al lingüista Daniel Huacuja quien, en síntesis, respondió que los gentilicios son de origen popular, no artificial, espontáneos y que “podrá intentarse la formación de los términos… valiéndose de los distintos elementos lexicográficos que propicien el nacimiento de neologismos apropiados, claros y eufónicos… sin eliminar el riesgo de engendrar vocablos de vida efímera por carecer del apoyo del pueblo”.
No obstante, esa perorata no resolvía la duda inicial de Mario Colín, por lo que éste insistió a la AML que recomendara un gentilicio, la cual sugirió lo que pareció más bien una broma: “mexicanense”. Colín reviró con la palabra “mexiquense”, neologismo que acuñó en medio de las discusiones. Finalmente, la AML lo dejó en libertad para utilizar la voz que le pareciera conveniente.
El primer gobernador que empleó el término “mexiquense” fue Alfredo del Mazo González (quien había nombrado Secretario de Educación a Mario Colín) el día de su toma de posesión, el 15 de septiembre de 1981: “Es éste el más alto honor al que pueda aspirar un ciudadano de nuestro Estado, un mexiquense”.
Pero no fue sino hasta el 28 de enero de 1985, cuando ya había fallecido Mario Colín, que la AML aprobó el gentilicio. Fue otro lingüista, José G. Moreno de Alba, quien dio la razón a Colín al considerar un acierto el término mexiquense al formarse con la desinencia ense y al decir que “hay un creador individual que genera el término en calidad de innovación y una comunidad que, al adoptarlo, establece el cambio lingüístico”.
Desde entonces los gobernadores han utilizado el gentilicio y es probable que en ciertos momentos percibieron la necesidad de reforzar dicha denominación ante la conurbación imparable con la Ciudad de México; encima, la llegada de miles de migrantes desde los años 90. Por ejemplo, en la imagen de su administración, el gobernador César Camacho (1995-1999), oriundo de Metepec, utilizó el eslogan “Orgullosamente mexiquense”; a su vez, la canción “Yo soy mexiquense” se escuchó en todos los eventos del gobernador Eruviel Ávila (2011-2017) de Ecatepec.
Respecto a aquella comunidad que adopta un término y establece el cambio lingüístico, a la cual se refiere Moreno de Alba, dice el maestro Luis Quintana Tejera que “La voz mexiquense puede pasar a formar parte de la norma mexicana cuando un buen número de los hablantes de este país la incorpore a su léxico”, fenómeno que probablemente ya se produjo.
Finalmente, debemos atribuir a Mario Colín el haber percibido la necesidad de que los oriundos del Estado de México contáramos con un gentilicio y lo hizo por razones obvias: hasta la década de 1970, nuestra entidad era la única en el país que carecía de gentilicio, problema agravado por ser un Estado llamado igual que la federación toda. Era necesario, entonces, que en algún momento se buscara un gentilicio para los habitantes del mismo. En consecuencia, Mario Colín tiene la paternidad de la voz “mexiquense”. Correctamente siguió la regla morfológica más sencilla al añadir al topónimo “México” el sufijo ense, el más común en el país.







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