El presidente nacional de Morena ha dicho que Yeidckol Polevnsky no puede participar del proceso interno porque no ha sido invitada por el Consejo Nacional y revela el lado más orwelliano de la cuarta transformación, en donde todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros

El anuncio hecho por Yeidckol Polevnsky sobre su intención de participar en la contienda interna de Morena para el cargo de Coordinador o Coordinadora de la Defensa de la Cuarta Transformación ha dejado ver la parte más antidemocrática de este partido; en respuesta al señalamiento, el presidente del partido Mario Delgado ha dicho abiertamente que no puede participar porque no fue invitada.

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Lo anticipamos en este mismo espacio, Yeidckol sorprendió a todos pero de eso a que pudiera aspirar a romper los blindajes que impuso Morena para que no cualquiera se apuntara a ser parte de la búsqueda de alcanzar un puesto que, hay que decirlo, se inventó para justificar los actos anticipados de campaña, eso ya era otra cosa y todo apunta a que se quedará solo en un deseo y a las buenas intenciones.

No obstante, la acción de Yeidckol ha puesto el punto sobre la cuestión y es el impedimento a cualquier militante de Morena a aspirar a un puesto de elección si no, primero, forma parte den grupo de elegidos del partido que un día decidieron juntarse para decidir quién de ellos sea el que represente los intereses de todos; una especie de Club deToby donde no solo no se respetan los principios de equidad de genero, sino tampoco los de igualdad entre militantes.

Hasta ahora, Morena se ha jactado de ser un partido del pueblo, abierto para todos y que representa los intereses de la gente pero todo ese discurso se convierte en demagogia al llegar al momento de seleccionara a su aspirantes a las candidaturas, con encuestas de dudosa credibilidad y con una amplia muestra de que en ese partido “todos son iguales, solo que unos son más iguales que otros”.

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Para quien no lo conoce, en el libro de George Orwell “Rebelión en la granja”, una vez que se ha desposeído al propietario del lugar, el que lo construyó y lo mantenía en cierto nivel de orden; los animales asumen el mando y bajo el lema de “todos los animales son iguales” toman el control del lugar; los cerdos, asumen el rol principal de la administración y conforme avanza la lectura se van apropiando de los mejores puestos hasta que llega el reclamo que da origen a la frase “todos los animales son iguales, pero hay unos más iguales que otros”.

Contundente como es, la visión orwelliana retrata de pies a cabeza lo que se está viviendo en Morena, en particular, y el país en general. Una fábula que detalla los esquemas de organización y que en su momento pretendía denunciar las falsedades del socialismo en el mundo; hoy pareciera manual de acción de la cuarta transformación en donde cada vez menos se guardan las formas y, conforme adquieren más poder, se muestran cada vez más autoritarios.

Al igual que la Rebelión en la granja, el móvil es el rencor; el odio, el sentimiento de venganza para apropiarse de lo que consideran les pertenece pero de lo que no se entiende el funcionamiento o la importancia de cumplir con las tareas que anteriormente eran asumidas por el dueño de granja que ha sido expulsado del lugar por los propios animales.

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Tal como si Orwell hubiera escrito el proceso evolutivo de Morena, hoy “hay unos más iguales que otros”, unos que pueden ser invitados a participar de los eventos importantes y otros que, sin justificación aguan, simplemente no pueden; unos que están sentados en la mesa de las negociaciones y otros que solo no están; unos que entienden la igualdad en función de sus privilegios de grupo y otros que la conciben como una nueva forma de lo mismo de siempre.

La respuesta del presidente de Morena, Mario delgado, no da espacio a considerar que pueda haber error en la percepción. Pueden participar del proceso de selección solo aquellos que cuentan con el privilegio de ser invitados pero bajo qué criterio se consideró la invitación? ¿Por qué no hay más mujeres invitadas?(Quizá porque de antemano ya se sabe que la decisión le favorecerá a la única participante, con lo que se justificaría que no haya más, digamos, no se necesita, pues).

Pese a los señalamientos de la ilegalidad de sus acciones y de la inmoralidad de su convocatoria, el proceso interno de Morena avanza en la justificación de una selección del sucesor o sucesora de Andrés Manuel López Obrador, así lo dijo la secretaria general del partido Citlalli Hernández, quien al darse cuenta de su acto fallido buscó corregir, aunque el comentario estaba hecho; para ellos la Presidencia se define en este ejercicio y probablemente no estén tan equivocados.

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Lo cierto es que, si ese es el caso, el colocar el candado de participación en el ejercicio de selección a “por invitación del Consejo Nacional” resultaría entonces que la democracia ha perdido todo su sentido porque podemos elegir a quien querremos, siempre y cuando sea entre “los invitados al banquete del señor”.

Morena está sentando un precedente muy peligroso para el país al realizar un ejercicio en estas condiciones. Es altamente probable que, llegado el viernes, Yeidckol Polevnsky ni nadie que no tenga el beneplácito de la camarilla de camaradas dirigentes de Morena pueda participar del proceso de selección que, a la postre, arrojará a quien abandere la causa que permita mantener en pie la rebelión de esta nuestra propia granja.

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