Ñathö, el festival que celebra la cultura otomí (“Uno siempre vuelve a donde fue feliz”)

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José Antonio Martínez "El H" - Hilo rojo

En principio, hay que decir que Ñathö, es uno de los pocos festivales organizados con recursos municipales en los que se privilegia la identidad y la cultura de los pobladores lugar, que cabe mencionar son en su mayoría otomíes

José Antonio “H” Martínez / @Marginaldo_Mtz

“Uno siempre vuelve a donde fue feliz” dice una conocida y trillada frase surgida de las cabilaciones de los más grandes exponentes de la “superación (desesperación creo yo) personal” que encaja a la perfección con la colaboración de hoy, que marca el regreso —después de varias semanas de ausencia involuntaria— de un servidor a este espacio en el que comparto una serie de reflexiones en torno a la industria del entretenimiento, la cultura y otros menesteres que considero importantes.

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Y para este ansiado retorno, que mejor que hablar de un evento o mejor dicho dos, a los que también tuve la dicha de volver y de volver a hacer parte de su organización: me refiero a “Ñathö, Festival de las Cuturas” que desde hace un lustro tiene lugar en el municipio de Temoaya y que además alberga desde hace 4 años al festival de rock “Catedral” y si bien es cierto ambos son muy jóvenes, se han convertido en referentes nacionales e internacionales.

En este punto, es menester señalar que no es fortuito que esto de lo que hoy hablamos se lleve a cabo en Temoaya, y es que esta municipalidad tiene una historia importante en lo que a autogestión y gestión cultural se refiere, además de que ha enarbolado desde siempre sus raíces indigenas

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Habrá quien cuestione, si existen festivales culturales de gran envergadura en nuestro país ¿por qué es importante hablar de estos dos eventos? En principio, hay que decir que Ñathö, es uno de los pocos festivales organizados con recursos municipales en los que se privilegia la identidad y la cultura de los pobladores lugar, que cabe mencionar son en su mayoría otomíes.

Así, a lo largo de tres días, las distintas comunidades y pueblos originarios que forman parte de Temoaya, muestran lo más representativo de la música, danza, literatura y algunas otras expresiones artísticas tradicionales que se han mantenido vivas por generaciones.

Otro aspecto que hace diferente e indispensable al “Festival de las culturas”, además de la incorporación de agrupaciones artísticas internacionales, es que el grueso (me atrevería a asegurar que el 90%) de su programación, está conformada por grupos creados en cada una de las poblaciones antes mencionadas y que más allá del reconocimiento y “los reflectores”, tienen como motivación principal el orgullo de ser Ñahñu además la necesidad de conservar viva su identidad, que como ya señalaba mi querido Mario Vallejo en su espacio, es parte esencial de la vocación de los Festivales Culturales y en general, de los eventos organizado con recursos públicos.

Como ya mencionábamos al inicio, en el marco de esta festividad que celebra la cultura Otomí, ocurre un evento de rock que fue iniciativa de los “Shürgös”, agrupación Temoayense —también orgullosa de sus orígenes— que hizo lo que pudiera parecer impensable: solicitar a las autoridades los recursos (en un esquema de coparticipación) para la creación de un foro en el que las “bandas” locales pueden mostrar su trabajo, a la vez que comparten escenario con figuras importantes del rock nacional, como ha sido el caso de Disidente, Allison, Rubytates y La Gusana Ciega.

En conclusión, podríamos decir que “Ñathö, el Festival de las Culturas”, demuestra la importancia de integrar de manera real a la comunidad en las políticas públicas, además de que reivindica y reaviva parte de esa vocación (cada vez más ausente) de los festivales culturales: reforzar la identidad y difundir la cultura.

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