Es esencial que los niños sientan que sus emociones son válidas y aceptadas, que es algo natural. Al hacer esto, les estamos diciendo que está bien lo que sienten. Podemos hacerlo escuchándolos atentamente, mostrando empatía y evitando minimizar o ridiculizar sus sentimientos
Francisco “Pelos” Martínez
¿A cuántos nos ha pasado que nuestro hijo hace berrinche en medio de algún lugar concurrido y sientes las miradas de todos ante tal acto? ¿Qué haces? ¿Cómo reaccionas? ¿Tratas de guardar la calma? Bueno, lo primero que debemos saber es que las emociones son una parte fundamental de nuestra vida y es importante que los pequeños aprendan a entenderlas y gestionarlas desde temprana edad. Por eso, en esta ocasión, rescataré algunos puntos importantes que mencionan los psicólogos infantiles, sobre cómo podemos ayudar a los niños en la maduración de sus emociones. Créanme, enseñarles habilidades de regulación emocional nos ayuda a no andar con los pelos de punta.
Lo primero que nos debe de quedar claro, es que a medida que crecen, los pequeños enfrentan una amplia gama de emociones y necesitan aprender a entenderlas y manejarlas de manera saludable. Por ejemplo, el primer paso para ayudar a los niños en la maduración de sus emociones es fomentar la conciencia de ellas. Esto implica ayudarles a identificarlas y nombrarlas. Podemos hacerlo al poner palabras a lo que están sintiendo, preguntándoles «cómo te sientes» en diferentes situaciones y brindándoles ejemplos de estas.
La lectura de libros infantiles que aborden este tema también puede ser una herramienta útil. Hay muchas propuestas al respecto como: El gran libro de las emociones de María Menéndez Ponte; Los monstruos y sus sentimientos, en el que podrás aprender y colorear; Soy más fuerte que la ira de Elizabeth Cole; No soy un monstruo de Shinsuke Yoshitake, entre muchos más.
Es esencial que los niños sientan que sus emociones son válidas y aceptadas, que es algo natural. Al hacer esto, les estamos diciendo que está bien lo que sienten. Podemos hacerlo escuchándolos atentamente, mostrando empatía y evitando minimizar o ridiculizar sus sentimientos. Validar sus emociones les brinda seguridad emocional y les enseña a aceptar y respetar sus propios sentimientos. Esto, también puede generar una mejor comunicación con ellos.
Un momento clave de la maduración emocional es aprender a regularlas de manera saludable. Podemos enseñar a los niños estrategias como la respiración profunda, el contar hasta diez, el uso de palabras tranquilizadoras o la práctica de actividades relajantes, como el dibujo o la música. Estas habilidades les permiten calmarse y manejar sus emociones de manera constructiva. Y este punto es también válido para todos los adultos.
Justamente sobre nuestro papel, debemos entender que nuestra participación es fundamental en el desarrollo emocional de los niños, sobre todo, a través de nuestro propio manejo de las emociones. Es importante modelar un manejo saludable, expresando nuestras propias emociones de manera adecuada y utilizando estrategias de regulación. Mostrarles cómo lidiar con el estrés, la frustración o el enojo de manera positiva y constructiva, ya que esto les brinda un ejemplo a seguir. Debemos recordar que somos su punto de referencia y esto tiene gran impacto en ellos.
En resumen, ayudar a los niños en la maduración de sus emociones es un proceso vital para su desarrollo saludable. Fomentar la conciencia emocional, validar sus emociones, enseñar habilidades de regulación emocional y modelar un manejo saludable de las emociones, son estrategias clave en este camino. Al proporcionarles las herramientas necesarias para comprender y manejar sus emociones, estamos capacitándolos para enfrentar los desafíos de la vida de manera positiva y constructiva. Pero, sobre todo, acompañemos a los niños en su viaje hacia una madurez emocional sólida y brindémosles el apoyo que necesitan para crecer fuertes. De esta manera, hasta nos evitaremos andar con los pelos de punta.





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