De patrimonio cultural y de Tenancingo

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

La gastronomía mexicana es rica y variada, desde los famosos chiles en nogada hasta el exquisito embutido «Obispo» de Tenancingo. El municipio tiene potencial turístico y cultural, pero necesita apoyo gubernamental para impulsarlo

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

En no muy pocas ocasiones, en este espacio hemos hablado de gastronomía y su relación con la cultura, la historia, medio ambiente, e incluso con el turismo. Seguramente la mayoría de nosotros conocemos, al menos “de oídas”, los chiles en nogada. Algunos más hemos tenido la oportunidad de viajar exclusivamente a tierras poblanas para probar una de las tantas recetas de este delicioso alimento y, ya entrados en materia, conocer la historia de este envidiado alimento.

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Sucede que también conocemos la variada gastronomía de lugares como Oaxaca, que en los últimos años ha expandido su gusto en buena parte del país o al menos en este entorno inmediato que es el Valle de Toluca, donde hoy en día hay una buena cantidad de lugares donde comer una tlayuda o comprar los insumos para su preparación y ni hablar de los mezcales.

Ya de este lado, en este patrimonio cultural del Estado de México, la comida con reminiscencias prehispánicas como las que se elaboran en el Valle de Teotihuacán son un verdadero deleite. Los escamoles, hueva o “caviar” de esas grandes hormigas negras o rojas conocidas como chicatanas, los gusanos de maguey o los famosos chinicuiles acompañados con una salsa borracha, es decir, con pulque, son un manjar de los dioses en tierra de dioses.

Mientras que al otro lado de la entidad, en el municipio de Tenancingo, existe una interesante variedad de alimentos dignos de recordarse como el cada vez más reconocido “Obispo”, un embutido de pierna y vísceras de cerdo, sazonado con chile manzano, ajo cebolla, jitomate, sal y esa maravillosa yerba de olor conocida como epazote, todo ello dentro de la tripa del mismo cerdo. 

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El obispo puede ser normal como lo antes descrito; especial: con ingredientes y técnicas similares al obispo normal, pero adicionado con pasas, piñones, nuez, cacahuates y sesos; de pollo y al horno, es decir que se cocina en un horno subterráneo, con pencas de maguey, a modo de barbacoa. Si todavía no lo han comido, pues se han perdido de un rico alimento, amén de la curiosa historia de su origen y denominación.

Ya que andamos en este cálido municipio, resulta sorprendente que Tenancingo no se encuentre registrado como Pueblo Mágico que otorga el gobierno federal o, de menos, Pueblo con Encanto, por parte del gobierno estatal, y es que esta localidad cuenta con una buena cantidad de motivos para ser cualquiera de las dos denominaciones que implican apoyos para impulsar el desarrollo turístico y cultural.

El municipio cuenta con el sitio arqueológico del Cerro de La Malinche, en el que se encuentra un centro ceremonial localizado en la cima, así como terrazas habitacionales y diversas manifestaciones gráfico-rupestres (pinturas, petrograbados) ubicadas en otros perímetros del cerro.

Qué decir de la tradición textil, pues Tenancingo es reconocido por sus rebozos y en los últimos años, por la innovación que los productores han realizado a sus productos como la aplicación, más allá del rebozo, en zapatos y en la ropa de uso cotidiano como las corbatas.

De lugares para visitar, también se encuentra el Parque Nacional Desierto del Carmen donde se ubica el convento del Santo Desierto, construido por la orden de los Carmelitas descalzos en el siglo XVIII o el tradicional mercado y tianguis dominical donde se pueden encontrar los productos artesanales mencionados además del pan de Tecomatlán, los licores de sabores y los mezcales, sin olvidar las diversas flores de ornato que ahí mismo se producen.

En fin, que este lugar tiene todo el potencial para ser un destino turístico importante con la gestión y apoyos pertinentes que los ayuntamientos pasados apenas han logrado desarrollar, por ello es interesante conocer, en épocas electorales, las propuestas de gente joven, pero con experiencia y decisión como las que me comentó la candidata Andrea Nava Jiménez para fortalecer este sector.

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Dos propuestas simples: mejorar la imagen urbana de la cabecera municipal, punto de encuentro para otros lugares cercanos como el sitio arqueológico y el Santo Desierto y el apoyo a los artesanos a través de la construcción de un espacio para la comercialización de sus productos, además de la rehabilitación de los dos mercados municipales, atractivos del municipio porque uno de ellos, alberga a los cocineros del obispo.

En fin, que cada lugar tiene oportunidades de mejora, más allá de lo que se haya o no hecho en el pasado. Quizá un buen producto, auténtico y sin mayor pretensión, de manera orgánica tendrá éxito como es el caso del obispo, pero un empujón gubernamental nunca sobra para darlos a conocer y comercializarlos en favor de la cadena productiva, generadora de bienestar social.

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