Periodistas asesinados: Otra promesa incumplida del sexenio

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J. Israel Martínez Macedo - Demonios en directo

Los asesinatos de periodistas en México persisten durante la administración de López Obrador, incumpliendo promesas y afectando la libertad de prensa; la impunidad perpetúa la violencia

J. Israel Martínez Macedo / israelmartinez.com.mx

El asesinato de periodistas en México es una problemática persistente que ha impactado negativamente en la libertad de prensa y el derecho a la información en el país, durante la administración de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México, esta situación se ha mantenido a pesar de las promesas iniciales. El último caso, ocurrido en Chiapas, fue el del director del portal informativo “Realidades” y colaborador de Radio Fórmula, Víctor Alfonso Culebro Morales.

En su discurso de toma de protesta el 1 de diciembre de 2018, López Obrador fue categórico al señalar que no habría más asesinatos de periodistas, afirmando que esto se terminaría casi que por decreto presidencial; sin embargo, la realidad ha demostrado que tiene “otros datos”.

Según la ONG Artículo 19, han sido asesinados 46 periodistas durante la presente administración presidencial, apenas uno menos que en la administración anterior. El año más mortífero para los periodistas en el último cuarto de siglo, fue 2022 y el estado donde más periodistas han sido asesinados es Veracruz con 31 casos, mientras que con un triple empate, los estados de Chihuahua, Oaxaca y Tamaulipas comparten la deshonrosa segunda posición con 15 casos cada uno.

El Estado de México no ha quedado exento de esta situación durante la presente administración; Artículo 19 mantiene el registro del asesinato del periodista Nevith Condés Jaramillo, de El Semanario del Sur, el 24 de agosto de 2019: como el único ocurrido en este periodo, y que se suma a los otros tres registrados en territorio mexiquense desde el año 2000 (Hugo Sánchez Eustaquio, de La Verdad, el 19 de julio de 2000 así como Bonifacio Cruz Santiago y Alfonso Cruz Pacheco, ambos de El Real, el 8 de febrero).

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Al asumir la presidencia, Lopez Obrador prometió un cambio significativo en la protección de los periodistas y la garantía de la libertad de prensa; sin embargo y en contraparte, el Presidente ha sido el principal instigador de los ataques a la prensa, descalificaciones a la labor periodística cuando esta no le conviene a sus interés o afecta a personajes cercanos a su entorno llegando a crear, incluso, un espacio en sus conferencias matutinas para tergiversar la información de los medios nacionales cuando informan situaciones que no son del agrado presidencial.

A solo unos cuantos meses para que termine su administración, el presidente Andrés Manuel López Obrador se equipara a sus antecesores, Enrique Peña Nieto (47) y Felipe Calderón (48) Hinojosa respecto al número de periodistas asesinados en su periodo con la ligera diferencia que el tiempo de AMLO al frente del gobierno federal será menor por un par de meses, lo que para el registro representa el mismo número de muertes en un menor tiempo.

La retórica de AMLO sobre la protección de los periodistas no se ha traducido en acciones efectivas que garanticen el ejercicio de la profesión, más aún, los mecanismos existentes para la protección de periodistas, tanto a nivel federal como en el estatal e incluso, en los muy pocos casos donde también se considera en lo municipal, han demostrado ser insuficientes, ineficaces o prácticamente inexistentes.

En este sexenio que está a semanas de expirar, México se ratificó como el país que, no testando en guerra, se ha vuelto el más moral para el ejercicio del periodismo libre, una situación que levanta la preocupación de múltiples organizaciones no gubernamentales en el mundo cuya indignación apenas sirve de anecdotario para el gobierno federal y los poderes fácticos del país quienes, a final de cuentas, no se inmutan ante tales señalamientos; por el contrario se regodean en ellos.

La inmensa impunidad que existe en estos casos es uno de los principales factores que perpetúan la violencia contra los periodistas en México; la mayoría de los casos de asesinatos de periodistas no se resuelven, lo que envía un mensaje de que estos crímenes pueden cometerse sin consecuencias, aunque, para ser honestos, esta fruta no cae tan lejos del árbol de la sociedad mexicana en donde muy pocos crímenes llegan a juicio y reciben sentencia condenatoria.

Los altos niveles de corrupción en las instituciones de seguridad y justicia dificulta la protección de los periodistas y la investigación de los crímenes en su contra, los vínculos entre el crimen organizado y las autoridades locales y federales complican aún más la situación; el tema se vuelve más complicado de entender cuando los estudios señalan que dentro de los principales agresores de los periodistas se encuentran las propias autoridades locales que en un absoluto abuso de poder llegan a formar parte del problema y no de la solución.

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El avance que ha tenido el crimen organizado en todo el país ha convertido el trabajo periodístico en algo muy complicado; en algunas regiones, los medios han decidido, como parte de sus políticas editoriales, no informar sobre las acciones de esos grupos delincuenciales privilegiando las seguridad por encima de la labor social de estar informados, en muchas ocasiones, bajo el entendido de que aún informando, las autoridades locales no harán nada, ya sea por desinterés, temor o incapacidad; al cabo el resultado el mismo.

Lo más triste de todo es que la gente percibe esta situación como un problema exclusivo de los periodistas, un asunto que no les compete o no les afecta de ninguna manera; nada más equivocado. La agresión a un periodista para tratar de silenciarlo en algún tema, significa que igualmente existe un individuo o un grupo interesado en que ese tema no se sepa porque puede ser ilegal, inmoral o simplemente afecta a su intereses; al lograr silenciar las denuncias, los agresores alcanzan la impunidad de sus crímenes o acciones afectando los intereses de la sociedad, de la gente.

Que los periodistas decidan dejar de publicar para mantener su seguridad, significa que no cuenta con el respaldo de la sociedad o de la comunidad en la que vive para denunciar estas acciones, por el contrario, ha sido abandonado a su suerte si es que algo le llegara a pasar y, muy seguramente, también en un acto de autoprotección para evitar involucrarse con algún grupo criminal o meterse en el camino de alguna autoridad corrupta y vengativa.

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La violencia contra periodistas en México es una crisis que pone en riesgo no solo a los profesionales de la información, sino también a la democracia y el derecho de la sociedad a estar informada para tomar sus propias decisiones. A pesar de las promesas, la administración del presidente Andrés Manuel López Obrador no ha logrado, ya no digamos reducir, si quiera frenar esta ola de violencia contra los periodistas; por el contrario, en ocasiones parece que la alienta, incluso, a veces, desde las voces de porristas disfrazados de periodistas se acercaron a las mieles del poder y hoy venden sus comentarios y fomentan es escarnio social, ahora llamado por moda “funeo” en las redes sociales.

Los asesinatos de periodistas como Nevith Condés Jaramillo en el Edoméx o el más reciente caso de Víctor Alfonso Culebro Morales en Chiapas, son un recordatorio doloroso de la vulnerabilidad de quienes se dedican a informar y de lo solitaria que puede llegar a ser esta labor a pesar del beneficio que representa para la ciudadanía.

Para el gobierno lopezobradorista, la cifra es la evidencia de una de tantas promesas incumplidas de campaña; una muy dolorosa porque involucra carreras truncadas, familias destruidas y comunidades dañadas; y aunque muchos podrán no estar de acuerdo, en lo personal, me parece que la esencia de la democracia no se encuentra en la posibilidad de acudir a las urnas sino en la libertad de poder expresar lo que cada uno piensa con la garantía de al menos haber sido escuchado sin que eso termine significando la muerte y, en ese sentido, si hay una herencia que deja esta administración que está por terminar, si hay un legado de este gobierno para el país, esa es el terrible retroceso de la democracia y sus valores.

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