Desde temprana edad estamos expuestos a diferentes tipos de expresiones culturales en todos los espacios, públicos y privados en los que nos desarrollamos, incluidos los corridos de Peso Pluma
“Si hay niños coreando mis canciones es por la irresponsabilidad de sus padres” palabras más o menos fueron las declaraciones del cantante de corridos tumbados Hassan Emilio Kabande mejor conocido como “Peso Pluma” ante las crecientes críticas a la influencia que sus líricas tienen en niños y adolescentes.
Más de uno, está de acuerdo con sus aseveraciones considerando que es el hogar el primer responsable de ofertar los componentes del bagaje cultural que poseemos.
Pero es más que obvio que no es así. Desde temprana edad estamos expuestos a diferentes tipos de expresiones culturales en todos los espacios, públicos y privados en los que nos desarrollamos.
La escuela, el barrio, el transporte público, los negocios y otros tantos lugares reproducen música variada sin permiso o consenso de la gente que los frecuenta, contribuyendo a la exposición de las infancias a cualquier tipo de género musical.
Así que no, no solo es cuestión de irresponsabilidad paterna aquello de la oferta y la demanda en el ámbito cultural cuando detrás de ésta hay claros mecanismos de compra- venta.
Lo que sí es responsabilidad directa de padres y tutores es la orientación que pueda darse a las infancias sobre dichas expresiones culturales.
Recalquemos la palabra orientación y no supongamos que eso significa imposición. Las estructuras culturales de las infancias y adolescencia s a nuestro cargo deben ser primero que nada respetadas por los que nos autonombramos adultos responsables.
El derecho a la expresión cultural es una garantía individual e internacional y hay que procurar su fomento y reconocimiento.
En ese marco, infancias y adolescencias deben recibir apoyo y respeto para expresarse culturalmente pero también una orientación clara sobre las implicaciones sociales que han generado tales expresiones.
Dicho sea de paso, etiquetar a unas manifestaciones culturales como mejores que otras tampoco es la mejor de las formas de actuar.
He visto videos de maestros negándose a reproducir la polémica sesión Shakira y Bizarrap al considerarla ofensiva, mientras otros docentes aseguran “salvar a las nuevas generaciones del reggaeton” haciendo sonar en clases canciones de grupos de Heavy Metal, género musical que no está exento de letras misóginas y violentas.
Prohibir el acercamiento de un niño a una expresión cultural bajo la imposición de etiquetas peyorativas es pernicioso e intolerante.
Si tanto nos preocupa que infancias y adolescencias consuman tal o cuál producto primero debiéramos ofrecer alternativas que consideremos más adecuadas para ellos, pero reconociendo que la elección final será suya.
Tampoco se trata de coartar la libertad cultural del espacio público y unirse a una cruzada prohibiendo productos culturales so pretexto de evitar males sociales.
Los que hoy se indignan ante las narco música, ante el reggaeton, ante el corrido tumbado parecen no reconocer que cada uno pertenece a la cultura de grupos sociales que han vivido justo lo que cantan, vidas en circunstancias que estamos lejos si quiera de imaginar- no digamos ya de reconocer- que existen y se manifiestan, en condiciones sociales que se nos hace más cómodo criticar y denostar que combatir.
La distribución de la música de Peso Pluma no es exclusiva de los padres de familia, pero sí lo es asegurarse de promover el respeto a toda forma de cultura, incluida la que sea que decidan tener las nuevas generaciones y ofrecer explicaciones y alternativas. Y tal vez sean esas explicaciones y alternativas las que no están dispuestos a dar esos adultos de los que se queja el cantante.



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