El amor al arte convierte a la gestión cultural local en uno de los trabajos más sencillos en tanto que se invita a los artistas, se selecciona y se coordina su participación sin ofrecerles algo a cambio
Angélica Vargas
Próximos están en el calendario cultural los festivales de Otoño, que atraviesan a las administraciones locales y a la estatal.
Entre septiembre y noviembre se celebran en nuestra entidad festivales que se han afianzado en el gusto del público en general por incluir expresiones de las más diversas.
El De las Almas, el Quimera, el Del Alfeñique y el más reciente De Todos Santos son, entre otros, los que se avecinan y las convocatorias para atraer al talento artístico han comenzado a publicarse.
Quienes atienden a esas convocatorias deben presentar una serie requisitos para acceder al escenario que se ofrecen en cualquiera de las disciplinas a mostrar.
Lo interesante, es que la mayoría de estas, no especifican qué es lo que obtendrá el o los artistas por su participación.
Hay una frase muy usada, casi de manera despectiva para hablar de quien hace algún trabajo sin remuneración por el gusto a la propia actividad, hacer algo “Por amor al arte”.
Parece que los organizadores de estas festividades se toman muy a la letra ese dicho porque al ofrecer un espacio de exposición a los artistas sin más que un reconocimiento en papel, los hacen partícipes de esa mecánica en la que su arte no es recompensado.
Por amor al arte, actores, bailarines y músicos se desplazan, costean sus insumos y se encargan de presentarse en estos espacios únicamente por la oportunidad de tener una mayor exposición.
Pintores y escritores se acercan a presentar sus trabajos sin más estímulo que tener un foro de participación.
El amor al arte convierte a la gestión cultural local en uno de los trabajos más sencillos en tanto que se invita a los artistas, se selecciona y se coordina su participación sin ofrecerles algo a cambio.
Sin asegurarse que los artistas a presentarse tengan las condiciones para su presentación y cubriendo en ocasiones el mínimo de apoyos como traslado y desentendiéndose incluso de lo básico como la alimentación de sus invitados.
Por el amor al arte hoy muchas personas se sacrifican pero también muchas desisten de practicar una de las bellas artes ante el panorama que les dice que sus horas y horas de práctica disciplinada tiene como recompensa solo un reconocimiento que avale esa participación.
Por el amor al arte, como consumidores de cultura también deberíamos exigir para esos artistas un mejor trato y un pago adecuado por sus servicios.
Porque un pago adecuado es verdaderamente apreciar ese esfuerzo.
Verdadero amor al arte.





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