“Precampaña” en Morena: que inicien los juegos del hambre

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J. Israel Martínez Macedo - Demonios en directo

El Consejo de Morena no había terminado de anunciar sus reglas cuando las corcholatas ya las habían quebrantado. El proceso de selección deja tantos huecos en su reglamentación que todo queda a las buenas intenciones de los participantes para respetarlas

Uno de los acuerdos que más ha llamado la atención en el anuncio del Consejo de Morena para la precampaña no oficial de sus aspirantes a la candidatura por la Presidencia de la República en 2024 es el punto siete que se refiere a la imposición de no hablar con medios que “reaccionarios, conservadores y adversarios de la Cuarta Transformación o partidarios del viejo régimen” pero eso no indica nada y augura una justa de proporciones épicas con reglas tan ambiguas como imposibles de vigilar.

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Al respecto Marcelo Ebrard, ha dicho abiertamente que no considera que ese acuerdo pueda cumplirse y, por lo tanto , dará declaraciones en todos los medios sin distinción; en todo caso, invitó a que se realice una relación de nombres de aquellos medios a los que no se pueda acudir y consideró que eso sería un absurdo para el partido, por lo que, prácticamente, desactivo la censura que anticipaba el Consejo.

En una acción un tanto similar, Claudia Sheinbaum aparece esta semana en la portada de la revista Forbes. Medio de origen estadounidense, especializado en negocios y finanzas, contrario a la ideología de la austeridad republicana que predica la 4T, calificaría fácilmente entre los medios “reaccionarios” en los que no se podía aparecer.

No pasó ni un solo día para que los propios aspirantes a la candidatura de Morena rompieran las reglas que su propio partido estableció… rompiendo, a su vez, las reglas que la legislación en la materia electoral establece sobre tiempos para precampañas y campañas. No era de esperar que un partido que promueve y aplaude el incumplimiento de la ley, de repente, exigiera a sus militantes que respeten sus propias reglas.

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Por si eso fuera poco las reglas de Morena son lo suficientemente ambiguas para esperar que todo pueda suceder en este proceso por la ansiada candidatura. No es cualquier cosa lo que está en juego. Con la desorganizada alianza entre PRI, PAN y PRD se percibe al ganador de esta competencia “interna” como el ganador de facto de la elección de 2024, aunque esto no resulte necesariamente así.

Los aspirantes a suceder a Andrés Manuel López Obrador en el poder, estarán muy ansiosos y buscarán por todos los medios obtener la nominación que los acerque a prácticamente un mero formalismo electoral de asumir la Presidencia de la República en octubre del año que viene, y los acuerdos del Consejo de Morena permiten prácticamente cualquier cosa, por ejemplo: el tope de gastos que se limita a pedir, casi por el amor de Dios, que sean austeros, sin definir exactamente a partir de cuánto se considera que un gasto es oneroso y hasta donde llega la austeridad.

Tampoco se ha indicado si Morena proveerá los recursos necesarios para que los aspirantes puedan realizar sus recorridos por todo el país a partir del próximo lunes o si estos deberán solventarlos de su propia bolsa o si puedan contar con el apoyo de patrocinadores que, eso sí, deberán acompañarlos de manera desinteresada en este camino hacia la Presidencia del país, como han hecho siempre las caritativas almas de los empresarios en estos casos.

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Las reglas de Morena estaban rotas desde antes de su anuncio; el punto dos señala que los aspirantes deben apegarse a la legalidad, pero realizar actos anticipados de campaña ya los obliga a todos a romper esta regla. El solo hecho de registrarse para un proceso interno de selección de candidato sin que se haya declarado formalmente el proceso electoral por parte del INE, los lleva a todos a no estar apegados a la legalidad.

Podrán realizar “asambleas informativas” pero eso sí, no pueden descalificar ni hablar mal de ninguno otro de los contendientes de Morena; esto es, digamos, como que no se podrá hablar de las pésimas condiciones en que se encuentra el Metro de la Ciudad de México o que el tema de la seguridad interna del país es un asco; porque ello podría interpretarse como ataques a Claudia Sheinbaum o Adán Augusto López, por ejemplo.

Al participar todos se comprometen a no solo respetar sino hasta a respaldar el resultado final del proceso además de brindar su apoyo a quien resulte nombrado como coordinador en defensa de la 4T, este eufemístico cargo inventado en Morena para poder justificar el nombramiento de un precandidato para el siguiente proceso electoral.

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También se formalizan la alianzas entre los partidos que acompañarán a Morena. El partido oficialista le cedió un espacio para participar a cada partido con los que se ha aliado tradicionalmente; de esta manera se asegura que estos no intentarán una jugada de último minuto para romper la alianza. Juega con ellos y les ofrece un hueso para que se entretengan mientras sienten que participan en “el banquete de los grandes”.

Manuel Velasco irá por el Partido Verde sin que haya existido un mecanismo de selección interno; la democracia no es una buena amiga cuando se trata de tomar la oportunidad que la vida jamás le volverá a dar al representante de “los tucanes de Chiapas”: no será candidato pero podrá poner en su CV que al menos estuvo en la lista final.

Lo mismo ocurrirá con Gerardo Fernández Noroña, no queda claro cómo fue seleccionado para participar pero, con ello, deberá callar en sus constantes reclamos de no haber sido tomado en cuenta para el proceso, después de todo, está en las reglas que al finalizar el proceso deberá respetar y respaldar al ganador; la manera más sencilla de silenciar a quien desde adentro era una voz crítica del movimiento del “compañero Presidente” como él lo llama.

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Ahora habrá que esperar a ver si el de Morena se trata de un proceso legítimo de selección o se vuelve, de nueva cuenta, una espectáculo de magia electorera en el que la mano se vuelve más rápida que la vista y el dedo que todo lo ve nos revele al elegido a la vista de todos, antes de que nos podamos dar cuenta de cómo fue el truco que lo hizo posible. Una encuesta por aquí y otra por allá serán suficientes para legitimar al ganador y todos tranquilos.

Mientras tanto, de aquí al 27 de agosto, fecha en que se cierra el periodo de promoción de los aspirantes, podemos esperar que pase de todo y algo más. Los morenistas no se caracterizan precisamente por respetar o hacer respetar las reglas así que será interesante observar hasta dónde están dispuestos a llegar para lograr su objetivo. En Morena se alista una lucha épica en la tierra de nadie donde la única regla que vale es que no hay regla que valga.

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