Aunque la derrota del domingo parecía estrepitosa, los fríos números de la votación indicarían que PRI y PAN mantuvieron su nivel de votación sin mayores cambios en seis años, no así el PRD que se enfrenta a la extinción en la entidad tras la fuga de militantes de 2018 de la que no se pudo recuperar a tiempo
El proceso electoral del Estado de México concluyó con una cubetada de agua fría para la coalición “Va por el Estado de México” que aún no se sacude la sensación de espasmo sobre el cuerpo, mientras “Justos hacemos historia” celebraban afuera de la que por 94 años fue la casa del priísmo estatal. La derrota resultó muy dolorosa y el impacto atronador pero a toro pasado y con mayor calma, los resultados podrían no ser tan malos para ellos.
El Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) cerró su cómputo con la totalidad de las actas capturadas y los resultados no fueron el desastre que se pensó inicialmente. Claro que el impacto de la derrota magnificó los hechos al calor del momento y el panorama pareció desolador, influido también, en buena medida, por la construcción del discurso de todo o nada previo a la elección, el discurso de que el resultado implicaba la supervivencia o la muerte del priísmo.
Los números finales arrojan datos que vale la pena destacar. El primero de ellos es el discurso de que para ganar bastaban 3 millones de votos: ambas pudieron haber alcanzado la cifra y aún así, una de ellas haber perdido; no fue el caso pero era posible que si la elección se hubiera cerrado más; los 6 millones 214 mil 217 votos totales se repartieran más equitativamente y definir por una diferencia de hasta 100 mil votos.
Otro dato interesante es que la lista nominal está constituida por dos terceras partes de la población del Estado de México, esto significa que, dada la participación de 50.1 por ciento en la elección del 4 de junio; la determinación de quién asumirá el control y responsabilidad del destino de 18 millones de mexiquenses por los próximos seis años la tomó apenas una tercera parte de esa población.
Aunque a los largo de la contienda se criticó y cuestionó el papel de las encuestas, al hacer la revisión final resulta muy interesante la forma en que se fueron presentando sus mediciones pero, sobre todo, la manera en que se contrastan con los resultado finales de la elección que, siempre se dijo; es la encuesta que realmente vale.
Según Enkoll, la futura gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez cerró el año 2022 con 55% de las preferencias electorales y empezó 2023 con 56%; terminó la elección con 52.6% de los votos. Dado que este dato se obtuvo antes de que se concretara la alianza con el PVEM, esto nos lleva a uno de solo dos escenarios posibles: 1. El PVEM aportó un promedio del mismo número de votos que de manera natural la morenista perdería al haber llegado a su tope tan rápido o 2. El PVEM no aportó nada sustancial a Gómez Álvarez quien perdió un mínimo de apoyos. Imposible determinarlo al no tener el número exacto de votos al PVEM.
Por el lado de Alejandra del Moral, la misma encuesta de Enkoll indicaba que en diciembre contaba con 29% de las preferencias y en enero subió a 37%, los puntos porcentuales los obtuvo de quienes apoyaban a Juan Zepeda quien en diciembre contaba con 16% pero en enero se cayó hasta 7%. Revisando los datos en detalle; Alejandra aún crecería 7 puntos en cinco meses pero ya no podía esperar subir demasiado por los votos de quienes apoyaban a Juan Zepeda cuando este abandonó porque ya los había recibido a principios de año.
Al arranque de las campañas, Mendoza Blanco & Asociados reportaba 58.9% de las preferencias para Delfina Gómez y 41.1% para Alejandra del Moral. El 2 de mayo, la encuesta de Enkoll colocaba a Delfina Gómez con 60% y a Alejandra del Moral con 40% mientras que para finales del mes, en la misma medición de Enkoll, la morenista mantenía un 59% mientras que la priista alcanzaba el 41% que las dejaba muy cerca del resultado final de la votación con 52.6% y 44.3% respectivamente.
Con esta información, revisada desde que inició formalmente el proceso electoral en enero de este año y hasta el día de las votaciones es posible concluir que prácticamente no hubo una diferencia sustancial en los números de las preferencias electorales respecto al resultado final reportado en el PREP, esto solo significa que la estrategia de campaña de Delfina Gómez fue eficiente en el objetivo de no perder la ventaja con la que arrancó mientras la de Alejandra del Moral no consiguió el objetivo de hacerla crecer entre el electorado de los indecisos ni tampoco logró “robarle” votos a su contendiente.
Por otro lado, la poca participación de los ciudadanos en el proceso electoral (el porcentaje total de participación fue de 50.13%, apenas inferior a la de 2017 en donde alcanzó 52.49%) apunta solo a dos direcciones; la primera: que ninguna de las dos campañas logró prender entre la gente que de antemano no formaba parte de los seguidores de cada candidata o la segunda, como se ha comentado en conversaciones de cafetería, que no se logró diferenciar a una de otra candidata, es decir, que en la percepción de los votantes ofrecían básicamente lo mismo por lo que daba igual apoyar a una, a otra o a ninguna.
Respecto a los partidos, es obvio que PRI, PAN y PRD se quedaron muy lejos de sus propios objetivos pero es aquí donde aparecen los datos más interesantes: con sus 701 mil 573 votos, el PAN se quedó muy corto de la meta autoimpuesta de un millón, pero subió un poco respecto a los 654 mil 68; el PRD fue el que más fuerte resintió el impacto, mediado por el golpe de la fuga de militantes en 2018 para apoyar a López Obrador; cayó de 1 millón 031 mil 791 votantes en 2017 a apenas 183 mil 227 el domingo pasado, poniendo en riesgo, incluso, su registro al representar 2.95% de la votación quedando a 5 centésimas de lo necesario para evitarlo.
El caso del PRI es peculiar porque tras el resultado se especuló que los tricolores habrían abandonado a su candidata. Los números desmienten la afirmación: en 2017 los priistas obtuvieron una votación final de 1 millón 805 mil 663; seis años después, en este proceso alcanzaron una votación de 1 millón 750 mil 795, técnicamente han mantenido su estructura electoral intacta (sí, también eso implica que no la han logrado hacer crecer) lo que representa que no han perdido la fuerza con que contaban.
El crecimiento más importante lo tuvo Morena, que en cinco años no perdió el apoyo de los perredistas tránsfugas de 2018 y que, además, se mantuvieron fieles a los designios presidenciales apoyando a la candidata. En 2017 Delfina Gómez obtuvo 1 millón 786 mil 962 participando sin alianzas, mientras que el domingo obtuvo 2 millones 187 mil 099 votos a su favor (aunque todos sabemos que sería un poco más, porque la parte proporcional que le aportó al Verde y al PT está “inflada”).
De esta forma, el crecimiento de Morena de 2017 a 2023 no representa forzosamente que el PRI y el PAN se hayan debilitado, más bien responde al impacto que tuvo la fuga de militantes del PRD en la elección presidencial de 2018, de la cual no se pudo recuperar en seis años y que lo ha colocado al borde de la pérdida del registro como partido estatal en el Edoméx. No obstante, deben recomponer pronto el camino porque fueron avasallados en 93 municipios y la de 2024 será una elección muy compleja, la primera local en la entidad sin un gobernador detrás que impulse a los tricolores.




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