La búsqueda era el placer sexual, no el tener hijos. Las relaciones afectivas se ven seriamente dañadas por el acontecimiento. La ruptura o el distanciamiento en la relación son casi inevitables
Alma R. Bernal Trujillo / @AlmaBer03976513
El despertar sexual normal con frecuencia induce de manera casi inevitable a los hombres y a las mujeres jóvenes a que tengan acercamientos sexuales, primero con cierta timidez y paulatinamente con más “atrevimiento”, hasta culminar en una relación sexual completa. Busca satisfacer el muy legítimo deseo sexual, rompiendo con ello muchas de las prohibiciones sociofamiliares y religiosas relacionadas con la vida sexual. Se instala una verdadera lucha por permitirse hacer algo que no se “debe”, por contrarrestar la angustia y el sentimiento de culpa.
Por lo mismo, es usual la experiencia improvisada, irreflexiva y que no mide consecuencias inherentes a la relación sexual (el embarazo); por ello expone a la pareja a que este se presente.
Resultado habitual de estas furtivas relaciones sexuales es el embarazo no deseado ni planeado. Con ello, lo que era un intento de libertad, legitima desobediencia y natural acercamiento a las fuentes del placer sexual, se torna frustración, angustia, culpa, desesperación y sensación de que ese es el merecido “castigo”, por haber desobedecido a las normas prohibitivas que al respecto se manejan.
La búsqueda era el placer sexual, no el tener hijos. Las relaciones afectivas se ven seriamente dañadas por el acontecimiento. La ruptura o el distanciamiento en la relación son casi inevitables. Lo habitual es que la mujer se vea en el penoso caso de tener que decidir por ella misma si tendrá el hijo o no.
Si decide tenerlo, ella deberá enfrentar a la familia, amistades y sociedad, sin que haya quien le preste la ayuda afectiva y el respaldo moral absoluto que se necesita. Incomprensión, reclamos, amenazas, golpes, pueden ser la regla, y es común un matrimonio forzado, inoportuno y no deseado.
Si decide no tenerlo, buscará quién le practique un aborto y ello la expondrá a situaciones clandestinas, atención deficiente y a muchos riesgos en contra de su vida o secuelas por la intervención. Con o sin el apoyo del padre del niño, también puede verse comprometida u obligada, “por los dictados de su conciencia”, a tenerlo.
De cualquier forma, con o sin marido, traerá a un hijo no deseado. Durante el embarazo tratará de ocultarse, se sentirá tanto moral como socialmente descalificada y fracasada. Existirán frases como “me lo merezco por caliente” y la familia se sentirá defraudada, además estará convencida de que “ya no es como las demás mujeres” y que para ella la vida no le puede ofrecer ni motivos ni ilusiones y mucho menos esperanzas.
Esconderá al niño, lo considerará el culpable de todas sus desgracias que han caído sobre ella. Su trato hacia él o ella, será agresivo, poco cariñoso, indiferente e irrespetuoso; puede darlo a terceras personas para que se hagan cargo de él, temporal o definitivamente; tratará de tenerlo encerrado, sin amigos, sin que sus familiares ni sus amigos convivan con él.
Sus enfermedades, necesidades alimenticias, higiénicas y de vestido, serán atendidas de una manera no muy agradable y con poco interés, los padecimientos de salud no serán atendidos de la mejor manera, lo que provocará que puedan llevarlo a la muerte.
Los regaños y los castigos serán excesivos, incluso las palizas serán exageradas y muy agresivas, lo cual dará origen al “síndrome del niño golpeado”; la atención que reciba el niño o la niña por parte de la madre será más de compromiso y de mala gana, que motivada por algún interés afectivo genuino.
Es el caso de las madres que llevan a la tortillería, al mercado, a la iglesia o en el camión; e indescriptiblemente lo dejan olvidado en cualquiera de estos lugares y, en el momento de encontrarlo, en lugar de mostrar felicidad y afecto para calmar la angustia del niño, recibe un regaño por lo distraído y lo tonto que es; “solo sirves para darme problemas, maldita la hora en que naciste, hubiera preferido que te murieras, eso te pasa por tarugo”.
Para todas aquellas personas que nacieron “por accidente”, será un verdadero reto, el entender y aceptar el origen real de sus problemas; ya que nacieron sin haber sido deseados.






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