La temporada de lluvias requiere precaución en todas las zonas del país, el huracán Beryl ha pasado por la península de Yucatán, con riesgos significativos
José Javier Niño Martínez / @JosJavierNioMa1
La semana pasada en este espacio de opinión abordé el tema de la llegada de la temporada de lluvias a territorio nacional y las medidas de precaución que se recomiendan a la población en caso de que las precipitaciones sean extraordinarias o que superen la capacidad disponible en la infraestructura urbana.
Es común suponer que las localidades costeras tengan mayor riesgo de afectación que aquellas que se encuentran en el centro o el norte del país; sin embargo, los núcleos metropolitanos más importantes no están exentos de sufrir graves daños que pueden incluso poner en riesgo la integridad de la población, ya sea por deslaves o desbordamientos de ríos o por colapso de la infraestructura vial.
En pocas palabras tanto en los litorales del país como en el centro del territorio nacional es pertinente mantenerse alertas y consolidar la prevención y la protección civil a través de estrategias coordinadas entre la población civil y las autoridades en los distintos niveles de gobierno.
A partir de la premisa anterior, resulta relevante analizar la inminente entrada a territorio nacional del huracán Beryl, mismo que impactará a la península de Yucatán, principalmente a los municipios de Tulum, Solidaridad y Cozumel, en el Estado de Quintana Roo.
Este fenómeno metereológico ha sido monitoreado por los especialistas nacionales e internacionales por su magnitud en su paso por el Caribe, generando alta preocupación entre las autoridades estatales y el gobierno federal; sin embargo, afortunadamente en los reportes más recientes se ha observado una disminución en su fuerza, siendo catalogado como categoría 2 en la escala de huracanes de Saffir-Simpson; no obstante, aún así se esperan olas de hasta 7 metros de altura y vientos de hasta 140 kilómetros por hora, por lo que representa un alto riesgo para la población local y los visitantes.
Los efectos de estos fenómenos metereológicos pueden representar retos muy difíciles de enfrentar para gobiernos y poblaciones que carezcan de estrategias de fortalecimiento de la protección civil y que al mismo tiempo no dispongan de los recursos financieros para atender emergencias.
El año pasado el puerto de Acapulco enfrentó una situación de muy alta emergencia con el huracán Otis, cuya magnitud sorprendió a las autoridades y poco se hizo para prevenir la destrucción. Como consecuencia de este evento, hasta el día de hoy se siguen reconstruyendo colonias en la periferia del puerto y algunas comunidades aledañas se mantienen con poca comunicación terrestre, de igual manera la infraestructura hotelera y los servicios turísticos siguen sin poder alcanzar el nivel de actividad que tenían hasta antes de Otis.
Enfrentar de forma exitosa estos retos no es sencillo, pero como se mencionó al inicio del texto, resulta indispensable la prevención entre la población, la coordinación entre las autoridades y los medios económicos para la reconstrucción en caso de que sea necesario.
Ojalá en un futuro no tengamos que arrepentirnos de no contar con un instrumento como el FONDEN (Fideicomiso Fondo de Desastres Naturales), que permitía atender emergencias de este tipo y que fue desaparecido recientemente por el gobierno federal.






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