“De lengua me como un taco”
Refrán popular
Carlos Mota Galván / @CarlosMotaG
El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador se ha mostrado siempre proclive al gobierno ruso, lo mismo invitándole a que participe en sus desfiles que firmando convenios para la cooperación en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre o, en el colmo, poniéndose de su lado en el conflicto donde esta nación está buscando masacrar a su vecina Ucrania, bueno, llegó incluso a comprarle 20 aeronaves para uso militar el año pasado.
Aprovechando este gusto presidencial por la cultura rusa, vemos que en la práctica ha asumido rasgos semejantes a los de algún personaje de la literatura de aquella región que tal vez leyó o le contaron en su niñez, un personaje creado por Sergei Prokofiev, mundialmente conocido en el cuento “Pedro y el Lobo”, el cual, como sabemos, se la pasaba mintiendo en toda ocasión hasta que, cuando dijo la verdad, ya nadie le creyó. Así pasa con el presidente azteca a quien ya nadie le cree nada, salvo claro, sus esbirros o beneficiarios directos, y no se sabe a ciencia cierta cuándo busca ayudar a otros que no sea a él mismo.
AMLO ha anunciado que está preparando dos reformas más: la primera para que el salario aumente siempre más que la inflación y, la segunda, para garantizar que los trabajadores se retiren con el mismo salario que devengaban cuando estaban en activo. Ambas propuestas, loables en verdad son, a ojos de especialistas ,inviables de realizar pese a que incluso los partidos de oposición afirman que apoyarían dicha propuesta siempre y cuando primero se aclare cuáles serían las fuentes de financiamiento y que no se toque a las administradoras de Fondos para el Retiro (AFORE) vigentes.
Dicen que “la mula no era arisca pero que los palos la hicieron”, de ahí que dicha propuesta ha despertado suspicacias en el sentido de que en realidad lo que pretende López Obrador es hacerse de los 5.8 billones de pesos que administran las AFORE en 70 millones de cuentas individuales, lo que representa 20 por ciento del PIB. Esta propuesta, dicen, resulta poco viable porque propone que el sector patronal aporte un porcentaje aún mayor al convenido en la reforma de 2021, lo que en teoría también haría el gobierno federal quien acompañaría el aumento de las aportaciones patronales con las suyas.
En la práctica los empresarios no podrían aportar este incremento sin que se propicie una distorsión del mercado, reduciendo la capacidad de creación de empleos formales con los informales y reduciendo el potencial productivo. Por su parte el gobierno federal no tiene tampoco la capacidad de hacerlo sin una reforma fiscal integral, aunado a ello hay que tener presente el deterioro previsto de las finanzas públicas para este año y que será un dolor de cabeza para la siguiente administración, gane quien gane.
Ante este panorama no resulta estéril cuestionarnos si dicha propuesta es para hacerse de los recursos que le permitan concluir con sus obras faraónicas que cada vez requieren más dinero y tienen menos fuentes de financiamiento o es solo para seguir promoviendo la imagen entre los suyos y otros más, de que el Presidente es bienintencionado y quiere lo mejor para sus compatriotas cuando en realidad solo sea un distractor que le abone más votos a su partido.
Por lo pronto las declaraciones escritas por Sanjuana Martínez, sepulturera de la agencia Notimex, donde revela que de la liquidación de la empresa “les exigían entregar 20 por ciento para la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum”, 50 millones de pesos aproximadamente, nos hace suponer que ambas interrogantes tienen sustento.





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