Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro fundador del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, conductor principal de diversos noticieros y programas informativos en el mismo. Conduce «Estrategia Pública» los martes a las 20:00 en Mexiquense Radio 1600 AM. Colabora en el canal de YouTube Trascendi Humanitas.
“Se aprende más abriendo los ojos que abriendo la boca. Recuerda que el sabio calla, el necio sigue hablando.”
La guerra económica de Estados Unidos contra la economía de mercado ha comenzado. Si bien desconocemos su duración y la amplitud que tendrá, una cosa es segura: ninguna región del planeta quedará exenta de sus efectos.
Las bolsas de valores en el mundo se han siniestrado desde el pasado 2 de abril, mientras Trump sigue tocando su lira, ufano por los efectos que ha provocado y jactándose de que líderes de cerca de 70 países ya le están «besando el trasero» —como él mismo lo definió—, suplicándole que les quite los aranceles impuestos, prometiéndole a cambio hacer lo que él quiera.
Todo esto forma parte del discurso “trumpista”, que solo busca promover su figura, sin que lo que afirma sea del todo cierto. Existe evidencia, en contraparte, de que muchos de los grandes empresarios que apoyaron su candidatura están considerando ya no seguir haciéndolo, luego de ver cómo se han evaporado prácticamente 11 billones de dólares por las políticas arancelarias impuestas por el presidente estadounidense. Entre ellos, Elon Musk, su asesor de súper lujo, ha intentado —luego de haber perdido personalmente 600 mil millones de dólares— que descarte tales acciones, sin éxito alguno, según The Washington Post.
Para colmo, las mil 400 manifestaciones contra esta política arancelaria celebradas en 50 estados de la Unión Americana en los últimos días demuestran que el votante empieza a darse cuenta de cómo también a ellos les afectará este pretendido nuevo orden mundial que Trump impulsa. Analistas de JP Morgan y otras firmas aseguran que hay una probabilidad superior al 60 por ciento de que la economía norteamericana entre pronto en recesión y arrastre al mundo con ella.
China, por su parte —a quien Trump impuso aranceles del 104 por ciento, haciendo totalmente impracticable el comercio entre ambas naciones—, reaccionó de inmediato y respondió que, con ellos, tales presiones o intimidaciones no funcionan, y que están dispuestos a enfrentarlos en el terreno que sea.
Cabe destacar que China es la nación poseedora del mayor número de bonos del Tesoro estadounidense y que, si se deshace de ellos, la consecuencia para el país de las barras y las estrellas podría alcanzar dimensiones altamente catastróficas, más aún si se pone de acuerdo con Japón y Gran Bretaña, quienes en conjunto poseen el 10 por ciento del total de estos bonos y ejecutan una venta masiva como estrategia.
Si bien China no cuenta con una moneda alternativa al dólar o al euro, debido a su prácticamente inexistente sistema financiero, tampoco tiene una dependencia significativa del mercado norteamericano: solo el 14.1 por ciento de sus exportaciones van a esa zona, y el 85.9 restante al resto del mundo. Además, conviene recordar que de cada 10 productos que se comercializan globalmente, tres son chinos y dos norteamericanos. Así que, en esta fractura comercial, China pierde, pero no tanto como otras economías.
Este panorama no es que Trump lo desconozca; es simplemente que le conviene ignorarlo para no parecer vulnerable ante sus ciudadanos. De ahí que, en caso de crecer las presiones bursátiles y la inconformidad ciudadana, podría intentar desviar la atención hacia otros derroteros que le han hecho tan popular entre los suyos, como sería implementar un combate frontal a los ahora denominados “terroristas” (narcos mexicanos), sin importar el lugar donde se lleve a cabo.
México se encuentra, como se ha vuelto costumbre últimamente, con la espalda contra la pared. El llamado de Sheinbaum a usar el patriotismo como elemento de defensa nos obliga a llenar con mucho aire nuestros pulmones para entonar con fuerza el Himno Nacional, tal como lo ha propuesto nuestra presidenta, para mostrarles que “con nosotros no se juega”.






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