Sociólogo especializado en el análisis de procesos políticos. Docente universitario en nivel licenciatura y posgrado.
Trump usa los aranceles como arma política, y México sigue sin respuesta efectiva. ¿Seguiremos esperando o nos prepararemos para la tormenta económica que viene?
Han pasado pocas semanas desde la toma de protesta de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos y, en estos días, algunos conceptos se han incorporado al lenguaje cotidiano, al parecer para quedarse por mucho tiempo.
El más recurrente es el de aranceles, cuya asociación con el proteccionismo económico parecía haber quedado atrás con el ascenso del libre comercio como eje de la integración económica y la globalización capitalista desde finales del siglo XX.
En el caso de Norteamérica, este proceso se cristalizó en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), firmado por Canadá, Estados Unidos y México en 1994.
Cabe señalar que, en su momento, la firma de este acuerdo comercial generó controversia entre distintos actores de la escena pública. En particular, la izquierda mexicana, así como parte del sector académico e intelectual, cuestionaron los supuestos beneficios de la apertura comercial.
Con el tiempo, las tres economías del norte del continente transitaron hacia modelos productivos cada vez más integrados, pese a las considerables disparidades en sus capacidades de consumo y producción.
Esto resultó beneficioso para algunos sectores, mientras que para otros implicó condiciones adversas. Al mismo tiempo, el mundo experimentó profundos cambios políticos y sociales con el ascenso de nuevas potencias económicas como China e India.
Durante su primer mandato, Trump obligó a revisar las condiciones del TLCAN, lo que derivó en la negociación de un nuevo acuerdo, conocido en México como el T-MEC. Esto pareció apaciguar momentáneamente las ansias de confrontación del expresidente y sus seguidores.
Es importante ubicar este cambio en los términos comerciales dentro de un contexto político estadounidense marcado por un giro radical hacia el conservadurismo, el cual ha resonado especialmente en una clase trabajadora blanca y con pocos estudios que lo ha respaldado en las elecciones presidenciales.
Los aranceles son tarifas impositivas aplicadas a bienes y servicios de distintos países. Suelen utilizarse como herramienta de política económica para proteger a los productores nacionales y, al mismo tiempo, representan una fuente de ingresos para los gobiernos.
Por ello, su uso es estratégico en las relaciones económicas internacionales y, en este momento, se ha convertido en una de las principales vías de negociación de Trump frente a sus socios y rivales comerciales.
Más allá de sus efectos económicos, el uso de los aranceles también tiene una vertiente política, pues suele emplearse para legitimar discursos nacionalistas. Tal parece que este es el verdadero trasfondo de las amenazas de Trump hacia México y Canadá. Pero mientras la niebla se disipa, más nos vale acostumbrarnos a un entorno de amenazas arancelarias constantes y a una retórica poco amigable por parte de nuestro vecino del norte.






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