Las acusaciones contra Alfredo del Mazo como responsable de la derrota por la vía de la negociación por parte del líder nacional del PRI, Alejandro Moreno, solo dejan ver que para este último es más importante salvar el pellejo que mantener la unidad con miras a la elección que sigue

La derrota priísta fue un trago amargo y doloroso para la militancia tricolor. El domingo todavía tenían la esperanza de ganar la elección; la futura decepción se alimentó con un falso mensaje de victoria de Alejandro Moreno, Marko Cortés, Jesús Zambrano y Alejandra del Moral, que ayudó a que los tricolores pensaran que había posibilidades de triunfo, que el resultado estaba cerrado pero pronto llegaría el impacto de la dura realidad.

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La página del IEEM no ayudó. Todo el domingo presentó intermitencias. Primero para ubicar las casillas y posteriormente para estar al pendiente de la sesión del Instituto. La falla ocurrió en el peor momento posible: el PREP anunciaba una ligera ventaja de Alejandra del Moral y cuando regresó, Delfina Gómez iba arriba en las preferencias y ya no perdió esa ventaja… Manuel ¿eres tú?

En el anuncio de la victoria, los tres presidentes nacionales (Alejandro Moreno, Marko Cortés, Jesús Zambrano) estuvieron presentes. En la derrota solo sus delegados, ellos volaron a Coahuila al festejo. Ahí surgió la prisa por encontrar culpables, como cuando los niños corren a acusar a su hermano porque saben que mamá no pregunta, solo castiga; la dirigencia nacional priísta se apresuró a señalar con el dedo al Palacio de Lerdo 300 y la militancia mordió el anzuelo.

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Las redes se inundaron de reclamos por la derrota, más que una autocrítica honesta en la que se reflexionara sobre los motivos de la derrota; se acumularon los reclamos al gobernador Alfredo del Mazo por no haberlo visto en la campaña ni haber estado en algún mitin haciendo presencia para terminar, de una vez por todas, con el rumor que se mantuvo como el fantasma de todo el proceso: la especulación sobre si ya estaba negociada la entrega del estado o no.

El rumor se dejó crecer, a nadie en la campaña se le ocurrió que matar de una buena vez ese rumor serviría para fortalecer a a candidata y ayudaría a que los priístas cerraran filas en torno a ella. Pese a todo, la militancia se mantuvo firme en su mayoría. Claro que hubo los que huyeron esperando encontrar acomodo en la nueva administración morenista porque “yo tengo un amigo que ya me dijo que él se lleva bien con alguien cercano a Delfina y me puede meter”, más si no había certeza de los hechos.

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Cuáles sean que hayan sido las razones por las que los estrategas de la campaña no hayan detectado el problema real que representaba la falta de certidumbre, el rumor sobre el actuar de Alfredo del Mazo se dejó crecer al grado de convertirse en verdad. Alguien faltó a la escuela el día que enseñaron en clase los principios de la propaganda y la máxima goebbeliana de: “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, se dejó crecer esa percepción y al final les reventó en la cara.

El doctor Paul Ekman, especialista en el estudio de las mentiras, señala que hay razones que favorecen la posibilidad de engañara a las personas; por ejemplo: si la mentira refuerza una creencia que la víctima de esta tiene previamente, es más fácil que la víctima acepte la mentira a que reconozca la verdad, básicamente es preferible tener la razón que reconocer que se ha equivocado o si la víctima de la mentira obtiene algún beneficio, también preferirá creer la mentira que señalarla como falsa.

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En el primer caso, parece que la militancia priista prefiere pensar que hubo una negociación de Alfredo del Mazo porque es más fácil aceptar la traición de una persona, que reconocer que en seis años no hubo trabajo para reforzar y hacer crecer las estructuras. Después de la aplanadora que resultó ser la elección de 2018, la recuperación de 2021 se entendió como un triunfo más que como una tendencia que había que seguir alimentando y, en consecuencia, no hubo un crecimiento real entre una elección a gobernador y la otra.

Así lo revelan los números del PREP: en 2017 el priísmo logró 1 millón 805 mil 663 votos y en 2023, 1 millón 750 mil 795. La diferencia es mínima a la baja, los priistas no aumentaron su base, no hicieron por ampliar su presencia en la sociedad y, en consecuencia, no tuvieron los votos necesarios para ganar la elección, pero es más fácil que desde la dirigencia nacional Alejandro Moreno busque y señale a un culpable que negoció, a tener que reconocer que se dejaron de hacer cosas, cosas que además el partido antes hacía muy bien.

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En el segundo caso de lo señalado por el Dr. Ekman, los priístas prefieren creer la historia del “líder vendido” en la persona de Alfredo del Mazo porque es mejor aceptar esa hipótesis que a reconocer que no se hizo lo suficiente y, si acaso, apenas lo necesario y ni qué decir de la dirigencia nacional que, al encontrar en el mandatario mexiquense un chivo expiatorio, se lava las manos como Pilatos para decir “que la sangre de esta derrota caiga en el gobierno local”.

Lo preocupante de esta situación es la falta de visión del dirigente nacional Alejandro Moreno que, en la antesala de una elección concurrente (Presidente de la República, diputados federales y locales, senadores y presidentes municipales) prefiere provocar la división que buscar la reconciliación que fomente la unidad y agilice el poder reagruparse para hacer frente al proceso de 2024.

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Si una lección debe dejar esta elección, tanto a perdedores como a ganadores es que una de las principales claves de este tipo de procesos es la unidad al interior,  los partidos con fracturas, divisiones o dudas, son derrotados con relativa facilidad, mientras que los que logran mantener la cohesión, obtienen el resultado. Abonar a la división es contraproducente para alguien que se supone busca el triunfo en 2024.

Suponiendo sin conceder que Del Mazo y Del Moral sí hayan estado en constante comunicación y en permanente contacto durante la campaña, es de extrañar que el dirigente nacional de su partido no lo haya notado; por lo que se puede inferir que hay mala voluntad en sus acusaciones o simplemente, no estuvo lo suficientemente cerca de la campaña para poder verlo. Sea como sea, razones hay para pensar que quien acusa culpas, culpas tiene y que pareciera que par “Alito” Moreno buscar la salvación personal es más importante que mantener la unidad del partido para 2024.

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