La serie de situaciones en la que se ha visto envuelto el presidente AMLO en los últimos días ha conformado un nuevo grupo político en crecimiento: los antiamloistas, opositores que a unos días de la jornada electoral podrían ser el fiel de la balanza

J. Israel Martínez Macedo

Hoy es el último día de campañas para la gubernatura y a partir de mañana comienza la llamada veda electoral en la que las candidatas deberán detener su proselitismo y los ciudadanos reflexionemos sobre las razones de nuestro voto. No más propaganda ni más publicidad: la calma que precede a la tempestad.

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También es el último día para publicar encuestas, después de hoy nadie tiene permitido hablar de ventajas y desventajas por lo que muy seguramente tendremos el reporte final que, pese a todo, pondrá a Delfina Gómez y Alejandra del Moral en el rango del tan mencionado margen de error que, en otras palabras, significa que no hay nada definido y todo puede suceder.

El escenario está justo donde la coalición “Va por el Estado de México” necesita que esté. En un punto donde los priístas, panistas, perredistas y nueva-aliancistas se sentirán no solo motivados para salir a votar sino interesados porque sienten la cercanía del triunfo, la utilidad de su voto y la necesidad de su participación, sí o sí estarán en las urnas el domingo 4 de junio.

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Los morenistas llegan con más dudas que certezas, el cuento de los eternos 20 puntos de ventaja se vino abajo en las últimas semanas, en buena medida, después de que varios de ellos se dieron cuenta de una importante presencia de gente con acento costeño en los mitines, algo que se leyó como falta de poder para la convocatoria e indicativo de que algo no camina bien.

El principio elemental básico de todo eso es que, como está pasando en Coahuila con Manolo Jiménez Salinas, si el triunfo está garantizado, tienes cuidado en que no te quieran hacer trampa y más cuidado aún en tú no incurrir en acciones que le permitan al otro bando conseguir la nulidad de la elección y abrirle la puerta a un segundo round. Pero en la casa morenista la intromisión de los gobernadores de otros estados solo generó la lectura de que los hechos y los discursos no cuadraban.

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En medio de este escenario se encuentra el presidente López, el eterno candidato que nunca se convirtió en gobernante (pese a haber ganado una) y, por lo tanto, nunca pudo dejar de involucrarse en lo electoral. Pero contrario a otros procesos donde bastaban dos o tres mañaneras para cargar la balanza a su favor, la serie de decisiones tomadas en los últimos meses y la secuencia de hechos de las últimas semanas consecuentes de esas acciones precipitadas, le juegan totalmente en contra.

En Coahuila la estrategia fue un fracaso, intentaron presentar más candidaturas esperando que el electorado dispersara sus votos y así reducir a la alianza pero eso jamás ocurrió, al final buscaron unirse pero la rebeldía del PVEM coahuilense y la nulidad petista no le alcanzarán si quiera para reducir la ventaja a un solo dígito. Coahuila está perdida para Morena.

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La esperanza se reducía a ganar el Edoméx, los números apuntaban a un triunfo contundente que, al día de cierre de las campañas, está en riesgo. No solo se trata del crecimiento que tuvieron los cuatro partidos que conforman “Va por el Estado de México” o la gran revelación que representó Alejandra del Moral como candidata; también tiene que ver el exceso de confianza, la soberbia, la desorganización y la ausencia de una candidata fuerte que pusiera orden en su campaña.

Al inicio se sabía que el factor AMLO podría jugar un papel determinante y que en caso de que las cosas se complicaran, el Presidente entraría al rescate de sus muchachos para cargar los dados de la contienda a su favor; nadie esperaba (esperábamos) que ese mismo ingrediente les jugara en contra como está ocurriendo en este momento.

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La serie de golpes en contra que ha recibido el Presidente desde la marcha en apoyo del INE hasta los últimos acontecimientos con la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y la seguidilla de derrotas en tribunales a sus reformas hechas al vapor, han conformado un nuevo grupo político en el país y el Estado de México que podría ser el fiel de la balanza para los resultados de este fin de semana: los antimorenistas y/o antiamloistas.

Este grupo se siente fortalecido, sus acciones en la defensa del INE y de la Corte le dan la confianza para considerar que tienen más fuerza de la que ellos mismos pensaban y se podrían convertir en un verdadero ejército de ciudadanos empoderados que no solo están dispuestos a votar, sino también a defender el voto en las casillas si es necesario.

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La jornada electoral llega en medio de una importante ola de sentimiento de poder ciudadano que super las expectativas y que agrega un valor no calculado a la elección. Como en ninguna elección previa durante este sexenio, la figura presencial y su partido se perciben no como una aplanadora sino como una figura a vencer con posibilidades, además, de ser vencida.

Hoy, el día 59 de las campañas, el último para hacer proselitismo, nadie tiene ganado nada, la elección está en vilo y todo se definirá en las urnas el próximo domingo. La participación deberá esperarse copiosa: Unos dudosos morenistas, verdes y petistas deberán hacer frente a unos ya más confiados priistas, panistas, perredistas y nueva aliancistas que, además, recibirán el envión de los motivados antiamloistas. Pónganse sus cinturones que esta elección pinta para ser no apta para cardiacos.

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