Aniversario de los Mártires de Toluca

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Rodrigo Sánchez - Tianguis de libros

Con el recuerdo de la Plaza Principal de Toluca bañada con la sangre de aquellos patriotas, poco a poco la gente de la ciudad comenzó a llamarla plaza de “los Mártires”, nombre que quedó fijo en el imaginario toluqueño a partir de los tiempos de la República Restaurada, allá por 1870

Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce

El comandante realista Rosendo Porlier dio una brutal patada en las posaderas al último soldado que había luchado en la Batalla del Calvario y le ordenó: “Anda y ve a contar a tus compañeros lo que acabas de ver”. ¿Qué era lo que acababa de ver ese infortunado insurgente, el 19 de octubre de 1811, en la plaza principal de Toluca?

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Con horror, presenció la ejecución de sus compañeros de lucha, a quienes, según el cronista Miguel Salinas, habían “quintado”. Es decir, el sargento del pelotón contaba: “¡uno, dos, tres, cuatro!”, y al quinto le tocaba la trágica suerte de ser ejecutado.

El resto abrigó esperanzas de librarse del paredón pero, con pavor, vio realizarse una segunda, luego una tercera, una cuarta, y después las quintas necesarias hasta que sólo quedó un testigo. Ni siquiera hubo tiempo de exclamar la clásica orden para cada uno de esos valientes: “¡Preparen! ¡Apunten!”, simplemente, al quinto abrían “¡Fuego!”.

Días antes, la Junta de Zitácuaro que vino al relevo de los primeros insurgentes y había sido instalada en la ciudad michoacana el 19 de agosto de 1811, había desplegado fuerzas para hostilizar el Valle de Toluca y acercarse a la capital del Virreinato, por lo que el brigadier José María Oviedo tomó Tenango del Valle y se dispuso a atacar Toluca. De inmediato, con solo 400 efectivos, Porlier se apertrechó para detener un posible avance enemigo en aquella Toluca que, para ese momento, tenía una docena de años de haber recibido nombramiento de ciudad por parte del rey Carlos IV.

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Por su parte, Oviedo atacó la ciudad con 10 mil rebeldes, la mayoría indígenas otomíes del Valle de Toluca, aunque también mestizos y castas de diverso pueblos, agraviados por la opresión colonial y el cobro de tributos. Los rebeldes se posicionaron en la Sierrita de Toluca: el Cóporo, San Luis Obispo, San Juan Chiquito, Apinahuizco, Zopilocalco, Huitzila, Coatepec (hoy Ciudad Universitaria), y en puntos importantes como la plazuela de Alva (Jardín Zaragoza), las iglesias de la Merced y del Carmen, el Camino Real de México, la calle de Tenería (avenida Lerdo) y el Beaterio (actual edificio de Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México).

Los ejércitos combatieron durante cinco días, desde el 14 de octubre. Los realistas resistieron el feroz ataque desde todos los puntos, incluso con toros y reses bravas. Acorraladas, las fuerzas de Porlier retrocedieron al cerro del Calvario. A punto de ser derrotadas, desde Lerma recibieron refuerzos al mando del capitán de fragata Joaquín María Cuevas. Allí cambió la historia y los insurgentes, finalmente, fueron vencidos.

El párroco de Toluca dio cristiana sepultura a 282 muertos de la batalla del Calvario, pero los realistas hicieron prisioneros, según distintas versiones, a entre sesenta y un centenar de insurgentes, a quienes condujeron a la Plaza Principal o Mayor, por la calle de las Víctimas (hoy calle de Silviano García), donde fueron formados, en fila, frente al antiguo convento franciscano (aún en pie) y la iglesia de la Santa Veracruz, así como la calle Real (hoy Independencia), para posteriormente ser quintados.

Con el recuerdo de la Plaza Principal de Toluca bañada con la sangre de aquellos patriotas, poco a poco la gente de la ciudad comenzó a llamarla plaza de “los Mártires”, nombre que quedó fijo en el imaginario toluqueño a partir de los tiempos de la República Restaurada, allá por 1870. En poco más de dos siglos, el sitio ha visto pasar la historia de nuestra ciudad y ha sido reconstruido varias veces, pero una constante es que siempre ha llevado el apelativo de los Mártires, sea como jardín, sea como plaza.

En 1851, el gobernador Mariano Riva Palacio —yerno de Vicente Guerrero— mandó demoler, en la Plaza Principal, una fuente y lavaderos que databan de 1805, a fin de colocar la primera estatua que hubo del cura Hidalgo en el país —primera también en Toluca—. Treinta años después, en 1881, un piquete de soldados inició la reconstrucción del Jardín de los Mártires, retirando una plasta de jabón que impedía brotar la yerba —debido al deterioro, se pudo haber llamado “Jardín Mártir”—.

El 16 de septiembre de 1884, cuando la antigua calle Real fue inaugurada con el apelativo de “Independencia”, la estatua de Hidalgo fue trasladada a otro sitio cercano —luego que el 13 de octubre de 1900, el presidente Porfirio Díaz y el gobernador Villada inauguraron la nueva estatua de Hidalgo que hoy se yergue frente a la Cámara de Diputados, este primer bronce del Padre de la Patria se trasladó a Tenancingo, donde se ubica hoy—. Además, el tradicional tianguis de los viernes que se instalaba allí desde tiempos inmemoriales, fue desplazado y, al terminar la década, el Jardín había vuelto a ser jardín con kiosco, farolas, bancas, macetones y prados.

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Pasado el tiempo, durante la primera mitad del siglo XX, el Jardín de los Mártires era copado por toda clase de vendedores, fotógrafos, boleros, mientras bandas de música hacían la delicia de los paseantes. Todavía era aquella Toluca bella y provinciana que recibía el canto de los bardos y era orgullo de todos. En esa época, el Jardín albergaba ornatos entre fuentes, árboles, prados, esculturas de seres mitológicos, nuevos monumentos a Hidalgo y a Morelos —develados a fines del siglo XIX—; todo ello lo convertían en un jardín ecléctico que a los acuciosos observadores les parecía poco armónico. Encima, en las inmediaciones permanecían hileras de casas y comercios, creando un abigarrado cuadro urbano. La conjunción de estos factores llevo al Profesor Mosquito, primer cronista de Toluca, a llamarlo el “Jardín de los Adefesios”.

Pronto, la inevitable modernidad generó que la plaza requiriera adecuaciones. En 1967, el gobernador Juan Fernández Albarrán generó un frenesí reconstructor y cambió todo el paisaje: demolió casas, negocios, oficinas y ruinas que afeaban este primer cuadro —como el inconcluso edificio de delegaciones federales—, con lo cual la fisonomía del jardín cambió a algo más parecido a la plancha de cemento del Zócalo de la Ciudad de México—incluso los toluqueños maloras le llamaban “Plaza de los Metates”.

Una década después, en 1977, la Plaza tuvo otro arreglo y la traza urbana resultante perduró por más de cuatro décadas. Debido al sismo del 19 de septiembre de 2017, la Plaza de los Mártires comenzó a mostrar grietas; los daños por el percance y otros desgastes reflejaron la necesidad de que, una vez más, fuera intervenida.

Monumento a Los Mártires de Toluca
Monumento a Los Mártires de Toluca

La más reciente intervención urbana, la mayor en 40 años, permitió reconvertirla en una nueva plaza, inaugurada por el gobernador Alfredo del Mazo el 7 de septiembre de 2022. Se trata de una plaza más hospitalaria que la anterior plancha de cemento, con áreas de recreo en las que la gente permanece más tiempo; disfruta de las fuentes y áreas verdes, goza de la vista, toma fotos y selfies, pasea y platica con sus seres queridos; los niños se entretienen con juegos; los ciclistas y skaters aprovechan el pavimento liso para hacer piruetas; además, las personas pueden caminar en círculo rodeando el asta bandera y leyendo, uno a uno, el nombre de los 125 municipios grabados en el piso, los cuales forman un gran círculo de identidad mexiquense.

Gracias a la iniciativa e impulso de varias personas e instituciones, los toluqueños podemos admirar el monumento creado por el escultor Ciro Cruz y su equipo de artistas. Dicho memorial incorpora elementos en homenaje a los matlatzincas, etnia originaria del Valle de Toluca; a los evangelizadores franciscanos, como el apóstol fray Andrés de Castro; al santo patrono de la ciudad, San José; y al Lerdo que da su apellido a la ciudad, probablemente Miguel Lerdo de Tejada.

A 211 años de aquella gesta, la escultura emblemática, que desde el primer momento se convirtió en nuevo elemento de identidad de la ciudad, logra plasmar el dramatismo de la tragedia en la que aquellos héroes, los Mártires de Toluca, ofrendaron su vida por la libertad y la independencia de México.

Para saber más:

Naime, Alexander (textos y selección; ilustraciones de Benito Nogueira) (2023). 19 de octubre de 1811. Los mártires de Toluca. H. Ayuntamiento de Toluca.

Salinas, Miguel (1984). Datos para la historia de Toluca. Gobierno del Estado de México.

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