Una crónica sobre la dignidad del centro de Toluca

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Rodrigo Sánchez - Tianguis de libros

El primer acto de dignidad se intentó el 14 de noviembre de 1662, cuando vecinos solicitaron al Virrey llamarse “Ciudad de San Joseph de Toluca”, para lo cual pagaron tres mil pesos en la Caja Real. En un principio se les habría otorgado el título, incluyendo armas y blasones, pero el marqués en turno impugnó la decisión, por lo que se les devolvió el dinero y Toluca quedó sin armas, blasones y título

Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce

Un buen día, a inicios del año 2020, la Plaza Garibay y la Plaza España amanecieron tapiadas. El anuncio de la construcción del Parque de la Ciencia Fundadores y del Planetario se había hecho días antes. Las mamparas de madera y metal que cerraron el paso y que pronto comenzaron a reflejar la creatividad de los toluqueños a través de grafitis y los cordones plásticos de “Prohibido el paso”, se extendían desde la calle Primo de Verdad —el famoso Callejón del Muerto de la época virreinal—, a un costado del Palacio de Gobierno, y llegaban hasta el Cosmovitral. El 10 de febrero comenzó la demolición. Comenzaba así el último capítulo para dotar de dignidad a Toluca, que continuó después con la remodelación de las Plazas de los Mártires y González Arratia.

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Los toluqueños han hecho varios intentos por dotar de dignidad al primer cuadro de nuestra capital. Luego de que los franciscanos llegaron a Toluca entre 1525 y 1529, impulsaron el traslado de la población matlazinca desde la cabecera prehispánica de Calixtlahuaca y los cerros circundantes, mejor conocidos como “Sierrita”, hacia una superficie plana y que resintiera menos el correr de vientos fríos, a los pies del mítico y sagrado cerro del Toloche. Luego también de que los Marqueses del Valle de Oaxaca edificaron, gobernaron y usufructuaron la villa de Toluca a partir de la década de 1530 —durante más de dos siglos y medio, esta tierra no tuvo autoridades nombradas por el Virrey ni título de ciudad, al estar bajo el señorío de un linaje aristocrático comenzado por Hernán Cortés—, los toluqueños comenzaron los intentos por tener dignidad.

El primer acto de dignidad se intentó el 14 de noviembre de 1662, cuando vecinos solicitaron al Virrey llamarse “Ciudad de San Joseph de Toluca”, para lo cual pagaron tres mil pesos en la Caja Real. En un principio se les habría otorgado el título, incluyendo armas y blasones, pero el marqués en turno impugnó la decisión, por lo que se les devolvió el dinero y Toluca quedó sin armas, blasones y título.

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Tiempo después, el 16 de octubre de 1830, el Congreso declaró a Toluca capital del Estado de México. Allí comenzó otro acto de dignidad, encabezado por el gobernador Melchor Múzquiz, pues hubo que transformar las pocas calles, mal empedradas, sucias e inseguras. Con su nuevo estatus, la ciudad requirió acondicionar instalaciones dignas para alojar a los servidores públicos que trasladaron su residencia a este pueblo. Así, el 6 de febrero de 1832 inició la construcción de los Portales en terrenos de la huerta y convento franciscanos, gracias al impulso de José María González Arratia y otros benefactores. Los Portales constituyeron la primera obra civil relevante que ennobleció a la nueva capital y le quitó su aspecto de aldehuela.

A fines del siglo XIX, sobre todo a partir de la década de 1880, comenzó la modernización porfirista de la ciudad —precedida por las modernizaciones emprendidas por el gobernador Mariano Riva Palacio en sus periodos de gobierno, especialmente durante la República Restaurada—, gracias a la estabilidad del régimen encabezado por el presidente Díaz y que en Toluca tuvo su contraparte en gobernadores como José Zubieta, José Vicente Villada y Fernando González, además de la participación de una aristocracia local, hacendados y empresarios que coadyuvaron a que, por mucho tiempo, la ciudad fuera conocida como Toluca la bella.

Toluca: Plaza de los Mártires y Parque de la Ciencia Fundadores
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Luego de este acto de dignidad, durante el siglo XX hubo otros, pero se recuerda de manera significativa el emprendido a partir de 1967 por el gobernador Juan Fernández Albarrán, quien cambió la fisonomía del centro de Toluca para hacer de este un espacio más amplio, abierto y disfrutable por la gente, y cuya traza es reconocible en nuestros días, a pesar de las imparables adecuaciones que se han hecho al primer cuadro. De ahí hasta nuestros días, en que las tres plazas principales del centro se han convertido en nuevos espacios: el Parque de la Ciencia Fundadores y el Planetario, las nuevas Plazas de los Mártires y González Arratia, constituyendo estas la mayor intervención urbana hecha por el Gobierno del Estado de México en cuatro décadas.

Un libro del sello Fondo Editorial Estado de México (FOEM), publicado en agosto de 2023, da cuenta de estas transformaciones y de la búsqueda de dignidad para nuestra ciudad (pasando también por los episodios de indignidad, que en Toluca ha habido varios). El libro es coordinado por la doctora Laura Zaragoza Contreras, con textos que hablan de las remodelaciones, además del memorial a los Mártires ubicado en la Plaza del mismo nombre y una interpretación de las imágenes representadas por Leopoldo Flores en el Cosmovitral, la obra más conocida de Toluca en México y el mundo.

En el libro escriben la propia Laura Zaragoza, el historiador Iván Martínez Aguirre, el arquitecto encargado de las obras, Víctor Márquez Cravioto, así como un servidor. Mi aportación al libro es el último artículo: “La dignidad de una ciudad” (pp. 135-156), en donde aporto un panorama completo de lo que he resumido en párrafos anteriores. La edición sólo está disponible en PDF digital y se puede consultar en el siguiente vínculo: https://foem.edomex.gob.mx/sites/foem.edomex.gob.mx/files/catalogo/PLAZA%20FUNDADORES%2013OCT23VF.pdf

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