El maestro Carlos Olvera, quien es reconocido como un destacado promotor de las manifestaciones artísticas, fue recordado en el emblemático Teatro Universitario de “Los Jaguares” de la Universidad Autónoma del Estado de México
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
Hay tradiciones que estando en los mismos lugares no alcanzamos a conocer. Hay actividades que por puro empecinamiento cultural no se dejan de realizar para no caer en ese círculo vicioso “de no hay público, no hay actividad”. Existen personas que pugnan por lo contrario, “hagamos actividad para que haya público”, un círculo virtuoso.
Ciertamente los tolucanos somos difíciles en varios sentidos, pero si hablamos de este lugar como plaza de espectáculos o actividades culturales, muy lentamente va cambiando la tendencia. Atendemos a ellas y cada vez, con más fuerza, se llenan las localidades. “Exitosas”, quizás cuando estas se vuelven más “populares”.
El teatro es una de ellas, y esto viene a colación porque el pasado 28 de enero se cumplieron 11 años de la pérdida de uno de los gestores culturales más versátiles que ha tenido este valle matlazinca, me refiero al maestro Carlos Emilio Olvera Avelar.
El maestro Olvera, quien es reconocido como un destacado dramaturgo, director escénico, cineasta, escritor, conocedor de las artes plásticas, catedrático universitario, servidor público e incansable promotor de las manifestaciones artísticas, fue recordado en el emblemático Teatro Universitario de “Los Jaguares” de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Para recordarlo, su viuda Patricia Maawad y el escritor Porfirio Hernández, con el apoyo de la máxima casa de estudios estatal organizaron un homenaje, como ha sido la dinámica cada año, a Carlos Olvera. Esta ocasión con fragmentos escenificados de dos de sus obras, a decir, El vuelo de la hilacha y En Manga de Clavo.
La adaptación y dirección de estos textos a la obra dramatúrgica estuvieron a cargo de Juan Carlos Embriz, también director de la Compañía Universitaria de Teatro (CUT) y la actuación de Giovanni Santzález quien interpretó a Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón, mejor conocido como el perenne presidente de México, Antonio López de Santa Anna.
Una puesta en escena que recordó al Carlos Olvera, crítico, estudioso, puntilloso, sarcástico y muy divertido pero también se rememoró al iniciador de la tradición teatral en el Valle de Toluca, al dramaturgo, promotor, gestor, patrocinador y emprendedor.
En este sentido y en una segunda parte de la actividad se celebró un conversatorio que terminó en una tertulia bastante disfrutable que no solo recordó la trayectoria del catedrático sino los cimientos del teatro universitario que hoy, de acuerdo a los participantes, goza de muy buena salud.
Ambos temas, el dramaturgo en cuestión y la historia del teatro formal en el Estado de México son indisolubles, así lo hicieron patente Jesús Téllez y Rubén López, estudiosos y hacedores del teatro local. También los noveles actores en aquella época de finales de los años 60 y principios de los 70: Emma Hoyo, Antonio Hernández Jauregui y Jorge Loza, así como el mismo director de la CUT, Juan Carlos Ambriz.
Una velada con buen sabor de boca, tanto por la puesta en escena y la actuación como por las remembranzas, recuerdos, la historia del teatro en el Valle de Toluca, las personas, los artistas, el ambiente artístico inmerso en un mundo convulso, las complicaciones económicas, las falta de apoyo y muchos, muchos temas más que nos trajeron a los neófitos de la historia del teatro a algunos tolucanos, como nos nombraba el oriundo de Chihuahua pero Tolucano de corazón.
Para aquellos que no conocen su obra, déjenme sugerirles el texto El colmillo del gato. Antología póstuma, título editado por el Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal (CEAPE), dentro de la colección Summa de días.
Este libro, compilado post mortem, por Patricia Maawad y Porfirio Hernández, se conforma de dos títulos: Mejicanos en el espacio y El colmillo del gato. Mejicanos…, su obra póstuma, es una novela de ciencia ficción publicada originalmente en 1968 por la editorial Diógenes, fundada y dirigida por el crítico e historiador mexicano Emmanuel Carballo.
El libro está prologado por Alberto Chimal, uno de los escritores toluqueños más reconocidos en el ámbito literario nacional y por el investigador y catedrático Samuel Manickam, quienes realizan una interesante reflexión sobre el género de la ciencia ficción a propósito de la novela de Carlos Olvera.
Mientras que El colmillo del gato, comprende “textos breves, recreaciones, ambientaciones, relatos y cuentos —escritos en Francia, Estados Unidos y México— que el autor dejó inéditos, ordenados en cajas, manuscritos o pasados en limpio”, además de otros textos que se publicaron en el diario El Sol de Toluca, espacio periodístico donde fue colaborador por muchos años. Los textos publicados en este libro se escribieron durante el periodo de 1964 al 2012.
Así, Carlos Olvera fue una de esas personas que vivió procurando el círculo virtuoso de las actividades culturales en terrenos llanos y pedregosos. “Hagamos actividad para que haya público”. Hoy hay teatro, fuerte y sano.







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