Caminar por el centro de la ciudad evoca recuerdos identitarios y un merecido homenaje a Margarita García Luna, destacada historiadora y promotora cultural de Toluca
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
Camino por el centro de la ciudad y fuera de la visita obligada de compras o porque es la vía para las oficinas gubernamentales o el Palacio de Gobierno, transito por sus calles más por ociosidad que por necesidad, lo hago con esa tranquilidad que te permite observar a la gente, las prisas de algunos, el bullicio comercial, el tráfico vehicular y la cara más reciente del corazón municipal.
En ese tranquilo andar, es irremediable el recuerdo de algunos temas identitarios de esta ciudad o al menos del centro como la “nueva” Plaza de los Mártires, lugar donde se realizaron tantos y tantos actos cívicos, desde los deportivos, hasta los infaltables actos políticos, pasando por conciertos al aire libre.
Los polifacéticos y comerciales portales, el Teatro Morelos, otrora cine y muchas veces anfitrión de faraónicos actos políticos, la Plaza (José María) González Arratia, que fue el mercado “Hidalgo” y antes viviendas, ahí también se encontraba el Teatro Principal y mucho después el cine Coliseo.
Más al oriente, el Cosmovitral que antes fue otro mercado que cada viernes se transformaba en un gran tianguis con todo tipo de productos de los alrededores de Toluca. Este mercado, después de muchos años se trasladó a las orillas de la ciudad, al igual que la terminal de autobuses que se encontraba sobre la hoy avenida Juárez, a unos pasos del actual edificio de Rectoría.
De la actividad económica, negocios como El Socio, El Venado, La Sirena, la Botica Moderna o “de los pelones”, la reconocida y por muchos años abandonada, Ferretería La Ciudad de México, el Café Lio, el restaurante Las Ramblas, entre muchísimos otros referentes. Qué decir de las iglesias católicas, motivo de la visita de las siete casas en Semana Santa: la Catedral, la Santa Veracruz, el Sagrario, el Carmen, Santa María de Guadalupe, la Merced y más al sur, el Ranchito.
Mención aparte son las grandes salas cinematográficas que fueron demolidas para ser utilizadas como estacionamientos o nuevos edificios comerciales y hasta como sedes de grupos religiosos, cines como el Coliseo, Rex, Florida, Cinema 70, Justo Sierra (del que solo sobrevivió su fachada y que hoy alberga la sala de conciertos Felipe Villanueva), los llamados Paramunicipales que cambiaron de giro y el Teatro Morelos que después de muchos años y gracias a una necesaria remodelación, reafirmó su vocación.
Qué decir de la gente, oriunda y avecindada, que coincidíamos cotidianamente, primero en los barrios, en las colonias, en las escuelas, en los trabajos y en los portales. En fin, que son tantos lugares, tantas vivencias y tantos recuerdos de una identidad “toluca” que no cambiará porque esa se construye día a día con su gente y con los que deciden vivir aquí.
La caminada por el centro de esta ciudad, sin título de ciudad, se motivó después de asistir al merecido homenaje dedicado a la historiadora, cronista, maestra, escritora, ensayista, gran promotora de la cultura y profunda enamorada de Toluca, Margarita García Luna,
En la Facultad de Humanidades de la Uaeméx, se reunió parte de su familia y una gran cantidad de personas: colegas, compañeros y amigos que recordaron con emotivos, sentidos y conmovedores comentarios, la vida y personalidad de Margarita García Luna.
No cabe duda que como toluqueña, la también directora fundadora del museo Taller Nishizawa dejó una profunda huella que, a 10 años de su desaparición física, sigue siendo recordada y querida, primero por su don de gente, siempre atenta, amable, fina y educada, luego por su arduo trabajo en la investigación y la crónica de Toluca.
Su vocación de historiadora le llevó a generar una invaluable cantidad de conocimientos sobre la historia de Toluca como resultado de sus vastas horas de trabajo en bibliotecas y libros que atesoran también, la memoria de un territorio prehispánico, colonial y moderno.
En este merecido homenaje participaron el cronista de Toluca, Gerardo Novo Valencia; el excronista, escritor y promotor cultural, Francisco Javier Estrada; los investigadores y catedráticos: Susana Bianconi, Andrea Merlos y Héctor Serrano, así como la hija de la homenajeada, Úrsula Cotero.
Sin duda, el legado de Margarita es amplio y coincido con los ponentes que Margarita García Luna rescató buena parte del patrimonio histórico y cultural de Toluca, tanto de su gente, del movimiento obrero, el ferrocarril o las haciendas porfiristas como de los edificios históricos, el de su propia casa familiar y de su amado Museo Taller, ese que da título a uno de sus libros: La vieja casona de Nicolás Bravo norte 305.
Este emblemático y significativo libro, rescata un pedacito de mi vida, motivo que nos llevó a largas pláticas sobre la casona, en la casona, para después pasar a los entonces barrios bravos del Coporo y Santa Bárbara, del cerro del Toloche que apenas se sabía de él y de sus tesoros y de muchos otros temas de la cultura e identidad toluqueña con la cual nos sentimos tan identificados.









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