Periodista. Estudió en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Miembro fundador del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, conductor principal de diversos noticieros y programas informativos en el mismo. Conduce «Estrategia Pública» los martes a las 20:00 en Mexiquense Radio 1600 AM. Colabora en el canal de YouTube Trascendi Humanitas.
«El respeto se gana, la honestidad se aprecia, la confianza se siembra, la lealtad se regresa.»
México sigue caminando hacia el precipicio, y no hay semana en la que no despertemos con un nuevo caso que reafirme esta visión. Ahora descubrimos que, según la organización no gubernamental Transparencia Internacional, nuestro país ocupa el lugar 140 de 180 en el ranking de corrupción a nivel mundial. Eso sí, por encima de Somalia, Venezuela o Haití, suficiente para ilusionar a los incondicionales.
Según el ejercicio bienal 2023-2024 realizado por esta organización —fundada en 1993 y dedicada a combatir crímenes corporativos y corrupción política a nivel internacional— los mexicanos, como los cangrejos, vamos para atrás. Después de estar prácticamente estancados por tres años consecutivos en una posición ya preocupante, hemos retrocedido 37 lugares en una década, de los cuales cinco puntos se perdieron en un solo año, alcanzando así el peor lugar en nuestra historia.
Esto demuestra que, pese al discurso oficial de que “vamos requetebién”, la verdad, tarde o temprano, siempre se impone a la propaganda. Como dijo Cantinflas: “Estamos peor, pero estamos mejor. Porque antes estábamos bien, pero era mentira”. La frase de Warren Buffett, empresario estadounidense y uno de los hombres más ricos del mundo, también retrata nuestra realidad: “La honestidad es un regalo muy caro, no la esperes de gente barata”.
Ahora bien, ¿qué implicaciones tiene en la sociedad este incremento en la corrupción? Tal vez algunos no dimensionen el problema, pero, según estudios en la materia («Principales causas y factores que generan corrupción», Universidad Pablo de Olavide, España, 2023), estas prácticas tienen consecuencias devastadoras para la democracia, la economía y los derechos humanos. “La corrupción reduce la confianza ciudadana en el sector público, vulnera el imperio de la ley y socava la credibilidad del gobierno y la legitimidad de la democracia, que es percibida por la población como una fachada que encubre el incontrolable crecimiento de pequeños y poderosos grupos”.
Por ello, debemos entender que las políticas públicas del “bienestar” representan su único, pero efectivo, salvavidas. Hasta ahora, este blindaje social les ha servido para desechar cualquier acusación en su contra: denuncias contra más de diez gobernadores, el escándalo de Segalmex con sus 15 mil millones de pesos desfalcados, el debilitamiento de la división de poderes, el deterioro de la seguridad nacional, la impunidad, la corrupción rampante y el asedio al sistema de justicia.
El estudio también menciona un aumento en los casos de corrupción a nivel estatal, con vínculos con el crimen organizado, así como un crecimiento en el número de empresas fantasma operadas por intereses oscuros que continúan obteniendo contratos gubernamentales. Sin embargo, los datos indican que la corrupción involucra a los tres niveles de gobierno.
Estos hallazgos de Transparencia Internacional llegan en el peor momento para la administración de Claudia Sheinbaum, justo cuando lidia con Donald Trump y sus amenazas. Algunas ya se han materializado; otras esperan el final del «mes de gracia» que otorgó, pero todas tienen el mismo propósito: golpear la economía mexicana y fortalecer su política de dominación, donde Estados Unidos decide hasta en qué momento debemos respirar.
La presidenta mexicana enfrenta un dilema sin precedentes: debe continuar con las políticas de su antecesor si quiere mantener la estabilidad en su partido, asegurar los recursos para sostener su base electoral con programas sociales, soportar una crítica que, si bien todavía es manejable, ya le genera dolores de cabeza, y, sobre todo, enfrentar a un vecino con el que cada vez resulta más evidente que no podrá negociar, sino solo resistir.






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