A pesar de los avances en las distintas ramas del saber, mantenemos el apego a lo mágico, quizá porque en el fondo deseamos que haya algo más allá de lo que vemos o podemos tocar, lo que explica el éxito de los diversos cultos, nuevos y antiguos, o bien y más actualmente, de la conspiranoia
José Antonio “H” Martínez @Marginaldo_Mtz
Desde la prehistoria el hombre ha desarrollado sistemas de creencias que le permitieran explicarse el cosmos y los fenómenos que en este acontecen, incluida su existencia misma, dichos sistemas, en principio aludían a lo sobrenatural y divino, es decir la cosmogonía y las religiones, para posteriormente intentar hacerlo de manera racional, lo que habría de dar pie al nacimiento del método científico y de la ciencia.
Sin embargo y a pesar de los avances en las distintas ramas del saber, mantenemos el apego a lo mágico, quizá porque en el fondo deseamos que haya algo más allá de lo que vemos o podemos tocar, lo que explica el éxito de los diversos cultos, nuevos y antiguos, o bien y más actualmente, de las conspiraciones que vuelven a estar en boga a partir de lo sucedido recientemente en los Estados Unidos.
Antes de entrar en materia, hablemos un poco de historia, pues aunque el conspiracionismo puede resultarnos relativamente nuevo no es así, ha acompañado a la humanidad desde que esta habita la Tierra, aunque los primeros registros que se tienen del uso de las teorías de la conspiración, datan de la Edad Media, cuando –apunta Jay Rubenstein, director del Centro Dornsife para el Mundo Premoderno de la USC– se difundió «la creencia de que los judíos estaban conspirando para recuperar la Tierra Santa a través de un pacto con el diablo por el cual sacrificarían a un niño cristiano cada año en Pascua hasta que, finalmente, el diablo les devolvería Jerusalén”, lo que para el investigador, pareció convertirse casi en un hábito desarrollar creencias conspirativas sobre cómo se manejaba el mundo.
Pero ¿a qué viene todo esto? Como ya es bien sabido, en días anteriores, las cadenas noticiosas, las redes sociales y en general la web, se vieron inundadas con la noticia de que tres exoficiales del Ejército norteamericano denunciaban ante el Congreso de los Estados Unidos, que el gobierno de ese país ocultaba información importante sobre la vida extraterrestre, que no es nada nuevo.
El tema forma parte de la cultura popular e incluso ha sido tópico de las diversas revistas que integran la biblioteca de la cientificidad popular, lo que llamaba la atención sobre las aseveraciones en cuestión, es que por primera vez se trata el tema con cierta seriedad y ocupa un lugar en la agenda política, no solo de la unión americana, si no del mundo entero.
Como era de esperarse, infinidad de teorías conspiranóicas planteadas por “investigadores” y grupos dedicados al “estudio” y difusión de “la verdad”, volvieron a tener sobre sí la atención del público que, de nueva cuenta, consume de forma ávida información carente de bases y poco comprobable, pero que le permite seguir creyendo que existe una cúpula de seres interdimensionales o del espacio exterior, que manipulan no sólo los destinos del planeta, sino el universo mismo y hasta la realidad, siempre con un objetivo malicioso.
Esto significa también, el regreso de programas televisivos, radiofónicos, prensa y literatura sensacionalista además de sectas y sus “mesías” hinchándose los bolsillos a costa de la necesidad de creer (que nos permite comprobar que el negocio más redituable es el de la fe) y más preocupante aún, el conflicto social que el fanatismo conlleva, algo que no le hace falta al mundo y menos en estos momentos en que la violencia se ha vuelto recurrente y pareciera, para el grueso de la población, la única manera posible de resolver los problemas.





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