Podemos decir que buena parte de quienes se dedican al trabajo artístico cultural desarrollan sus actividades como freelance y muy pocos tenemos la suerte de contar con un empleo fijo y el consiguiente sueldo mensual o quincenal, y ni hablar de las llamadas “prestaciones de ley”
José Antonio “H” Martínez / @Marginaldo_Mtz
Existe la creencia de que quienes trabajamos en el campo del arte, la cultura o los espectáculos, somos entes privilegiados con jugosos sueldos y beneficios VIP como la posibilidad de viajar constantemente, tener contacto con los ídolos del momento y disfrutar de forma gratuita de un montón de shows; sin embargo, esto nos es del todo cierto ya que si hablamos de condiciones y garantías laborales en el ramo, nos encontraremos con datos bastante preocupantes.
Para empezar podemos decir que buena parte de los trabajadores del sector antes mencionado, desarrollan sus actividades como freelance (empleado temporal) y muy pocos tenemos la suerte de contar con un empleo fijo y el consiguiente sueldo mensual o quincenal, y ni hablar de las llamadas “prestaciones de ley” pues la cifra se reduce aún más, a menos que se forme parte de la nómina de alguna institución gubernamental, donde la historia es distinta.
Es un hecho que desde hace varios años se ha puesto sobre la mesa la necesidad de garantías —principalmente seguridad social— para el sector cultural y artístico (que cabe mencionar es uno de los más desprotegidos y con mayor precariedad laboral, pese a que su aporte al PIB de nuestro país es del 2.9 %) y se ha presionado para que forme parte de la agenda política pero poco o casi nada se ha avanzado al respecto.
Resulta bastante preocupante, que a pesar de los riesgos existentes durante las labores de montaje, desmontaje o desarrollo de puestas en escena, recitales de danza o conciertos, solo por mencionar algunos, carezcamos de acceso a servicios de salud públicos lo que nos obliga a recurrir a los privados, que resultan bastante costosos
Aún cuando la Ley Federal del Trabajo, en los artículos que van los del 472 al 515, habla sobre riesgos de trabajo y las responsabilidades del contratante para con el empleado, tanto de gastos médicos como de indemnizaciones, pareciera no aplicar para quienes se ciñen al esquema del ya mencionado freelanceo.
Todo lo anterior nos hace pensar que no existe voluntad ni intenciones, por parte de las autoridades de atender las exigencias del sector aún cuando desde 1980 la ONU considera al trabajo artístico cultural como uno de los “pilares esenciales para el desarrollo y funcionamiento de las sociedades democráticas” y de la importancia de invertir en dicho sector, se ha hecho caso omiso de dichas recomendaciones.
Si bien es cierto, hace algunos días el gobierno federal publicó una convocatoria para afiliarse de manera voluntaria al Seguro Social (nada nuevo, pues la figura de “pago voluntario” ya existía), esto no garantiza que quienes por alguna razón dejen de percibir ingresos y por ende de pagar las cuotas establecidas, contarán con la atención en caso de ser necesario.
Así de triste es la realidad de artistas productores y técnicos que, a pesar de someterse a jornadas extenuantes, bajos sueldos y la falta de garantías o prestaciones, siguen desarrollando su labor a pesar de los pesares, una realidad que es urgente cambiar y para ello se deben llevar a cabo acciones que lejos de ser paliativos, representen soluciones reales.





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