De Amy Winehouse y de su película biográfica

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

La tragedia de amores no correspondidos: desde María Callas hasta Amy Winehouse. Vidas arruinadas por el amor tóxico. ¿Murió Amy de amor?

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

Traigo desde hace un rato el estribillo de una canción del cantautor Miguel Mateos, ese argentino que se hizo famoso hace algunas décadas en el boom del rock en español, Es tan fácil romper un corazón que dice: “Es tan fácil romper un corazón / es tan fácil romper un corazón / es tan tonto el amor / que se deja atrapar / por un corazón que no sabe amar…”.

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También se dice que nadie muere de amor, en la mayoría de los casos es así; sin embargo, existen sus excepciones, por ejemplo, la extraordinaria soprano, leyenda de la ópera, María Callas, se dice, murió de amor después de vivir una tórrida, desenfrenada y escandalosa relación con el multimillonario naviero griego Aristóteles Onassis, quien le prometió matrimonio que nunca se llevó a cabo pues Onassis la traicionó y se casó con la norteamericana Jackie Kenedy, situación que años más tarde la llevó al suicidio.

Que decir de la historia de María Antonieta Rivas Mercado, una de las figuras emblemáticas de la cultura mexicana posrevolucionaria, mecenas de grandes artistas como Manuel Villaurrutia y Gilberto Owen; entusiasta promotora de la música académica y noveles compositores; fundadora de teatro de vanguardia y, asegura su biógrafo Fabienne Bradu, la primera escritora moderna del país.

María Antonieta, sensible y culta, pensó encontrar en el pintor Manuel Rodríguez Lozano amor y compañía pues en sus largas pláticas, proyectos en común y afinidades artísticas le hicieron sentir una profunda pasión por el pintor; sin embargo, después de esa intensa cercanía supo que su devoción no tendría respuesta, ya que Rodríguez Lozano era homosexual.

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Como suele suceder en los amores no correspondidos, no estaba lista para poner distancia entre ella y Manuel. “No podía imaginarse la vida sin él y sin todo lo que representaba. De manera que siguió ahí, los días, los meses y los años. Ofreciéndolo todo y esperando, tal vez, en algún momento un gesto, una señal”. Finalmente, para alejarse de esa situación que atormentaba su alma y otras más, se exilió en Francia y el 11 de febrero de 1931, en la catedral de Notre Dame de París, se quitó la vida tirándose un balazo.

Otro caso es el de la extraordinaria cantante londinense Amy Winehouse quien, enamorada de Blake Fielder-Civil (un asistente de producción de una empresa de videoclips) echa por la borda su carrera y su vida por una relación tóxica, dependiente y destructiva. Después de una convulsa y arremolinada vida artística, llena de vicios y arrebatos emocionales, una de las mejores voces del “rhythm and blues”, soul y jazz se perdió debido a una congestión alcohólica y también, por amor.

La directora Sam Taylor-Johnson (50 sombras de Gray), en la película biográfica de Amy Winhouse, Back to Black (2024), intenta mostrar una parte de esta agitada vida de una de las mejores voces de las últimas décadas. Una cinta que me queda a deber porque, después de ver a la cantante de carne y hueso, la dulce y rebelde adolescente en el documental Amy (2015) de Asif Kapadia, no creo en el guion, menos en la actuación de su protagonista, Marisa Abela.

En los últimos años se han producido una serie de películas biográficas de diferentes cantantes, ahí están Control (Anton Corbijn, 2007) sobre la vida de Ian Curtis de Joy Division, I’m no there sobre Bob Dylan (Todd Haynes, 2007) Bohemian Rhapsody sobre Freddie Mercury (Bryan Singer, 2018), Rocketman sobre Elton John (2019), Elvis (Baz Luhrmann, 2022) o el documental What Happened, Miss Simone? (Liz Garbus, 2015) y muchas otras más. 

Como fan de Winehouse, soy parcial. La película no me gustó, eso no quiere decir que sea una mala producción; me parece que la actriz no refleja la verdadera personalidad de la cantante, peor aún, canta sin esa chispa que define a cada intérprete, menos con la inigualable voz de la británica.

No se observa esa actuación natural para representar a la cantautora, eso sí, el marcado acento londinense se le da, nada complicado porque ella, la actriz, también es británica. El guion, insisto, después de conocer el documental mencionado, me faltó historia y me faltó música, pocas piezas de una famosa cantante en la cinta.

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En la historia, la presencia de su padre es casi omnipresente, diferente a lo que en algún momento la cantante expresó de él, es decir, que se sintió abandonada; tampoco habla de sus otras relaciones amorosas que desencadenaron algunas de sus malas decisiones.

Se agradece que el guion no fuera enfático en retratar a la artista decadente y autodestructiva, porque el morbo casi siempre vende, como sucedió con la prensa amarillista en los últimos años de su vida. Hay un intento por mostrar a una chica linda, divertida, inteligente, ingeniosa, especial, humana, pero les falló la parte sustantiva: la artista, la compositora, la de la portentosa y prodigiosa voz.

En fin, ella, una mujer enamorada que no fue correspondida como quería, incluso para formar una familia. Le falto atención, grito por atención aunque se saboteaba. El triste y dramático desenlace de su vida fue, cierto o no, que murió de amor.

¡Salve Amy Winehouse!

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