De fiestas patrias y romanticismo

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

Las fiestas patrias también son motivo de orgullo para portar las vestimentas tradicionales de cada una de las regiones del país

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

No hay duda que aquí se ha hablado de la identidad y de sus diferentes representaciones simbólicas, ya sea por el idioma, por la comida, las tradiciones, los lugares, la música, en fin, la cultura pero nada tan identitario como la celebración del 15 de septiembre que, al margen del recordatorio del inicio de una guerra emancipadora, es una fecha para que los mexicanos nos abramos al exterior, como decía Octavio Paz, y hagamos fiesta.

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Esta fiesta que es la oportunidad para revelarse y dialogar con la patria, los amigos o los parientes. Durante estos días, dice el ensayista, “el silencioso mexicano silba, grita, canta, arroja petardos, descarga su pistola en el aire. Descarga su alma. Y su grito, como los cohetes que tanto nos gustan, sube hasta el cielo, estalla en una explosión verde, roja, azul y blanca y cae vertiginoso dejando una cauda de chispas doradas”.

Y cómo no, si el 15 de septiembre es el Día del Grito, el día de la libertad, el pretexto para lanzarnos también a la fervorosa celebración. En el grito retomamos irremediablemente los íconos identitarios nacionalistas patrióticos, porque dime si no, ese Huapango de José Pablo Moncayo se ha vuelto el otro himno nacional a golpe de calcetín y escucharlo es como cimbrarse al sonoro rugir del cañón.

En la fiesta mexicana confluyen otros tantos símbolos, por ejemplo, no puede haber festejo sin la bandera nacional, la representación más clara de que somos mexicanos, con los tres colores que tienen su significado y que desde el hogar, luego en el preescolar y de ahí “pal’real”, nos han enseñado.

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Para estar en consonancia musical, no puede faltar la música popular tradicional, “esa que me llega hasta el corazón” con el mariachi o la banda sinaloense, pero también con los grupos que interpretan la norteña o el son jarocho, el huapango de la Huasteca o la trova de Yucatán, la picota de Tamaulipas o la marimba de Chiapas, sin olvidar toda esa riqueza musical de Oaxaca y sus diferentes sones, mazatecos, itsmeños, mixes y un largo etcétera. 

Las fiestas patrias también son motivo de orgullo para portar las vestimentas tradicionales de cada una de las regiones del país, así sobresale el traje de charro y de Adelita de manera mayoritaria, y qué decir de aquellos trajes típicos de Yucatán, como el terna o los trajes de norteños, esos de flequillos y sombreros.

Ya enfundados y contextualizados no podemos dejar de lado nuestras bebidas que son muchas y muy famosas, que sin ellas, pues no hay fiesta mexicana, mexicana. Por antonomasia, el tequila es el mero bueno, pero en los últimos años, el defenestrado mezcal ha llegado para asentar sus reales.

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Me voy con otros iconos mexicanos que tienen que ver con la gastronomía porque, ¿no es verdad que nuestra identidad está estrechamente relacionada con la comida? ¿Qué es usanza particular en tiempos específicos?

Qué decir de las milenarias costumbres alimenticias devenidas en modernos antojitos mexicanos porque, una noche de fiesta patria no lo es sin un pambazo de papa con longaniza, de tacos dorados, sopes, quesadillas, pozoles, tamales, buñuelos, atole, esquites, elotes. ¿Un molito? ¿Verde o rojo? Vaya, es tanto lo que ofrece esta patria.

Apuntémonos pues para esta celebración y quizás es ocasión para recordar románticamente la Suave Patria de Ramón López Velarde. Aquí les comparto un fragmento del poema publicado en 1921. ¡Ah! Y si les apetece escucharla, pues háganlo a través del YouTube en voz del locutor y mejor declamador de América, Manuel Bernal Mejía, insigne oriundo de Almoloya de Juárez. Toda una pieza.

A decir:

Patria: tu superficie es el maíz, // tus minas el palacio del Rey de Oros, // y tu cielo, las garzas en desliz // y el relámpago verde de los loros. 

El Niño Dios te escrituró un establo // y los veneros de petróleo el diablo.

Sobre tu Capital, cada hora vuela // ojerosa y pintada, en carretela; // y en tu provincia, del reloj en vela // que rondan los palomos colipavos, // las campanadas caen como centavos…

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