Cristina pacheco contaba con un don para realizar su trabajo y hacer sentir cómodo a sus entrevistados pero, más allá de elaborar preguntas, ella se preparaba, se documentaba sobre el personaje o la persona para llevar a cabo la conocida “entrevista de semblanza”
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
“Como dice Cristina Pacheco, aquí nos tocó vivir”. Ciertamente soy de esas personas que utilizan esa frase desde hace mucho tiempo, por supuesto ya del dominio público y, siendo sumamente popular, sabemos qué significa.
Viene a colación porque, como muchos de ustedes saben, la periodista, ensayista y narradora Cristina Pacheco dejó este mundo físico la semana pasada y a muchos de los que nos dedicamos a la comunicación esta noticia nos cayó bastante mal.
La también locutora y presentadora de televisión, pero sobre todo entrevistadora y mejor conversadora, durante muchos años nos llevó a conocer, a través de charlas amenas, llenas de vida y emotivas, el México cotidiano, a los artistas y personalidades, pero también, y más loable aún, a la gente que no tenía voz en los medios masivos.
Al margen de producir, elaborar el guion y conducir la famosa serie de Canal Once, Aquí nos tocó vivir, en el que presentaba y entrevistaba a todo tipo de personas, desde las amas de casa, hasta los organilleros, desde los boxeadores hasta los artesanos, nos daba a conocer sus quehaceres, problemáticas, gustos y esperanzas, en un formato poco ortodoxo.
Asimismo, escribía y publicaba cada domingo, en la contraportada del periódico La Jornada, su columna Mar de historias, esa que también reflejaba la vida de los que nadie voltea a ver, a los que ella buscaba para mostrarnos y decirnos cómo vivían esas personas anónimas.
La entrevistadora contaba con un don para realizar su trabajo y hacer sentir cómodo a sus entrevistados pero, más allá de elaborar preguntas, ella se preparaba, se documentaba sobre el personaje o la persona para llevar a cabo la conocida “entrevista de semblanza”, término que acuñaron los periodistas Vicente Leñero y Carlos Marín, en su Manual de periodismo.
En ese libro de texto, icónico para los estudiantes de periodismo y comunicación de hace algunas décadas, los autores escribieron que las entrevistas son diálogos y conversaciones breves, “en las que el reportero debe poner en juego su capacidad de relacionarse, su trato respetuoso y cordial, y su simpatía”.
De los dos párrafos anteriores rescato la preparación y la simpatía de Cristina Pacheco en una de las miles de entrevistas y que hoy en día es un documento referente del género periodístico, de la comunicación y de la memoria histórica, me refiero a la del también periodista, Jacobo Zabludovsky.
En ella, el mismo Zabludovsky afirma que, para improvisar, el periodista se debe preparar ya que no se puede improvisar de la nada. “Puedes improvisar si tienes un apoyo, si tienes amor por la lectura, una devoción por interpretar un cuadro, por visitar una familia en una inundación. Cuando ocurre el hecho que vas a narrar, tú ya tienes una preparación casi sin darte cuenta”.
Así que ella, dueña de un carisma característico, una memoria prodigiosa, una inteligencia hábil y rápida, se preparaba día a día para realizar cada una de esas narrativas, entrevistas, reportajes y crónicas. Derivado de ese trabajo, la Secretaría de Cultura federal considera que Cristina Pacheco, hoy es considerada una pieza clave para entender la cultura mexicana de finales del XX y del presente siglo.
Si ciertamente adoptó el apellido de su esposo, el reconocido escritor y poeta José Emilio Pacheco, la periodista zanjó su propia historia a partir de su labor literaria, pero sobre todo por su participación en los medios, entre muchos de ellos, como titular de programas radiofónicos de Radio Centro, XEW, Radio Fórmula y Radio Capital, donde condujo Desde la capital. Sus inicios en el periodismo televisivo se dieron en el Canal 13.
Para no dejar pasar esa información importante, la escritora inició sus primeras colaboraciones en Canal Once en Así fue la semana (sección de literatura) y la serie de entrevistas con Juan de la Cabada, De todos modos Juan te llamas.
Por el mismo canal condujo, desde 1978, el programa Aquí nos tocó vivir y, a partir de 1997, la serie Conversando con Cristina Pacheco. Mientras que su columna Mar de historias se publicó, cada domingo, durante 37 años, en La Jornada.
De las pocas periodistas de antaño que quedaban, sobre todo, mujer que en sus inicios tuvo que firmar con seudónimo para que pudieran publicar sus textos, habrá que seguir reconociendo su aportación al periodismo y a la cultura de México, y por qué no, retomarlo para enriquecer el acervo de los noveles periodistas o comunicólogos.






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