En la rica escena musical mexicana, destaca el prolífico cantautor Rockdrigo González, cuyas letras reflejan la vida urbana con autenticidad y poesía; su legado inspira reflexión
Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano
En el dinámico y prolífico panorama de la música mexicana, en cada época emergen músicos virtuosos y creativos letristas. La canción popular trasciende porque refleja la realidad de sus contextos, la fuerza de los sentimientos y las emociones con las cuales el “pueblo” se identifica.
Hoy basta abrir las plataformas musicales que se encuentran en el internet, ya sea de audio o video y, en menor medida la radio y televisión, para encontrarse con una muy amplia variedad de música mexicana, de los diversos géneros habidos y por haber.
Decíamos que cada época ofrece prolíficos cantautores y uno de ellos, poco reconocido de manera masiva era de Tampico, Tamaulipas. Un músico urbano que se hizo legendario gracias a sus letras, llenas de poesía y crítica social, que reflejan las luchas diarias de los ciudadanos comunes, aquellos que viajan en el metro, que enfrentan la precariedad económica o que buscan un sentido en medio del caos urbano.
Rodrigo Eduardo González Guzmán (Tampico, Tamaulipas. 25 de diciembre de 1950 – CDMX. 19 de septiembre de 1985), mejor conocido como Rockdrigo González, el llamado “Profeta del nopal”, fue la encarnación de una época y una voz que resonaba con las realidades más crudas de la sociedad mexicana.
Seguramente reconocen la popular canción Metro Balderas, que interpreta Alex Lora del Tri. Esa icónica canción fue retomada de la pieza original compuesta por Rockdrigo, esa misma que es una crónica de la vida en la Ciudad de México, una narrativa que habla de amor y desarraigo, de esperanza y desesperación.
Sugiero que se den una vuelta por las plataformas y pongan atención a la versión original Estación del Metro Balderas, una historia narrada con una guitarra acústica, una armónica y la poderosa voz de Rockdrigo: áspera, rasposa, melancólica, reflexiva y llena de matices que transmiten, de manera muy efectiva, las experiencias y emociones.
La canción rupestre narra las vicisitudes de un joven enamorado que busca a su amada en la intrincada red del Metro de CDMX. Desesperado, secuestra el convoy para contar su triste historia al conductor. “Sáquese de aquí, señor operador, / este es un secuestro, yo manejo el convoy. / Mejor haga caso, para usted es mejor. / Así es que hágase a un lado porque ahí le voy”.
Esta icónica rolita es quizá la más conocida de todas las que escribió el cantautor en su brevísima discografía: cuatro discos, tres de ellos producidos después de su trágica muerte en el fatídico sismo de 1985 y de su primer disco Hurbanhistorias, surge esta pieza.
Estación del Metro Balderas, quizá es la más conocida, sin embargo, en el resto de sus composiciones hay muchas otras que reflejan la realidad social, la esencia de la vida urbana y la lucha cotidiana de la época de manera contestataria y al mismo tiempo, poética.
Dos piezas y dos estrofas: No tengo tiempo. “Navego en el mar de las cosas exactas, / voy clavado en momentos de semánticas gastadas. / Cual si fuera una nube / esculpida sobre el cielo / dibujo insatisfecho mis huellas en el invierno. / Ya que yo / no tengo tiempo de cambiar mi vida. / La máquina me ha vuelto una sombra borrosa, / y aunque soy la misma puerta que han negado tus ojos, / sé que aún tengo tiempo para atracar en un puerto”.
Y, una de mis favoritas: Solares baldíos. “Ella estaba sentada en un jardín de sopor, / sentada sobre la nada viendo fantasmas de amor / con los dedos amarillos por los cigarrillos / y excesos de ron. / Cruzan mi mente solares, / solares baldíos de amor. / Ella se mece en su hamaca enredada en el tiempo, / con la mirada ya flaca porque nunca regresó. / Dicen los niños que juegan a ver quién atina / a los vasos de ron. / Cruzan mi mente solares, / solares baldíos de amor”.
Es un cometa la imagen, es un mapa de vapor. / “Voy por cigarros”, le dijo, / se puso el sombrero y jamás regresó. / “Ya no arañes las nubes”, le recetó algún doctor. / Pero ella estruja lugares / que dan a solares baldíos de amor.
En una época donde la música puede ser desechable y superficial, la de Rockdrigo González nos recuerda la importancia de la autenticidad y de su estrecha relación con la vida cotidiana y las realidades sociales. Simple, sencilla, pero con una fuerte carga crítica y poética que hoy, todavía ofrecen la oportunidad para reflexionar sobre la realidad mexicana.







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