De turismo y de historia

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Mario Vallejo Soriano - Soliloquios catárticos

Mario Vallejo Soriano / @VallejoSoriano

Este lunes inician las actividades cotidianas para la mayoría de la gente. El regreso a la “normalidad”. Hablábamos la semana pasada, ese primer lunes de 2024, que es momento de reciclar deseos, pensamientos y propósitos. Uno de ellos, para las personas que tienen posibilidades económicas y para muchas otras que se abren oportunidades, es viajar.

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Dicen que los viajes ilustran, sin duda así es si ese es el motivo, sino la mera experiencia de “estar” en el lugar ya hace la diferencia, aunque sea un poco frívolo visitar “X” lugar solo por el hecho de decir que se visitó y, para ello, ahora se encuentran las selfies “colgadas” en las diferentes redes sociales como pura prueba.

Como en todos los periodos de vacaciones, como el que recién concluyó, las personas que pueden salir a visitar otros lugares se preguntan cuál es la mejor opción, la mayoría piensa que los destinos de playa; sin embargo, hoy en día también es importante considerar si obtenemos un mayor beneficio al conocer playas y disfrutarlas o conocer destinos de carácter cultural que, además, nos ofrecen distracción y conocimientos solo por el hecho de visitarlos.

El Estado de México no es un destino de playa, no es la primera opción; sin embargo, la entidad cuenta con una impresionante cantidad de lugares de carácter cultural dignos de conocerse. Sitios arqueológicos, conventos novohispanos, pueblos originarios con historia y tradición milenaria, tianguis y muchos museos que resguardan el pasado de los mexicanos.

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Uno de ellos y que poco se ha difundido a pesar de ser reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2010, año del Bicentenario del inicio de la lucha de Independencia de México, es el “Camino Real de Tierra Adentro”.

El camino, trazado y construido por los conquistadores españoles en el siglo XVI, era la principal vía de comunicación entre la Ciudad de México y el norte de la entonces Nueva España, contaba con una extensión de más de 2 mil 900 kilómetros y su destino era Nuevo México. Este camino cruzaba la entidad por los municipios de Tepotzotlán, Soyaniquilpan y Aculco con una extensión de 147 kilómetros.

Debemos recordar que en Tepotzotlán se encuentra el imponente Colegio Jesuita de San Francisco Javier, hoy convertido en el Museo Nacional del Virreinato y que justo ahí era lugar de descanso y de recogimiento espiritual, mientras que el pueblo de Aculco también es considerado por la UNESCO como Pueblo Patrimonio Cultural de la Humanidad y que en sus calles todavía se pueden observar imágenes de un pasado colonial.

Era en el entonces pueblo de Aculco donde se ofrecía a los viajeros servicios de hospedaje pero, sobre todo, la seguridad de llegar a su destino sin contratiempos con la ayuda de sus experimentados guías, quienes ya contaban con el conocimiento para transitar por el también conocido “Camino de Santa Fe” o “Camino de la Plata”.

En el municipio de Soyaniquilpan también se encuentra el famoso “Puente de Atongo”, un arco de medio punto de cantera y mampostería, en donde se colocó una placa en la que se indicaba que ese lugar es Patrimonio de la Humanidad, hoy desaparecida; así como un trazo original del Camino Real entre Aculco y San Juan del Río. 

De acuerdo a los estudios realizados, la vía iniciaba en la Plaza de Santo Domingo, de la capital mexicana y se extendía hasta Santa Fe y San Juan Pueblo, actualmente ubicados en el estado de Nuevo México, Estados Unidos, y permitió que numerosas poblaciones se desarrollaran a lo largo de este.

El camino sirvió para trasladar mercancías de muchas y muy diversas utilidades como insumos agropecuarios, alimentos y básicamente, productos minerales como plata y mercurio. Fue de igual forma, camino para realizar campañas militares o misiones de evangelización, llevando con ellas ideas, cultura y costumbres del centro del país a lo largo de toda la ruta.

El “Camino Real de Tierra Adentro”, recorre los actuales estados de Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, Durango, y Chihuahua.

Ya tan solo con esta ruta, uno puede pasar varios días conociendo y realizando el famoso viaje para “pueblear”. Quizá uno pueda ir a la playa para olvidarse de la vida cotidiana, pero también se puede hacer conociendo este tipo de lugares y además del olvido, uno puede aprender, al menos de la experiencia.

Desconozco si existen operadores o gente que se dedique a realizar estos tours para conocer nuestro pasado in situ, si no es así, ojalá que las dependencias de gobierno encargadas de los asuntos culturales y de turismo apoyen estos lugares para difundirlos y conocerlos, además de los beneficios que deja la derrama económica para los lugareños.

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