Ecos del Día Nacional del Libro

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Rodrigo Sánchez - Tianguis de libros

Llega el momento en que, de repente, los estantes se vuelven insuficientes; peor aún, la altura de los entrepaños no siempre permite acomodar de forma ideal o razonable cada libro

Rodrigo Sánchez / @RodrigoSanArce

El domingo 12 de noviembre, Día Nacional del Libro, las publicaciones en redes sociales se concentraron en esta efeméride y en el nacimiento de Sor Juana Inés de la Cruz.

De este último tema, la mayoría de usuarios refirió el año 1648 e incluso recordaron los 375 años del natalicio de la Décima Musa. En mi anterior Tianguis de libros comenté que el erudito Alejandro Soriano Vallés, autor de la biografía Doncella del verbo (FOEM-Jus, 2020), ante la insuficiencia de evidencias de que Sor Juana hubiera nacido en 1648, se decanta por 1651 como año de su natalicio. Alguna publicación refirió este año de 1651, pero en el imaginario colectivo de las redes se ha fijado el de 1648.

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Por otra parte, también en redes circula una infografía, más parecida a un meme, que presenta las torres más altas del mundo: el Burj Khalifa de Dubai, el Merdeka 118 de Kuala Lumpur, la Torre Shangai de China, entre otros; no obstante, la altura de todas ellas es superada por una imaginaria torre de aquellos libros que nos falta por leer.

Es cierto: hay más libros que vida. Por ejemplo, para llevar a cabo una investigación académica, se realiza primero un “Estado del arte” que indica los libros que se han escrito sobre el tema que se está investigando, pero nunca falta alguno que se pierda del radar o que salga a la luz cuando dicha investigación ya está publicada. De esta forma, los tiempos fatales que exige una investigación siempre corren el riesgo de ser rebasados por la velocidad con la que se imprimen libros.

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Por otra parte, siempre hay libros que uno preferiría leer por sobre otros, pero muchas veces, quienes trabajamos en áreas editoriales, debemos pasar nuestro tiempo leyendo textos que llegan a nuestras manos para determinar la viabilidad de que sean impresos, o en revisar una y otra vez aquellos que están en proceso de producción editorial, por lo que debemos dejar los libros preferidos para cuando haya tiempo disponible.

Es por ello que llega un momento, por lo regular después de varios años, en que a los bibliófilos se nos acaba la emoción (y muchas veces el dinero) por comprar libros, al cobrar conciencia de que no tendremos tiempo para leer todos, por más que nunca se acabe el gusto de seguir admirando y apreciando libros en los estantes de las librerías o en las ferias del libro (por ejemplo las del Estado de México, el Palacio de Minería o la de Guadalajara, ésta última, próxima a realizarse, del 25 de noviembre al 3 de diciembre, y en la que participa el Consejo Editorial con el acervo del FOEM).

Encima, a quienes hemos padecido la locura de comprar libros sin ton ni son, poco a poco se nos acaba el espacio para acomodarlos. Llega el momento en que, de repente, los estantes se vuelven insuficientes; peor aún, la altura de los entrepaños no siempre permite acomodar de forma ideal o razonable los libros. De manera que, haciendo eco de palabras de mi hermana, existe la tentación echar un cerillo y acabar con la existencia del papel (es una solución drástica, pero también se pueden donar a bibliotecas, libreros, gestores culturales, etcétera).

Para terminar, sugiero la lectura del poema más conocido de Sor Juana Inés de la Cruz: Primero Sueño (1692), edición del Fondo Editorial Estado de México del año 2019, con introducción, apéndice y notas del propio Alejandro Soriano Vallés, quien ha venido a mejorar y complementar los estudios realizados por Alfonso Méndez Plancarte en la década de 1950 en torno a la obra más importante de la Décima Musa.

Este Primero sueño editado por Soriano Vallés, es desmenuzado verso a verso por el especialista, quien ofrece sendas y eruditas explicaciones sobre cada uno de ellos, realizando un invaluable trabajo de análisis lingüístico, histórico y literario de este poema barroco, análisis tan necesario para comprender, en nuestros días, lo que el Fénix de América quiso expresar en su tiempo y legarlo a la posteridad.

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